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"La transgresión es esencial para existir"

Gioconda Belli gana el Biblioteca Breve con un desafío al mito del pecado original

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Gioconda Belli (Managua, 1948) siempre anda con las garras afiladas y sin temor ante lo que digan los poderes fácticos. En los años setenta participó en el movimiento sandinista revolucionario que acabaría derrocando al dictador nicaragüense Anastasio Somoza. En los ochenta y noventa lanzaría su carrera como poeta y novelista reivindicando el papel de la mujer, y sobre todo, exaltando al cuerpo. Paradigma de ello son la novela La mujer habitada (1988) y el poemario El ojo de la mujer (1991).

Y ahora, en pleno 2008, aunque afirma estar más relajada, tampoco baja la guardia. El mejor ejemplo es su más reciente novela, premiada con el Biblioteca Breve de Seix Barral, El infinito en la palma de la mano, donde abofetea el mito del pecado original creado por la Iglesia, además de tener un dedicatoria para las víctimas de la guerra de Irak.

'Es que es una guerra absurda y muy triste sobre todo porque sus víctimas han sido utilizadas de tal manera que ni siquiera se ven. Los medios de EEUU la han convertido en una guerra aséptica. Y, luego, está la paradoja de que, según los escritos bíblicos, el paraíso estaba entre el Tigris y el Eúfrates, el mismo sitio donde ahora hay una guerra', explica Belli.

La estela de Eva

En la novela, la escritora utiliza las palabras para recrear de nuevo a los personajes de Eva y Adán. Precisamente, esa primera mujer forma parte de su propia biografía, puesto que el pseudónimo que utilizó para firmar los artículos que escribió en los setenta era Eva Salvatierra. Asimismo, en 1986 publicó un poemario titulado De la costilla de Eva.

Ahora bien, en esta ocasión la intención ha sido más beligerante, ya que, según afirma, 'he pretendido desafiar el mito desde el propio mito. La interpretación de la Iglesia siempre ha sido muy castigadora con la mujer poniéndola como causante de todos los males y no
es así'.

¿Cómo es entonces? ¿Quién es Eva para Gioconda Belli? No lo duda: una transgresora, lo que enraíza también con su persona. 'Eva transgrede porque siente el deseo de saber, de aumentar su conocimiento. La Biblia siempre vio la transgresión como algo negativo; sin embargo, yo creo que la transgresión es esencial para la existencia de la especie', sostiene con rotundidad porque ella sabe de qué está hablando, al igual que reconoce el precio que hay que pagar.

En este sentido, del mito al presente más actual hay un paso. Ahí está el tema de la muerte de las mujeres a manos de la violencia machista. 'Muchos de los casos se deben a que el hombre no acepta el rol de la mujer, mucho más participativo en la sociedad', entiende Belli. Así, ellas transgreden y son deshauciadas. Como la propia Eva.

Una exaltación de la carnalidad

El infinito en la palma de la mano es una novela que rezuma el estilo poético de Gioconda Belli: torrencial y lleno de metáforas donde los cuerpos son protagonistas. Y esto es así porque, según Belli, “el hecho bíblico también habla del principio erótico, la sensualidad y del descubrimiento del amor”. También impone su sello al marcar los límites del deseo: “Hay un momento en el que Eva y Adán se dan cuenta de que no van a poder ir más allá porque se encuentran con la barrera de la individualidad. Al final uno siempre está solo”