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Setenta años más de silencio

J. D. Salinger dejó dicho que los relatos que escribió en los años cuarenta no se publiquen hasta que venzan sus derechos

SARA BRITO


En 1944, desde la línea del frente de la Segunda Guerra Mundial, J. D. Salinger escribió The Magic Foxhole (La trinchera mágica). En este relato, el más frontalmente antibélico de su carrera, Salinger describe el desembarco de Normandía (allí estuvo él) y cuenta la historia de un soldado, Gardner, que en la batalla recibe la visita alucinada de un fantasma armado de un extraño casco futurista. El espectro resulta ser una visita del futuro: el hijo del mismo Gardner luchando en la Tercera Guerra Mundial.

Este relato, junto a otros que escribió durante sus años en la contienda y que permanecen inéditos, no verán la luz hasta el 28 de enero de 2080, cuando venzan sus derechos de autor, 70 años después de la muerte del escritor más esquivo de la literatura norteamericana. Sólo la J. D. Salinger Literary Trust (que vela por su obra) podría evitar este último silencio del autor que en 1965 decidió no volver a mostrar ni una sola más de sus letras.

Entre sus inéditos están dos narrados por el hermano de Holden Caulfield

"Hay una paz maravillosa en el hecho de no publicar. Editar es una terrible invasión de mi privacidad", dejó dicho en una entrevista concedida a The New York Times en 1974, en la que dejaba claro que sus primeros relatos no deberían ver jamás la luz.

"Los escribí hace mucho y nunca he tenido ninguna intención de publicarlos. Me gustaría que tuvieran una muerte perfectamente natural", dijo entonces.

Entre estos escritos, algunos de los cuales permanecen custodiados en la Universidad de Princeton junto al mencionado The Magic Foxhole y cuya lectura sólo está permitida a investigadores, están dos de los cuentos más codiciados de su etapa anterior a El guardián entre el centeno (1951). The Last and Best of the Peter Pans (1942) y Ocean Full of Bowling Balls (1945) prefiguran el universo de la familia de Holden Caulfield, el protagonista adolescente de su célebre novela.

Ambos cuentos están narrados por el hermano mayor de los Caulfield, Vincent (D. B.), y sirven para conocer el proceso creativo de un escritor que persiguió a sus personajes a lo largo de sus cuentos y sus escuetas novelas. De hecho, en Ocean Full of Bowling Ball hay destellos de la otra saga que desarrollará con los años: la de esa familia de inadaptados y brillantes individuos que llamó Glass.

"Hay una paz maravillosa en el hecho de no publicar. Editar es una terrible invasión de mi privacidad"

"Trabajo con personajes y, a medida que se desarrollan, yo sólo los sigo", le dijo,en 1986 a un juez en medio de uno de los litigios que durante su vida mantuvo para evitar la publicación de su obra. Así, Holden Caulfield está desde el relato A Slight Rebellion Off Madison, publicado en The New Yorker en 1946, mientras que la familia Glass aparece por primera vez en 1953 en el lacónico relato Un día perfecto para el pez plátano, y su dolor continúa a través de Franny y Zooey (1961) y los dos últimos libros publicados, Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción.

Pero más allá de los primeros cuentos del escritor cuya existencia está certificada, los rumores de un tesoro oculto que permanece en la casa de Cornish (New Hampshire), a la que el escritor se retiró abrumado por el éxito de El guardián entre el centeno, han ido convirtiéndose en leyenda.

"Me gusta escribir, pero escribo para mí mismo"

Salinger podría tener en una caja fuerte o una habitación blindada, según las versiones, entre diez y quince novelas, según han dicho sus amigos, y, entre otros, un tal Jerry Burt, vecino oportunista que difundió el rumor a los cuatro vientos. Su amante, Joyce Maynard, contó que el escritor guardaba por lo menos dos novelas inéditas.

Salinger seguía en silencio, mientras los relatos continuaban hinchando el mito. Su hija, Margaret Salinger, escribió en la autobiografía El guardián de los sueños (2000) que el escritor mantenía un sistema de clasificación de sus archivos indicando que se debía editar a su muerte.

Desde su fallecimiento hace dos días, las expectativas sobre una temprana publicación de su obra se han disparado pero ni su agente, Phyllis Westberg, ni su familia sueltan prenda.

Eso sí, Salinger nunca dejó de escribir. "Me gusta escribir, lo amo, pero escribo sólo para mí mismo y por mi propio placer", dijo por última vez en 1974. Quizás estén en esa caja fuerte los Glass separándose silenciosamente del mundo o quizás entre esos manuscritos reaparezca Holden Caulfield para vigilar a los niños que juegan entre el centeno. En 70 años, otros lo leerán.