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La barra libre de la raqueta

Fernando Verdasco, que debuta hoy en París, sale impune de su actitud antideportiva en Niza

ALBERTO CABELLO

El universo interior de un deportista se mueve por variables que afloran desde el puro instinto. No hay patrones de comportamiento inalterables ante escenarios semejantes. Los mecanismos de resistencia pueden saltar hechos pedazos sea uno o diez mil el valor de la fuerza de empuje. El incidente de Fernando Verdasco en la final del torneo de Niza del pasado sábado ejemplifica la volatilidad de la conducta. El mismo tenista que hizo oídos sordos a la mofa de un pabellón entero en la final de Copa de Davis de 2008 en Mar del Plata (Argentina), perdió los cabales ante los reproches de un espectador francés en su partido ante Richard Gasquet. La unidad no actúa en relación a una cantidad, a pesar de desarrollarse en lugares comunes.

"Es el peor público del mundo, los putos franceses de los cojones". "Su puta madre, su puta madre, hostia. Puto francés de mierda, hostia puta". "Joderos, joderos. A ver quién tiene más cojones", fueron algunas frases escupidas por el tenista madrileño durante el encuentro.

El juez árbitro ni siquiera amonestó al español por sus insultos

Su rectificación llegó de inmediato. Era urgente apaciguar al público francés antes de su estreno hoy mismo en el parisino Roland Garros. "Me parece un momento de ansiedad y frustración, sin más importancia", comentaba ayer el preparador mexicano Gil Reyes, uno de los asesores del español.

Tarjeta roja o técnica descalificante. Según el reglamento del fútbol o del baloncesto, Verdasco habría sido expulsado de inmediato y hubiera sufrido una sanción para uno o varios partidos. Ni una ni otra cosa en el caso del tenis. No recibió ninguna de las sanciones que vienen recogidas en el código de conducta y participará en el Grand Slam de la tierra batida sin advertencia alguna.

Carlos Bernardes, juez de silla de la final de Niza, no aplicó las amonestaciones estipuladas en el reglamento. Una primera violación de las normas conlleva una advertencia, la segunda la perdida de un punto, la tercera de un juego y la cuarta la descalificación. Aunque el abuso verbal y la conducta antideportiva aparecen como motivos de sanción, el árbitro brasileño dejó impune el comportamiento de Verdasco. Es más, el código recoge un apartado denominado obscenidad audible, que describe al detalle la actuación de Verdasco. Existe un último mecanismo sancionador que es una multa económica por parte del juez árbitro del torneo.

El tenis no busca mecanismos para acabar con los antideportivos

No es la primera vez que un tenista español se hace notar por un desvarío durante un partido. David Ferrer protagonizó un desagradable episodio durante el US Open de 2008. El de Jávea perdió los nervios cuando su partido ante Nishikori, un japónes de 18 años, número 126 de la ATP empezó a torcerse. En uno de los descansos se quejó a gritos sobre su juego. La juez de silla amonestó al alicantino. "Es normal, tú eres una chica", le reprochó dando a entender que no sabía arbitrar por su condición de mujer. Ferrer siguió con el mismo argumento: "Es normal, tú eres una chica. Las chicas no pueden hacer nada, nada. No pueden hacer nada". Tuvo que rectificar al instante.

El castigo se quedó en la advertencia de Kerrilyn Cramer. El infractor salió con las manos limpias después de su metedura de pata. El alicantino saca a pasear su fuerte carácter cuando las cosas no le van del todo bien. Ha destrozado más de un raqueta en su frustración y ha llegado a patear un marcador electrónico en un encuentro ante Dominik Hrbaty. Da lo mismo, todo le sale gratis.

El tenis presume de pertenecer a los caballeros, pero no encuentra mecanismos para acabar con los que no actúan como tales. Entre ellos, unos cuantos de los héroes de la armada.