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De la moral y el código ético propio de las series

‘Cómo defender un asesino’ es una de la últimas series que plantea en la pantalla un código ético propio. ‘Homeland’, ‘Breaking Bad’, ‘Arrow’ y ‘Juego de tronos’ son otras cuyos personajes disfrutan de una moral contracorriente.

Series con su propio código ético.

MARÍA JOSÉ ARIAS

MADRID.- “No entiendo de eso [ética], pero tengo normas”. Quien pronuncia tan lapidaria frase no es otro que uno de los personajes de mayor trascendencia que ha dado la caja tonta en los últimos años, décadas. Efectivamente, de eso, de ética,Tony Soprano no entendía, pero tenía sus propias reglas, las de la mafia. Esas que rigen un mundo de crimen y delincuencia donde la familia está por encima de (casi) todo. La ética se rige por la moral que, a su vez, define las actuaciones desde el punto de vista de si se actúa con bondad o malicia. Una definición un tanto burda basada en lo que dice la RAE al respecto que sirve para aproximarse a la ética propia que manejan algunas series y personajes. La ficción televisiva está plagada de ejemplos y el repaso podría extenderse párrafos y más párrafos. De la misma forma que, al tratarse de un punto de vista tan subjetivo como lo que es ético o no, es probable que muchos no estén de acuerdo con los distintos códigos aquí recogidos. Hannibal, Dexter, The Newsroom, Homeland… La lista sigue y sigue.

¿Es ético defender a un asesino? Ese es uno de los dilemas morales que plantea una de las series más aclamadas de la última temporada, Cómo defender a un asesino. Emitida actualmente por AXN en España, la serie gira entorno al asesinato cometido por un grupo de alumnos a los que las enseñanzas de la criminalista y profesora Annalise Keating (interpretada por una impecable Viola Davis nominada al Globo de Oro) les ayudan a encubrir su crimen. Una de las preguntas que lanza al aire Cómo defender a un asesino por boca de algún personaje al arrancar la serie es si está bien, si es ético, defender a alguien culpable. La ley dice que todo el mundo tiene derecho a la defensa y, cómo explica el personaje de Viola Davis al comienzo de la serie, a ella no le preocupa la inocencia de su cliente. La contratan para hacer su trabajo y lo ético profesionalmente es hacerlo lo mejor posible. Es decir, logrando la absolución de su defendido.

Revisando series recientes con un código ético particular, el máximo exponente que se encuentra es Dexter (Michael C. Hall). Se mire por donde se mire, su protagonista es un asesino, un psicópata con una infancia traumática (así se intentan justificar hasta cierto punto sus tendencias homicidas) al que su padre adoptivo intentar reconducir por el ¿buen? camino. Su filosofía de vida es simple: si vas a matar, que sea a los malos. Ahí reside su propia ética. Soy un asesino, pero soy mejor que el resto porque no mato inocentes, elimino a lo peor de la sociedad. Igual que hace Oliver Queen (Stephen Amell) al convertirse en Arrow. Empieza tachando los nombres de una lista que le dio su padre antes de morir recitándoles antes la muletilla: “Le has fallado a esta ciudad”. Después, el vigilante aspira a ser superhéroe y para eso no puede ser considerado un asesino. Entonces cambia su código. Ahora colabora con la policía (más o menos) y ya no mata a nadie por muy culpable que sea su adversario, aunque sus violentos métodos sigan siendo cuestionables para muchos.

Walter White y Tyrion Lannister

Su yang sería Walter White, que hace el camino inverso. Al comienzo de Breaking Bad este profesor de química de instituto (Bryan Cranston) se involucra en el mundo de la meta por una causa comprensible. Está enfermo de cáncer y quiere asegurar el futuro de su familia por la vía rápida. Empieza a pequeña escala, solo lo justo para cubrir sus planes ahorradores, hasta que la avaricia y el poder lo corrompen y se deja arrastrar por los instintos más bajos sin importarle quien caiga por el camino. Su degradación llega hasta extremos insospechables al comenzar la serie. Ese código ético que le lleva a condenarse para salvar a su familia se convierte al final en la ‘ética del todo por la pasta’. Mientras que su compañero de andanzas, Jesse Pinkman (Aaron Paul) es un delincuente, un adicto que no está dispuesto a pasar ciertos límites y que cuando los pasa acaba pagándolo. Pinkman no puede con los remordimientos de sus acciones, al contrario que su mentor, que no entiende de culpas y arrepentimiento.

Singular es el caso de Tyrion Lannister (Peter Dinklage). En una serie con tanto personaje retorcido, incestuoso, sin escrúpulos, depravado y sórdido, llama la atención que alguien como Tyrion, quien en apariencia tiene la razón de su parte para sentir un odio enfermizo contra todo el que le rodea, en realidad sea uno de los personajes más nobles de Juego de tronos. Repudiado por su propia familia debido a su aspecto, maltratado y relegado siempre a un segundo plano, Tyrion utiliza el sarcasmo como defensa para esconder que en realidad le duele todo ese desprecio. Y aún así, pese a ser uno de los personajes con más puntos para ser retorcido y cruel, es de los más nobles. Él tiene su propia ética y se guía por ella. Sólo hay que ver cómo se comporta con la joven Stark cuando es obligada a casarse con él, como vela por Shae –la única que lo ha querido de verdad– y los consejos que le da al bastardo Jon Nieve.

Hasta las últimas consecuencias

Algunos personajes de la ficción televisiva actual tienen tan arraigado su código ético que son capaces de llevarlo hasta las últimas consecuencias. Para Rust Cohle (Matthew McConaughey en True Detective) su vida es su trabajo y vive obsesionado con acabar una investigación que le ha perseguido durante años. No descansará hasta dar con el culpable y sacrifica su vida por cumplir con el deber. Hasta cierto punto, lo mismo ocurre con Carrie Mathison (Claire Danes en Homeland), que siempre antepone su carrera a su familia. Su trabajo se convierte en su obsesión y no duda en utilizar métodos más que cuestionables para conseguir su objetivo, defender a su país de la amenaza terrorista.

El intervencionismo a espaldas de la opinión pública es otra cuestión a tener en cuenta. Pasa en la exitosa Homeland y en tantas otras series conspiratorias y/o policíacas. En la marveliana Agents of SHIELD una organización bajo el auspicio de la ONU se encarga de poner coto a las amenazas de componentes extraños manteniendo a la población alejada de su conocimiento. Una conspiración que viola un sinfín de leyes sobre el derecho a la intimidad con la ‘excusa’ de predecir actos de violencia y frenarlos antes de que ocurran es el argumento del que parte Person of Interest. Una trama en principio muy de ciencia ficción que cada vez tiene más de realidad. Al menos el debate que abre, ¿hasta que punto hay que sacrificar ciertas libertades en beneficio de la seguridad?

Y la ética periodística

Pero si hay un personaje ético hasta las últimas consecuencias con un código que no es propio sino de toda una profesión, ese es Wil McAvoy (Jeff Daniels en The Newsroom), un Quijote que luchaba contra molinos para dar lecciones de ética periodística en cada capítulo. Capaz de resistirse a la tentación de ofrecer una noticia sin una confirmación oficial pese a que el resto de cadenas llevan minutos dándolo por hecho en antena y dispuesto a pasar su luna de miel entre rejas por no desvelar una fuente. Así es McAvoy y así debería ser el periodismo según el creador de The Newsroom. Ese es el mensaje tan criticado y aplaudido de la serie de Aaron Sorkin, amigo de dar lecciones de ética, como ya lo hizo a los políticos con El ala oeste de la Casa Blanca.

Otros personajes, por el contrario, simplemente carecen de un sentido de lo que es ético o no y ni siquiera tienen normas más allá del beneficio propio. Es el caso del siniestro Hannibal Lecter (Mads Mikkelsen), un personaje primitivo, tremendamente inteligente capaz de manipular a todo el que le rodea para conseguir su objetivo, que no es otro que un buen solomillo de carne humana en su plato. Eso y convertir a Will Graham en un discípulo creado a imagen y semejanza suyas. Como tampoco parecen tener mucha ética Francis y Claire Underwood (Kevin Spacey y Robin Wright), protagonistas de House of Cards. Lo único que les mueve es el poder. Llegar a lo más alto cueste lo que cueste. Incluso si el precio es su integridad moral.