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Gata Cattana 'No vine a ser carne': los últimos versos de la rapera Gata Cattana

La colección Verso & Cuento Aguilar recopila poemas y textos inéditos de la cantante y poeta Ana Isabel García, fallecida en 2017 a los 26 años.

Gata Cattana
Ana Isabel García Llorente, más conocida como Gata Cattana. Silvia de la Rosa

Por si hubiera dudas, Gata Cattana no tenía ninguna intención de ser carne. Así lo advierte en uno de los poemas inéditos que ahora la editorial Aguilar ha tenido a bien reunir, y así lo zanja: "Vine a ser espuma. / Letra sobre pliego". Su voz, cuyo eco todavía reverbera, se forjó a tientas, a caballo entre la oralidad y la mitología, a pie de calle. Justo cuando parecía despegar, cuando imaginábamos gozosos las hechuras de algo grande, de algo tan frágil como amenazante, va y se esfuma. Así fue.

Lo hizo demasiado pronto. Precoz hasta para poner el punto. Ana Isabel García, marchó en 2017 a los 26 años. No dijo adiós. Dejó, eso sí, algunas libretas. Exiguo legado de quien era todo augurios, de quien prometía la vida y los versos, si es que no eran lo mismo, porque Gata Cattana iba con todo. Una "complicación cardiaca" la borró del mapa pero nos queda su viento, ese que esculpió en cada rima, dura con los de arriba, comprometida con los de abajo y su memoria. 

"Estoy sembrando una semilla / que ahora no ves, / se verá mañana, / cuando estemos todos muertos / y solo queden mis hijitos / devorándose a los vuestros, / y solo queden mis escritos / tatuaos por algún cuerpo". Ese mañana ha llegado y la poesía de la Gata pone letra sobre pliego a un alma vieja que emerge de un cuerpo de veinteañera. Implacable y rotunda, pero capaz de la mayor de las ternuras. Así era ella. "Llevo la simiente, estoy preñá de un mundo nuevo (...) ¡Dame tiempo!, que estoy construyendo / el testamento en vida. / Bastante tengo ya con esta tentación suicida".

'No vine a ser carne', de Gata Cattana. AGUILAR

Por No vine a ser carne desfila la Gata feminista, la reivindicativa, y la filósofa, la amante de la mitología y la poeta más pura. La Gata que escribe a sus orígenes humildes y a la lucha obrera. "Yo no camelo perfumes de Nina Ricci / soy más de libros de la Silvia Federici", cantaba. La Gata que va tallando sus pensamientos a golpe de festival de Slam Poetry, de maquetas y conciertos. No vine a ser carne es pura combustión creativa, poemas que fueron canciones y borradores que no llegaron a serlo, que quedaron en silencio. Un ejercicio de búsqueda pergeñado durante años que apunta ya los mimbres de una joven poeta. "Soy procaz, no soy sincera, / y el día que yo me muera / se muere lo que más quiero, / que no hay amor verdadero / para aquel que no se espera, / y como yo no te espero / soledad es mi compañera". 

El rechazo al amor romántico y su compromiso con el feminismo no faltan a su cita, como tampoco lo hace la crítica social y su vis antisistema. La Gata es puro barrio, incisiva y memoriosa, siempre al quite, por ella y por sus compañeros: "Mami, que voy pa la mani, que a lo mejor ya no vuelvo / porque ahora soy terrorista / si estoy sentaíta gritando en el suelo (...) Mami que nadie recuerda / la guerra de mis abuelos, / y obreros que se levantan / los llevan al matadero". 

"Me voy como lo que vine"

Ana Isabel se llevó a la Gata el 2 de marzo de 2017. Un año antes había publicado la primera edición de su único poemario, La escala de Mohs, a partir de la cual se editó una nueva versión ampliada con dos poemas inéditos, dos ilustraciones inéditas y letra manuscrita. En paralelo, la Gata se subió a las tablas aquí y allá, publicó su primer trabajo musical, Los siete contra Tebas, en 2013. Después llegaron Anclas, una recopilación de inéditos y, póstumamente, Banzai.

Nos queda su obra y la sonrisa tímida que esgrimía poco antes de rimar sus puñales como versos. Algunos quedan aquí reunidos, en esta póstuma antología que el destino quiso demasiado breve. Llena de hallazgos y también de alguna triste premonición. Como en Me despido, último poema seleccionado en el que Gata Cattana escribe: "Me voy como lo que vine / como la antítesis de lo ario, de lo puro" (...) Quedará un yo, ese yo que solo aparecerá / con un olor, con una risa, una nota, / un litro, una persona, un ruido, un silencio, / y, lo más importante, un pensamiento".