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Linda McCartney: Una vida de imágenes

Antes de conocer a Paul, Linda Eastman era una reputada fotógrafa de la escena musical de los sesenta. Un libro muestra la calidez y el humor de su fotografía

SARA BRITO

Para amantes de la riña entre los Beatles y los Rolling Stones, un dato: fueron Mick Jagger y Brian Jones quienes le dieron la primera oportunidad como fotógrafa a la norteamericana Linda Eastman, unos años antes de que ella conociera a Paul y empezaran a llamarla McCartney. Era 1966 y la joven recepcionista y fotógrafa aficionada de la revista Town&Country consiguió colarse en un photocall del grupo que acababa de obtener el cielo con (I can't get no) Satisfaction. En un barco sobre el neoyorquino río Hudson, Linda hizo una sesión fresca y cercana a los Stones que acabó por meterla de lleno en la explosiva escena musical estadounidense del momento.

Antes de conocer a Paul McCartney, había fotografiado a Aretha Franklin, Jimi Hendrix, Bob Dylan, Janis Joplin, Simon&Garfunkel, The Who, The Doors, Charles Azna-vour y un largo etcétera de músicos y artistas de la década de los sesenta. De hecho, había sido la primera mujer en conseguir una portada en la revista Rolling Stone con una foto de Eric Clapton. Cuando en 1968 empezó a fotografiar a los Beatles, arrancó también un romance que acabaría en boda en 1969.

A partir de entonces, continuó fotografiando a los Beatles en gran medida, hasta su desaparición, y cada vez más a su familia (sus cuatro hijos y su esposo Paul), además de su pasión, los caballos, y algunos artistas amigos como Willem de Kooning, Gilbert&George, y músicos como el mismísimo Michael Jackson.

El libro Linda McCartney. A Life in Photographs, recién editado por Taschen en España, muestra la calidad y la calidez de su fotografía y su sorprendente cuerpo de trabajo, que circula principalmente por tres temas básicos: música (psicodélica fundamentalmente), naturaleza y familia.

"Me gusta conseguir un pequeño destello en la mirada, un pequeño toque de humor y surrealismo", decía la propia Linda. Paul McCartney destaca en el prólogo el humor de su mujer, su amor por la música y su papel como pionera en una época en Estados Unidos en que pocas mujeres más que ella misma, Annie Leibovitz y Diane Arbus copaban las portadas.