Pipiolas: el grupo de chicas que transforma el amor tóxico y la salud mental en himnos pop bailables
Paula Reyes y Adriana Ubani publican disco y hablan de ansiedad, rupturas, precariedad, arte y Dios.

Madrid--Actualizado a
"Te pareces mucho a una chica de cuarto".
Adriana Ubani (Las Palmas, 1997) acaba de llegar a Madrid para estudiar interpretación en la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD).
"Hay una chica nueva que se parece mucho a ti".
Paula Reyes (Alcorcón, 1995) cursa su último año y, cuando se cruza con Adriana en la cafetería, ambas reparan en los comentarios sobre su parecido razonable.
Tiempo después, ambas actrices terminarán siendo amigas y formando un grupo de pop electrónico bailable, Pipiolas, que el 20 de marzo publica un segundo disco homónimo con Elefant Records, la discográfica donde debutaron hace tres años con No hay un Dios.
Quizás sea más fácil definir su estilo que su origen. Con un pie en la pista, miran hacia algunos grupos de los ochenta, acarician el synth pop, le echan un cable a Mecano o Bananarama, rinden culto al italo disco y al europop, en su debut las emparentaron con Cecilia y La Bien Querida, han colaborado con Ginebras y Rigoberta Bandini, en una de sus nuevas canciones homenajean el Sarà perché ti amo de Ricchi e Poveri... Ahora bien, que el ritmo no opaque el contenido: Pipiolas, pese a su nombre, no tienen nada de novatas, ni de ingenuas, ni de cándidas.
Así, la canción Soy una estrella!!! es una carga de profundidad que apunta a la industria. "Si no te eligen, parece que no vales, aunque tengas talento. Es algo muy loco, porque hay gente sin formación que tiene más trabajo que tú. Siempre dependes de una mirada y de una reafirmación externas que tú no puedes controlar", se queja Adriana Ubani, quien ha trabajado recientemente en la Fuenteovejuna de Rakel Camacho.
En el verano de 2021, Paula empezó a componer canciones, pero no se veía llevándolas a escena ella sola y le propuso montar un grupo. Si Adriana ejerce como cantante y actriz, aquella chica de la RESAD que decían que era tan parecida a ella escribe las letras y les pone música, también da el cante y derrocha sus dotes interpretativas en los videoclips que ella misma dirige. Por si no bastase, acaba de debutar en la literatura con joder y gracias (Aguilar), aunque la pluma le viene de serie: a los catorce años fue finalista del Premio Literario Jordi Sierra i Fabra.
¿Unas renacentistas? "Bueno, los artistas del Renacimiento lo hacían por placer y porque podían permitirse abarcar muchas facetas. En cambio, hoy en día debes ser polifacética por culpa de la precariedad. O sea, tienes que saber hacer un poquito de todo por si acaso", deja claro Adriana. "Y también es una consecuencia de tener mucha hambre de mundo", matiza Paula. "El cuerpo, la voz o la palabra son lenguajes distintos, aunque los usemos para hablar de las mismas cosas".
Por ejemplo, de relaciones tóxicas, de rupturas o de la salud mental.
"Somos más de desamor que de amor", confiesa Paula. "De hecho, en Pipiolas no hay canciones de amor o románticas en el sentido más puro de la expresión", añade Adriana.
- ¿Prefieren dejar o que las dejen?
- Adriana: Es más doloroso dejar.
- "Una ruptura es carísima, porque mientras las supero se me va la vida. Es más cara incluso que el amor romántico", escribe Paula en Rockdelux.
- Paula: Es el eterno debate con Adriana —que representa a la cuidadora— y el punto de desconexión entre nosotras. Quizá desde mi cinismo, yo prefiero dejar a una pareja, aunque ella no quiere cargar con la culpa de hacerlo.
- Detrás del pop bailable de Pipiolas hay chicha.
- A: Sin duda. Paula encarna la parte creativa. Sin embargo, el proyecto es común y yo también me encargo de la coreografía y el movimiento escénico. O sea, le meto el gesto y el cuerpo a la música.
- P: Con las letras de las canciones pretendo transmitir lo mismo que cuando escribo un poema o una novela: es una conversación con el mundo. En mi caso, le meto la música al texto. Entendemos el arte como colectivo y, como ya hago otras muchas cosas en solitario, el grupo me hace pertenecer a algo. Me gusta compartir opiniones, emociones y vivencias con Adriana, así como intentar conectar con la gente. El arte me sirve para estar viva. Ya que estamos aquí, crear es la manera que tengo de asumir el absurdo de la existencia.
- A: El arte es necesario para sobrevivir en un mundo que se va a la mierda. Por suerte y por desgracia, tenemos el privilegio de dedicarnos a esto, con todas las dificultades que supone. Hay que estar muy loco y muy decidido, porque es un mundo muy precario, y no me refiero solo al aspecto económico.
- Durante la escritura de joder y gracias, sufrió el síndrome de la impostora. ¿Le ha pasado también en la música?
- P: Sí. De hecho, Adriana ha sido un salvavidas. El primer álbum nace de una forma muy orgánica y visceral, porque es una proliferación de emociones que resultan en canciones, pero que estaban muy desbocadas. Ahora, con este disco, de repente teníamos que hacer profesión y ver si nos queríamos quedar aquí. Y tomamos esa decisión tras un proceso en el que encontramos nuevos mecanismos de creación y respuestas a los interrogantes que iban surgiendo, porque hasta dudas de ti misma. Por eso decía que Adriana ha sido para mí un pilar: "Claro que puedes. Tómate el tiempo y el espacio que necesitas. Al final saldrá".
- En el disco hay referencias a la ansiedad y a la salud mental… Fui feliz hasta donde se pudo.
- A: No nos planteamos darle foco a la ansiedad o a la salud mental, sino que es algo con lo que convivimos y forma parte de nosotras. Sale de manera natural.
- P: Al diazepam hacemos referencia en NaNaNa, una asunción de que lo que fue ya no es y de que las emociones, como las vidas, van a los cementerios. En cambio, Hasta donde se pudo tiene un trasfondo de resignación. Es la letra más dura del disco, porque se trata de una carta de suicidio a la que le ponemos música.
- Un tema que ya había tocado en su libro.
- P: Sí, todo es muy existencialista.
[Vayamos, pues, a su origen: Adriana Ubani nació en Donostia en 1997, pero en su biografía figura que vio la luz en Las Palmas porque fue allí donde se crio y se siente canariona. Paula Reyes (Alcorcón, 1995) en realidad nació en Fuenlabrada, aunque la han asociado a Getafe. ¿Y eso? "Entonces no había hospital en Fuenlabrada y nací en el de Getafe", deshace el entuerto la letrista de Pipiolas]
- ¿En No tocar espantáis a los moscones? ¿Cómo se puede interpretar la canción?
- A: No se trata de alejarnos de los hombres, sino de las malas personas. La canción habla de cuando alguien se te acerca y sus intenciones no son puras, o sea, honestas y sinceras. La gente engaña mucho para conseguir lo que quiere, sin darse cuenta de que mentirle a una persona para llevársela a la cama también es un tipo de agresión.
- Paula odia las primeras citas "porque son la primera consulta con el psicólogo". Y ya no digamos si alguien le aparece con unas flores, porque es alérgica…
- P: No suelo tener muchas primeras citas, tampoco doy mucho margen a la equivocación. De hecho, ha habido quien se ha informado previamente y me ha regalado flores de plástico. Me parece un gesto bonito.
- Antes se declaraba cínica, lo que terminará empapando sus letras.
- P: El nihilismo es el cinismo actual.
- ¿Es un escudo?
- A: Más que un escudo es un sitio en el que te posicionas para que no todo lo que sucede te afecte de manera directa todo el rato. Es una manera de decidir ver la vida tomando cierta distancia. Dar un pasito atrás a veces ayuda a sobrellevar muchas cosas que pasan en este mundo loco y en el que estamos todos locos. No es tanto una autodefensa como una perspectiva.
- P: Es la renuncia a la fe y la aceptación de que no hay un Dios.
- A: De que Dios no existe, estamos solos y a ver qué hacemos con esto. Da más miedo, pero también es mucho más interesante, porque dependes de ti y no de un señor con barba sentado en una nube.



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