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Alemania no tiene piedad

El combinado alemán aplasta a Grecia (4-2) con una exhibición de fútbol total y se convierte en el segundo semifinalista de la Eurocopa

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Los sueños duran poco tiempo. Desde que Grecia derrotara a Rusia y obtuviera su pasaporte hacia los cuartos, el país heleno soñó con eliminar a Alemania de la Eurocopa y tomarse así una pequeña revancha. La victoria no hubiese servido para restablecer la credibilidad en la economía griega, siquiera para retrasar los plazos en el pago de la deuda. Pero esa es la magia del fútbol, permite tomarse esas pequeñas revanchas que en otros ámbitos de la vida son cuanto menos improbables.

La realidad, sin embargo, se volvió a imponer a la ilusión. Alemania humilló a Grecia. La desarboló, la desnudó y dejó en evidencia su idea del fútbol, rácano, conservador y aburrido. Y eso que Grecia tuvo sus seis minutos de gloria. Un rato en el que pareció que los dioses griegos habían revivido para empujar a Grecia hacia su meta. En un contraataque perfecto, Salpingidis asistió a Samaras, quien en el área pequeño empató el partido. Era el minuto 55 y Grecia volvía a soñar.

Alemania anotó tres goles en 18 minutos. Un tanto cada seis minutos

La maquinaria alemana, sin mebargo, no lo permitió durante mucho tiempo. Seis minutos después del empate griego, Khedira enchanchó una gran volea en el área pequeña griega y fusiló a Sifakis, meta griego. Tras otros seis minutos, en el minuto 67, Klose marcó el tercero con la cabeza adelantándose al meta griego que salió a por uvas tras en un lanzamiento de córner. En el 73, Reus soltó un auténtico fusil desde la frontal del área para anotar el cuarto tanto a puerta vacía tras recoger un rechace de Sifakis. 6 goles en 18 minutos. Un gol cada seis minutos. Precisión, eficiencia y dureza alemana. Antes, en el minuto 37 el lateral del Bayern de Munich Lahm había adelantado a los alemanes con un potente disparo desde la frontal.  

La selección germana, exceptuando los escasos seis minutos de ilusión griegos, fue un auténtico rodillo. No especuló en ningún momento y buscó en todo momento la meta griega. Los goles no saciaron su sed. Los jugones alemanes, liderados por Ozhil que se vistió de gala, se sentían cómodos combinando, lanzando paredes y viendo como los griegos no podían salir de su área.

De inicio, el seleccionador alemán Joachim Löw revolucionó el once. Dejó en la banqueta a Podolski, Müller y Mario Gómez. En su lugar entraron Schurrle, Reus y Klose. El objetivo, que Ozhil encontrara sitio en el campo. Y vaya si lo hizo. El alemán, con su habitual juego a ráfagas, dio un auténtico recital en la zona del 10. Cada vez que recibió cerca del frontal griega se iluminaban las luces del equipo alemán. Schurrle y Reus entraron como puñales desde las bandas hacia el centro y Khedira creó peligro una y otra vez desde segunda línea. Klose ya no tiene el gol que en épocas pasadas pero sabe asociarse como nadie anclado en el área rival.

La selección griega trató de hacer lo mismo que le había llevado a cuartos y a ganar una Eurocopa en 2004: defender con uñas y dientes y buscar el error del rival. Más aún cuando su gran estrella, el mediocentro Karagounis, figuraba en la lista de bajas. El estratega Fernando Santos decidió defender con 9 y dejar a Salpingidis y a Samaras arriba. Entre los dos debían construir todo el fútbol ofensivo heleno. Misión imposible cuando uno tiene enfrente un muro alemán. Aun así anotaron uno. El segundo llegó en el minuto 87, lo transformó Salpingidis, de penalti.

Alemania ya está en semifinales. El choque ante Grecia permite sacar varias conclusiones. Cuando Ozhil juega y encuentra a sus compañeros, este equipo es capaz de vencer a cualquiera. Su potencial ofensivo es espectacular, pero cuando se vuelca en ataque sufre muchísimo para replegarse, y sus centrales, elegantes con el balón, tienen dificultades para correr hacia atrás.