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La revuelta obrera que hizo arder el Parlamento murciano

El incendio de la Asamblea Regional de Murcia en 1992 fue el contrapunto salvaje a esa España moderna que se mostraba al mundo. El realizador Luis López Carrasco disecciona en 'El año del descubrimiento' aquellos años de reconversión industrial y desempleo.

Parlamento murciano
El Parlamento murciano en llamas.

La imagen del Parlamento murciano ardiendo aquel 3 de febrero de 1992 tras el lanzamiento de varios cócteles molotov contrasta, y de qué manera, con los fastos de esa otra España que se mostraba al mundo –juegos olímpicos y exposiciones universales mediante– confiada y moderna. Una euforia generalizada que encontraba su contrapunto más poético en las cortinas llameantes de la Asamblea Regional de Murcia. 

Aquella pira improvisada conforma un episodio de nuestra historia reciente cuyo amplio desconocimiento evidencia hasta qué punto la opinión pública de la época compró la inocente jovialidad de Cobi y Curro, en lugar de mirar de frente a otra realidad, menos juguetona, que hablaba de crisis industrial, desempleo y olvido.

Horas más tarde había medio centenar de heridos, seis coches policía quemados y uno del Ejército

Tras meses de máxima tensión por los cierres de empresas del sector naval, minero y químico, la ciudad de Cartagena fue testigo de una revuelta sin precedentes protagonizada por los astilleros de Bazán (actual Navantia). El origen –y esto empieza a ser tradición– lo encontramos en el exceso de celo con el que la Policía tuvo a bien dispersar una manifestación que se había congregado aquella misma mañana frente a un edificio que, horas más tarde, ardería en llamas.

Tras el correctivo policial, los trabajadores se replegaron y regresaron a los astilleros a pedir "refuerzos". Unos 2.000 trabajadores, según cifras de los sindicatos, se concentraron de nuevo frente a la asamblea, donde se recrudecieron los incidentes. Horas más tarde había medio centenar de heridos, conducciones de agua rotas que inundaban la calle, restos de contenedores calcinados, señales de tráfico y semáforos arrancados, seis coches de la Policía quemados e incluso uno del Ejército.

"Las protestas se presentaban en aquella época como brotes aislados de violencia, eran como un telón de fondo de protesta que en ningún momento podía entorpecer el discurso mayoritario que era esa España próspera y moderna", apunta el realizador Luis López Carrasco (Murcia, 1981) autor de El año del descubrimiento, un film que trata de desentrañar los mitos sobre los que descansa la idea de España poniendo el foco en los de abajo y partiendo de aquella epifanía cartagenera.

'El año del descubrimiento'

Lo hace a través de la mirada y la palabra de 40 testimonios reales procedentes de los barrios periféricos de Cartagena y La Unión. Hombres y mujeres que van desmenuzando su sentir en una churrería de barrio reconvertida en improvisada ágora, todo ello aderezado con un tratamiento visual que se asemeja al de las grabaciones domésticas de los 90.

"Las conversaciones de los presentes se van ramificando y al final la peli se convierte una memoria social de la clase trabajadora desde casi finales de la Guerra Civil hasta la actualidad", explica Carrasco. Una clase trabajadora que, tal y como apunta el director, ha visto como su lucha se ha ido atomizando, de tal forma que ha dejado de concebirse de un modo generalizado. 

"Muchos de estos trabajadores se encuentran desasistidos, con dificultades para entender su presente y con una sensación de abandono importante, incluso hemos sido testigos durante el rodaje, allá por el 2018, de ciertos discursos de ultraderecha que estaban a la vuelta de la esquina". Con todo, no esperen en esta cinta un discurso derrotista, este trabajo se puede ver también –apunta el realizador– como "una radiografía del potencial asociativo de la sociedad en un momento determinado". 

De aquel ímpetu y aquella ira callejera al emosido engañado en apenas un cuarto de siglo. Breve trayecto hacia la asunción de un fraude que Carrasco prefiere matizar: "Creo sigue viva la sensación de crispación por la pérdida bienestar y por la imposibilidad de construir un porvenir tanto individual como colectivo, la pena es que el partido que está capitalizando ese malestar es Vox". 

'El año del descubrimiento'