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Maggie Smith, una octogenaria en la resistencia

La veterana actriz británica da una lección magistral en ‘The Lady in the Van’, una historia real de la vida de Alan Bennett, con la que evidencia el grotesco error que comete el cine despreciando a las intérpretes de más de cuarenta años.

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Maggie Smith, talento en estado puro en la tercera edad.

MADRID.- En medio de la ola de protestas y reivindicaciones que iniciaron las actrices de medio mundo hace ya unos años para que no se las discriminara, exigiendo idénticos sueldos que sus compañeros varones y reclamando mayor presencia de guionistas y directoras mujeres que escribieran historias interesantes para ellas (cualquiera fuera su aspecto y su edad), la octogenaria Maggie Smith pone sobre la mesa el argumento perfecto: más años, más experiencia, mejores interpretaciones. Su trabajo en The Lady in the Van es una lección magistral, un soberbio retrato de una vieja arisca, excéntrica e iracunda, con una tragedia escondida en algún rincón de un subconsciente lastimado.
La historia es buena y cuenta, sobre todo, con el atractivo de estar inspirada en la realidad, se trata de un hecho ocurrido en la vida del dramaturgo Alan Bennett. La señorita Shepherd, una especie de estrafalaria vagabunda, aparcó su furgoneta en la puerta de la casa del escritor y se quedó allí quince años. Con guion del propio Bennett y dirección de Nicholas Hytner, que ha firmado filmes sobre otras obras de este autor, como La locura del rey Jorge, la película cuenta en el reparto con Alex Jennings en el papel del dramaturgo, Jim Broadbent y Dominic Cooper.

Hay, además, en la película una, voluntaria o no, descripción de cierta esencia de lo británico, junto a una reflexión interesante sobre la creación y sobre las herramientas que la propia experiencia regala a los artistas. Son, pues, unos cuantos los elementos por los que merece la pena ver esta película, pero de todos, sin duda, es Maggie Smith y su trabajo el único excepcional. A pesar de ello y de la constatación que ello supone, la propia actriz reconocía hace poco en una entrevista concedida en Los Ángeles que a la industria del cine “no le gustan los maduros. No soy la única que pienso así. Meryl Streep dice que no hay papeles para su edad pero ella se los queda todos”.

El respeto británico

La coletilla, aunque simpática y no del todo cierta, era una buena manera de decir que las actrices veteranas que tienen papeles que merecen la pena son, cuando menos, una ‘rareza’. Y una de ellas es la de su gran amiga Judi Dench, a punto de cumplir 82, como ella misma, y trabajando en cuatro proyectos en este 2016, después de haber sido una de las protagonistas de las dos entregas del Hotel Marigold, la todopoderosa M en las películas de 007 o la sensacional Philomena del filme de Stephen Frears.

Ambas británicas como Hellen Mirren, que con setenta años sigue coleccionando papeles protagonistas o secundarios de primera línea. La reina, La deuda, Un viaje de diez metros… y personajes bastante insólitos en películas de espías y de acción (Red 2, Espías desde el cielo…).

El legendario respeto de los ingleses por el arte de la interpretación ha hecho más fácil que sus grandes actrices sigan jugando en primera liga. Ahí están Imelda Staunton, sesenta años, protagonista el año pasado de la inspiradora y contagiosa Pride; la elegante Charlotte Rampling (70), nominada al Oscar en la reciente edición de estos premios por su trabajo en ‘45 años’, o Julie Christie, que con 72 años protagonizó junto a Robert Redford la última película dirigida por éste, Pacto de silencio.

Francia o España

En Francia, Catherine Deneuve, con 73 años, sigue apareciendo en papeles protagonistas cada año; Fanny Ardant, con 67, encabeza el reparto de Chic! y está trabajando en tres nuevos proyectos y, por supuesto, Isabell Huppert, que con 63 años sigue siendo la número uno.

En otros países, como el nuestro, las posibilidades para las actrices de más de cuarenta años son mucho más escasas. Ahora mismo se podrían contar con los dedos de la mano las intérpretes veteranas con personajes protagonistas o con papeles importantes que no son de madres, abuelas o simples herramientas al servicio de algún personaje masculino. Emma Suárez, con solo 51 años, es una excepción en Julieta, la nueva película de Almodóvar. Su suman a la lista las protagonistas de dos películas de mujeres directoras: Juliette Binoche (52 años) en Nadie quiere la noche, de Isabel Coixet, y Belén Rueda que con 51 años encabeza el reparto de La noche que mi madre mató a mi padre, película a punto de estrenarse de Inés París.

Panorama desolador

En EE.UU., donde las reivindicaciones han sido mucho más sonadas últimamente, la situación de las mujeres intérpretes es especialmente desoladora. Un reciente vídeo de la cómica Amy Schumer, Last Fuckable Day, explica la realidad a la perfección. Interpretado junto a Tina Fey, Julia Louis-Dreyfus y Patricia Arquette, el sketch denuncia la forma en que Hollywood abandona a sus actrices de más de 40 años, a las que no encuentra ya atractivo sexual. “¿Te acuerdas de cuando Sally Field era el rollete de Tom Hanks y dos días después estaba interpretando a su madre en Forrest Gump?”.

Pocas han sobrevivido a la ley de Hollywood. Meryl Streep (67 años) es, sin duda, una de ellas y una de las voces que más alto protestan contra esta situación. Diane Keaton, 70 años, también resiste y últimamente ha protagonizado unas cuantas comedias románticas: Así nos va, con Michael Douglas; Ático sin ascensor, con Morgan Freeman, y Navidades ¿bien o en familia?, con Steve Martin.

Otras han encontrado refugio en algunas buenas series de televisión, como Jessica Lange (67), Glenn Close (69) o Jane Fonda (78), mientras la mayoría se resigna a meterse en la piel de madres, abuelas o mujeres a punto de morir. Kathy Bates (67), Sissy Spacek (66), Sigourney Weaver (66) —que podrá aprovechar aún las secuelas de Avatar y Cazafantasmas—, Susan Sarandon (69) —que ahora repite de abuela—, Kim Basinger (62), Mia Farrow (71)…

Mientras, sus compañeros viven en el paraíso de la eterna juventud donde siempre pueden seguir haciendo incluso de galanes. Robert Redford lo hizo poco antes de los ochenta, Richard Gere con 67 años seguramente lo seguirá haciendo todavía algún tiempo más y Harrison Ford (74 años) lo ha hecho hasta hace dos días. La ley de Hollywood.