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Revuelta vital

GONZALO DE PEDRO

Fantástico Sr. Fox

Director: Wes Anderson

Intérpretes: George Clooney (Sr. Fox), Meryl Streep (Sra. Fox), Jason Schwartzman (Ash), Bill Murray (Badger), Wally Wolodarsky (Kylie), Michael Gambon (Franklin Bean), Willem Dafoe (Rat), Owen Wilson (Skip)

Clasificación: Todos los públicos

Género: Animación

Sinopsis: El Sr. Fox es un audaz zorro que vive felizmente en una comunidad bajo tierra junto a su mujer, su hijo y un sobrino al que tiene acogido. Ha logrado reprimir su instinto salvaje durante más de diez años, pero un día vuelve a su vieja costumbre de robar gallinas. Los granjeros afectados, los malvados Boggis, Bunce y Bean, deciden dar caza al zorro, lo que pondrá en peligro al resto de animales que conviven con él. Sin embargo, el fantástico Sr. Fox y sus amigos tienen un plan para salir airosos.

El regreso a la infancia, la vuelta al útero materno, tan confortable. Y el terrible descubrimiento de que aquel espacio acogedor, al que es imposible volver, ni tan siquiera es tan cariñoso como lo recordábamos. El cine de Wes Anderson está plagado de personajes melancólicos, siempre en busca del espacio en el que fueron felices, siempre queriendo regresar a casa. Por eso resulta llamativa la manera en que los personajes de este filme miran hacia delante, buscando la utopía en los días venideros. Aun cuando ese espacio de libertad sólo sea posible en las cloacas del mundo humano. Esta película, la más luminosa de su carrera, podría a ser una reivindicación, casi revolucionaria, de una vida salvaje, que no inocente, además de una reflexión atípica sobre las esclavitudes de la vida adulta, con sus peajes y sus renuncias. Si el libro de Roald Dahl en el que se basa narraba la fundación de algo así como una cultura ‘underground’, la versión de Anderson acaba con un puño en alto, un canto a una vida auténtica y liberada.

En la época del regreso a lo real, películas como esta apuntan otra tendencia del cine contemporáneo: la de los cineastas que encuentran insuficientes las imágenes del mundo para explicar su desamparo. Alicia, de Burton, o Avatar, de Cameron, que también tiene algo de vuelta a un territorio primigenio y puro, recurren a las imágenes de síntesis o los paraísos artificiales para hacer patente su desconcierto ante el mundo y el cine. Que Anderson firme su mejor película sustituyendo los actores por marionetas animadas en stop-motion no debería extrañar a nadie: su cine siempre ha sido el de la viñetas pop y aquí alcanza su máximo esplendor.