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Tabakalera Vivian Maier, el secreto de la criada

Bajo el epígrafe de 'Una fotógrafa revelada', la sala Kutxa Kultur de Tabakalera acoge 135 fotografías, 30 de ellas nunca expuestas hasta la fecha, de esta misteriosa niñera estadounidense cuya obra se mantuvo oculta durante décadas.

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Autorretrato de Vivian Maier.

El relato no puede ser más contemporáneo. La historia de Vivian Maier responde con precisión a esa fijación por el descubrimiento tan de nuestros días. Con su misterio y su vindicación post mortem, el hallazgo de una obra ausente durante décadas es –más allá de su innegable valía– un reclamo en sí mismo. Es así como una niñera neoyorquina aficionada a la fotografía pasa a convertirse en una de las miradas de referencia en la crónica callejera.

La historia comienza en 2007 cuando el joven coleccionista John Maloof compra en una subasta y por unos 300 dólares un lote en el que, entre otros materiales, se incluían 120.000 negativos sin revelar de una tal Vivian Maier. El hallazgo, catalogado más tarde –no sin cierta pompa– como “uno de los más fascinantes” de la fotografía, arrojaba un corpus urbano plagado de rostros y escenas de una marginalidad vista sin paternalismos.

El descubrimiento acabó con su invisibilidad. La vulneración de ese anonimato nos reporta una obra que brilla con luz propia. Un desfile de desheredados que la joven niñera fue testimoniando primero con una Rolleiflex y más tarde con una Leica. De aquella obsesión por el instante perdido, fue tejiendo un álbum íntimo que ahora, pasado el tiempo, aterriza en la Tabakalera de San Sebastián con 135 de aquellas fotografías, 30 de ellas nunca expuestas hasta la fecha.

Bajo el epígrafe de Una fotógrafa revelada, y comisariada por Anne Morin, la muestra evidencia esa estrecha relación que Maier mantuvo con la fotografía. Una mujer que, tal y como subrayaba Morin durante la presentación, se consideraba “ignorada por todos y por la sociedad”, una flâneuse que deambulaba cámara en ristre por entre gigantes de hormigón a la caza del gesto.

Trabajó en Nueva York y Chicago como cuidadora y niñera para familias de clase media-alta, en sus caminatas por la urbe centraba su atención en lo infraordinario, un interés por lo desapercibido en esa vorágine de la gran ciudad que, de algún modo, reflejaba también un modo de sentir y de mirar desde los márgenes. Sola, sin amigos ni amantes, sin raíces, Maier vivió para rescatar algunas de esas migajas a ese vacío que es el paso del tiempo, lo hizo a través de su fotografía pero también de filmaciones caseras y grabaciones sonoras.

En busca de una identidad

La exposición de Tabakalera, que incluye también parte del trabajo en color de la fotógrafa y varias de las pequeñas películas en super ocho que rodó a partir de 1960, gira en torno a seis campos temáticos recurrentes en Maier. Personas de barrios pobres, niños, trabajadores o la mirada de pocos amigos de señoras de clases sociales elevadas que eran captadas por la cámara de Maier constituyen una muestra de su habilidad con el retrato, "una forma que constituyó el pilar sobre el que buscó su identidad", señalaba la comisaria Morin. La muestra da cuenta también de sus numerosos autorretratos, escenas de las calles de Nueva York y Chicago en las que recogía pequeños actos cotidianos o rostros conocidos como el de Frank Sinatra, al que captó a la salir de un cine.

'Una fotógrafa revelada'.- VIVIAN MAIER (TABAKALERA)

'Una fotógrafa revelada'.- VIVIAN MAIER (TABAKALERA)

'Una fotógrafa revelada'.- VIVIAN MAIER (TABAKALERA)

'Una fotógrafa revelada'.- VIVIAN MAIER (TABAKALERA)