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Un viaje psicotrópico a la era beat

Llega al Círculo de Bellas Artes de Madrid la exposición 'Psicodelia en la cultura visual de la era beat (1962-1972)', un 'collage' nostálgico hecho de portadas de discos, carteles, pasquines y fanzines de la época.

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Cartel de la colección particular de Zdenek Primus

Un festival de paramecios, movidas fractales, estampados bacterianos y desvaríos cromáticos de toda índole. Llega al Círculo de Bellas Artes de Madrid la exposición Psicodelia en la cultura visual de la era beat (1962-1972), o lo que es lo mismo; la vasta colección de un tipo llamado Zdenek Primus, historiador del arte y coleccionista checo-germano empeñado en rescatar de entre la bruma lisérgica unas pocas migajas que expliquen, entre otros asuntos, el legado de la psicodelia y el hipismo en nuestro universo visual actual.

“Lo que se puede ver aquí es la interpretación plástica de la música rock y la visualización de un sentimiento vital”, explica Primus. Un sentimiento vital convenientemente aderezado de asuntos varios con los que encaramarse a las puertas de la percepción y, ya de paso, hacer un poco la revolución repartiendo claveles al personal. Melancolía, también de eso hay. Un collage nostálgico de una década que prometía más de lo que podía cumplir y que ahora, entre portadas de discos, carteles, pasquines y fanzines diversos, casi sesenta años después, nos interpela entre ingenuo y pasado de vueltas.

Cartel de la colección particular de Zdenek Primus

“Señalaba las carencias, la amoralidad, el absurdo y las ataduras que la propia sociedad se había impuesto”, apuntaba un voluntarioso Primus, para quien el consumo de estupefacientes y las vanguardias artísticas mantienen un coqueteo extraoficial que conviene desvelar: “Estoy convencido de que el arte abstracto post Kandinsky no habría sido posible sin drogas, esto es algo que la historia del arte parece obviar porque supondría decir que los grandes maestros eran unos drogadictos”.

“Es vida, solo vida”, atemperaba —citando a Dylan— Juan Barja, director del Círculo, poco después de bosquejar un delicado paralelismo entre el arte geométrico de Vasarely y el despiporre psicodélico ulterior: “Es como si al arte geométrico le hubiera entrado un temblor; el temblor de la vida”. Un meneo en toda regla que, pasado el tiempo, ha quedado parcialmente sepultado bajo el relativismo postmoderno. En ese sentido, la colección de Primus opera no sólo a nivel sentimental, sino que plasma en tecnicolor los anhelos y dolores de una generación entregada a la experimentación: “La psicodelia es más un estado de la mente que del alma”.

El Papa fumó hierba

Cuenta Primus que cuando presentó esta exposición en 2005 bajo el título The Pope Smoked Dope [El Papa fumó hierba] un embajador del Vaticano se presentó en la Galería Ciudad de Praga para aclarar al personal que el Papa nunca había requerido de sustancias psicoactivas. “Fue la mejor promoción que me han podido hacer”, sonríe el historiador checo nacionalizado alemán para, acto seguido, dejar claro que esta exposición “no pretende ser un inacabado estudio sociológico itinerante”.

Se trata, más bien, de una aproximación gráfica a todo lo que aconteció entre el 62 y el 72. Una ola psicodélica que alcanzó al mundo entero, tal y como había hecho antes la música beat, y que se engendró en San Francisco con los carteles de los conciertos de rock y los bailes en el Fillmore West organizados por Bill Graham o los de Family Dog Productions. Una ola que Primus y sus colegas apenas percibieron desde su Checoslovaquia natal pero cuyos efectos impregnaron la cartelería local, expandiendo su imaginario estético.