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Machete en boca "Que levante la mano quien no se haya cagado en Dios y la Virgen alguna vez"

"Para nosotras la palabra es como un arma de defensa personal". Las 'machete' son La Prima, San y La Charli, tres MC's valencianas que proponen un rap combativo y bastardo con ramalazos latinos, dancehall y afrotrap.

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De izquierda a derecha; Falso Ídolo (Dj y productor), San, La Charli y La Prima.- JAIRO VARGAS

A machete van. La Prima, La Charli y San despachan versos a machete desde València, lo hacen a tres bandas, cada una a su flow pero sin pisarse la manguera. Falso Ídolo —Dj y productor— les da pista desde la trastienda y ellas proceden con un capazo de mala leche y una pizca de bullanga levantina. Dancehall, salsa, afrotrap y una buena tunda de rap "del-de-toda-la-vida". La receta machete en boca va pasada de vueltas y sin visos de contención. Ni falta que les hace. 

"Somos un poco brutas, esto es así", concede La Charli. "Me han llegado a decir que cante como una chica —se queja La Prima— y lo cierto es que canto como una chica, pero como una chica enfadada". La San remata: "Para nosotras la palabra es como un arma de defensa personal". Un arma que afilan en cada fraseo echando mano al machete pero sin por ello renunciar al caloret faller. 

"Cuando vienes a Madrid te das cuenta de que aquí el rap es mucho más reflexivo, triste si me apuras, Sevilla ha sido tradicionalmente cuna del rap más hardcore, y supongo que nosotros practicamos un estilo más fresco, más desinhibido", explica Falso Ídolo. Sea como fuere, lo cierto es que València y alrededores, bastión pepero durante décadas, capital del trapicheo y la corrupción, ha devenido de un tiempo a esta parte en un filón de bandas protestonas, un auténtico surtidor de letras contundentes salidas de ese páramo cultural que fomentó la era del pelotazo. 

"O te ríes o los matas", aduce La Charli. "Ojo, es una forma de hablar, no es que estemos deseando la muerte de nadie", matiza La Prima. Sobrevuela aquí —cómo no— los desmanes que en materia de libertad de expresión se han perpetrado recientemente en nuestro país. Una judicialización que La San impugna de pleno —"solo buscan un cabeza de turco para que el resto nos acojonemos, que levante la mano quien no se haya cagado en Dios y la Virgen alguna vez"—  y que La Prima tiene a bien cuestionar: "¿Qué coño se supone que es la poesía?, ¿no se trataba de enaltecer los sentimientos? Pues eso, se entiende que si yo digo te vas a enterar hijo de la gran puta, lo que pretendo no es amenazarte, sino poner en valor que no eres precisamente una buena persona". 

Menos prosaica, La Charli incide en las obligaciones: "A mayor libertad, mayor responsabilidad, en el rap se saca la rabia y cuando escribes enrabietado has de tener un poco de autocontrol, para mí es como un desafío decir lo mismo pero siendo consciente del peso que tienen tus palabras". Entran en escena los juegos florales, el decir sin ser visto, la poesía... Ese juego de máscaras que, bien manejado, puede hacer su discurso más sugerente si cabe, pero que si se les va de las manos puede hacerles caer en el mainstream de la vacuidad...

"Mucho tendría que cambiar el mainstream, olvídate...", desestiman casi al unísono. "No queremos perder la esencia para entrar en ningún sitio", añade tajante su productor. Una esencia hecha a trozos, con aroma a asfalto y también a huerta, una esencia que no se casa con nadie y que rehuye del pancartismo contemporáneo que coquetea con el jingle publicitario. A las machete te las crees porque dicen lo que les peta y luego preguntan. ¿Acaso no iba de eso?

Más natural que la miel/ están en nuestra piel/ las cicatrices se enseñan/ si te ofendo es tu problema. Dicho de otro modo, las machete no son muy de pedir por favor su parte del pastel, máxime cuando les pertenece. ¿Rap feminista? Ni de coña: "Rap hecho por mujeres, quiero pensar que lo que hacemos las mujeres en la industria musical es entrar, ocupar un espacio y hacerlo nuestro, creo que ese es el único camino verdadero. No se trata de seguir el camino de otros, esto sí sería muy paternalista", se queja La Charli.

"Cuando escribimos no nos planteamos hacer canciones que empoderen a la mujer o que hablen de feminismo, sino que nos surgen así y punto", confiesa La Prima. Y quizá sea la clave; no forzar el estribillo, convertir los sinsabores cotidianos en el arma que empodera, sin artificios ni constructos: "Lo que nace de nosotras, lo que opinamos, lo que creemos que tenemos que defender viene de lo que vivimos cada día, de la calle, el feminismo nos nace así y las etiquetas las ponen otros", zanja La San.

Machete en boca.- JAIRO VARGAS