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Pasolini: "Todos estamos en peligro"

Abel Ferrara reconstruye en 'Pasolini' el último día en la vida del artista y funde lo que realmente ocurrió con la ilusión surgida de los proyectos en los que trabajaba entonces. Willem Dafoe, que tiene un extraño parecido con el creador de Bolonia, es el protagonista.

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Un fotograma de la película 'Pasolini', de Abel Ferrara.

MADRID.- "No os hagáis ilusiones. Y vosotros, con la escuela, la televisión, lo pacato de vuestros periódicos, vosotros sois los grandes conservadores de este orden horrendo basado en la idea de poseer y en la idea de destruir", sentenció Pier Paolo Pasolini en la última entrevista que concedió en su vida, una conversación con Furio Colombo, al que dio incluso el título del texto: "Todos estamos en peligro".

Unas horas después su cadáver apareció en la playa de Ostia, a unos kilómetros de Roma, ensangrentado, con numerosas heridas y fracturas y con las huellas de los neumáticos de su propio coche –un precioso Alfa Romeo- que le había pasado por encima. Ese último día es el tiempo que se abarca en Pasolini, la nueva película de otro iconoclasta inconformista, el neoyorquino Abel Ferrara, admirador confeso del italiano.

Heterodoxo, artista completo, provocador, venerado e injuriado al mismo tiempo, objeto de una polémica perpetua, rodeado siempre de feroces enemigos, Pier Paolo Pasolini fue asesinado con 53 años el 2 de noviembre de 1975. Su crimen nunca se ha aclarado. Y Ferrara no pretende indagar en ello. Con la entregada participación de Willem Dafoe -que tiene un parecido extraño con Pasolini- y con la plena implicación del guionista Maurizio Braucci, el cineasta del Bronx busca otra cosa en su película. En ella reconstruye aquella última jornada y superpone lo que realmente ocurrió -y se sabe- con la ilusión surgida de los proyectos en los que trabajaba en aquel momento el artista.

"Añoro la revolución de la gente oprimida"

Las imágenes de la controvertida Saló o los 120 días de Sodoma abren la película, un filme en el que Abel Ferrara juega a ‘imaginar las imaginaciones’ de Pasolini, que entonces avanzaba con su novela Petróleo, para la que investigaba las guerras en el sector petroquímico italiano y su implicación en la política, y en el guion de PTK (Porno-Teo-Kolossal). Además, el director utiliza dos cartas escritas por el artista: a Moravia y a Eduardo Di Filippo. Y, por último, aprovecha las dos entrevistas que concedió ese día, sobre todo la mencionada anteriormente al periodista de La Stampa. Un encuentro en el que Pasolini insistió en muchas de las ideas que siempre había mantenido.

“Tengo nostalgia de la gente pobre y verdadera que peleaba para derribar a aquel patrón sin convertirse en aquel patrón. Como estaban excluidos de todo, nadie los había colonizado (…) Se entiende que añoro la revolución pura y directa de la gente oprimida que tiene el único objetivo de hacerse libre y dueña de sí misma. Se entiende que me imagino que pueda todavía llegar un momento así en la historia italiana y en la del mundo”, decía en aquella charla.

Sensación de inminente tragedia

Abel Ferrara y el coguionista Maurizio Braucci investigaron mucho antes de comenzar el rodaje de la película

La película Pasolini muestra los ratos que pasó ese día con su madre, el encuentro con su amiga la actriz Laura Betti (interpretada por María de Medeiros), la cena con su ex amante, el hombre que al casarse provocó una gran depresión en el artista de Bolonia, la entrevista mencionada… y, sin poner el acento en nada especialmente oscuro, la historia sigue rodando animada por una sensación de inminente tragedia.

Abel Ferrara y el coguionista Maurizio Braucci investigaron mucho antes de comenzar el rodaje de la película. Reunieron información, recuerdos, historias y opiniones de amigos y familiares. Muy provechosos fueron los encuentros con los primos de Pasolini, Grazielle Chiarcossi y Nico Naldini, y con su querido amigo Ninetto Davoli, que interpreta un personaje en el filme. También interrogaron a personas relacionadas con su brutal asesinato, entre otros hablaron con Pino Pelosi, el chico que se confesó autor del crimen y que treinta años después negó haber sido el responsable.

El abogado Guido Calvi, los jueces de sus numerosos juicios y de las distintas investigaciones, así como algunos especialistas en su obra y en su vida fueron otros de los elementos que sirvieron a la investigación de la película.

Objetos personales del artista, algunas de sus ropas, escenarios auténticos en los que ocurrieron los hechos… ayudan a Ferrara a marcar el contraste entre el mundo real y el imaginario de Pier Paolo Pasolini, del que, sin embargo, no es necesario saber nada para poder entrar en la película.

"Todas aquellas mentiras en torno a su asesinato"

Finalmente, Pasolini es también la historia terrible de un final sangriento, del último día de un artista. Un hombre que vivía en Roma en un momento en que la violencia se había disparado peligrosamente, dato que Ferrara apunta en el filme y que preocupaba al propio Pasolini. "Su muerte, en 1975, supuso un momento muy indignante, con todas aquellas putas mentiras en torno a su asesinato –dice el cineasta americano-. Cuando reflexionamos sobre los motivos que nos llevaron a rodar la película, nos dimos cuenta de que decidimos hacerla desde el mismo momento en que supimos que había muerto".

Dafoe: "Mi actuación no consistió en una imitación o una interpretación de quién fue, sino más bien una grabación de mí habitando los pensamientos y las acciones de un hombre que resultaba ser Pier Paolo Pasolini"

"Nos imaginamos su estado mental durante el último día de vida. Así que mi actuación no consistió en una imitación o una interpretación de quién fue, sino más bien una grabación de mí habitando los pensamientos y las acciones de un hombre que resultaba ser Pier Paolo Pasolini", añade el actor Willem Dafoe, que en unos textos elaborados para el dossier del filme afirma: "Él se sentía inspirado por su trabajo, vivía su vida con coraje y fue un pensador visionario".

“Pasolini vislumbró una evolución antropológica de la cultura italiana que aún sigue vigente. Aunque muchas de sus observaciones fueron específicas para Italia, son aplicables actualmente a todos nosotros –concluye-. El mortificador conformismo, la homogenización, la impotencia de las personas ilusionadas con la falsa libertad del progreso –los culpables de la televisión, el consumismo, la falsa tolerancia, la corrupción– a los que se une ahora la globalización, internet y la cultura multinacional corporativa. Él luchó con su arte y su vida para preservar lo que es humano y hermoso, y esa lucha todavía pervive”.