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Tenet 'Tenet', desesperación o furia

El británico Christopher Nolan estrena 'Tenet', en un gesto de coherencia y de amor por el cine visto en el cine. Espías, acción real, peleas y robos de guante blanco en una historia de viajes en el tiempo y variaciones de la magnitud de la entropía que entretiene y llega a fascinar.

Elizabeth Debicki y Kenneth Brangh, en un momento de la película Tener. / Warner
Elizabeth Debicki y Kenneth Brangh, en un momento de la película Tener. / Warner

"Este mundo en el que vivimos es crepuscular y no tenemos amigos en el ocaso". Es la clave argumental y la contraseña en la ficción que utiliza el protagonista, único nombre del personaje principal de Tenet, la nueva y esperada película de Christopher Nolan, una trepidante aventura de espías que intentan salvar al mundo de una catástrofe mucho peor que el holocausto nuclear.

Ese horror definitivo al que se refiere la película es la destrucción completa de la humanidad y lo que lo convierte en final absoluto es la aniquilación de todo nuestro pasado. Ello gracias a unas armas 'invertidas' que proceden del futuro y que están en manos de un malvado que, finalmente, tiene una razón extrema (para algunos, incluso, comprensible) para intentar provocar la hecatombe.

Explosiones reales

Conspiraciones, acción, peleas a puñetazos y con ralladores de cocina, explosiones auténticas –en la película se hace estallar un Boeing 747 real-, persecuciones de coches, batallas entre grupos armados, robos de guante blanco, atentados en un teatro a rebosar... rodadas con la elegancia que acompaña el cine de Nolan, envuelven la historia del Protagonista y de su compañero Neil, un físico experimentado y entrenado para la acción.

John David Washington y Robert Pattinson interpretan a esta pareja, a la que se une Kat, la actriz Elizabeth Debicki, esposa maltratada del malvado Andrei Sator, en manos de un estupendo Kenneth Branagh que domina el inglés con acento ruso. Y a los que se une Michael Caine, comiendo una patata frita con la mano, en una secuencia que podría aparecer en cualquier clásico de espías.

Seguidor de la Tichología

Los personajes viajan por Estonia, Italia, India, Dinamarca, Noruega, Inglaterra, EE.UU., pero sobre todo se mueven en el tiempo hacia el pasado. Y ahí entra la maquinaria de relojería que ha elaborado Nolan para la película y en la que aprovecha la magnitud física de la entropía y la larga tradición literaria de los viajes en el tiempo y su famosa 'paradoja del abuelo'. El cineasta debe ser un lector apasionado y buen conocedor de la obra del gran Stanislaw Lem y leal seguidor de la Tichología.

Ésta es una ciencia en la que a menudo se apoyaba el profesor Tarantoga, Catedrático de Astrozoología Comparada por la Universidad de Fomalhaut, y que trataba sobre la vida de Ijon Tichy, viajero en el espacio y en el tiempo y el personaje más conocido de los relatos del autor polaco. Las peripecias espaciotemporales de Tichy, sus reflexiones filosóficas y sus peleas consigo mismo están muy bien 'aprovechadas' en esta película, en la que el cineasta británico acude también a René Barjavel y a su paradoja de los viajes en el tiempo que aparece en 'El viajero imprudente'.

Si una persona viaja en el tiempo y asesina a su abuelo antes de que este conozca a su abuela, el viajero no será concebido y, por tanto, no puede viajar en el tiempo. Si no puede viajar al pasado, no puede asesinar a su abuelo en ese momento concreto y, por tanto, será concebido y entonces el viajero podrá viajar en el tiempo. Y así eternamente.

Maltrato machista

El destino marcado o no es solo una de las reflexiones que propone Nolan, quien hace apuntes muy actuales en esta película. No es casualidad que un dibujo de Goya falsificado esté vinculado al tráfico internacional de armas –una realidad, la del comercio ilegal de arte para comprar armas, como la copa de un pino-, así como no es nada desatinado que el poderoso Andrei Sator someta a un terrorífico maltrato a su mujer.

Pero, seguramente, de todas las ideas que el cineasta propone en la película las dos más interesantes estén en manos, precisamente, de este personaje. La innegable responsabilidad del ser humano en la destrucción del planeta es una de ellas, la otra es la condición que conduce al hombre hacia la violencia y la devastación. "La furia degenera en desesperación", dice Sator a su mujer, y así la explica por qué no es capaz de dispararle. Desgraciadamente, a veces la furia no se corrompe por el pesimismo y actúa en su forma más pura.

La coherencia de Nolan

Tal vez para algunos espectadores sean demasiado viajes en el tiempo y cambios entrópicos, además de unas cuantas cavilaciones filosóficas. Aunque Nolan se ha esmerado y no es complicado seguir su juego en esta historia, previendo posibles despistes del público, el cineasta va ofreciendo pistas a lo largo de la película y, para los más distraídos, deja caer un consejo de boca de uno de los personajes: "No intentes entenderlo, siéntelo".

Sea como sea que el espectador reciba esta película, Tenet es una entretenidísima historia de espías y acción - quizá la excesiva atención de su creador a la trama trabaje en contra de la profundidad de los personajes-, que, además, cuenta con un añadido especial que trabaja muy muy a su favor.

Recibida con enorme agradecimiento y una alta dosis de esperanza por los exhibidores de cine de todo el mundo, Tenet se ha convertido en la producción que puede salvar las salas comerciales de su agonía. El cineasta británico, en un gesto de genuina coherencia –es un defensor sin matices del cine visto en el cine-, ha decidido estrenar su película en las salas en medio de la pandemia, despreciando la posibilidad de las plataformas digitales. Su película llega como aire puro a un submarino en el fondo del océano a punto de quedarse sin reservas para respirar.