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La derrota más canalla

El Sporting de Preciado asalta el Bernabéu, imposibilita la Liga al Madrid y acaba con el récord de Mourinho. Sin Alonso, el luso insiste con Lass y Kedhira, sustituye a Granero y acaba jugando con Pepe, Ramos, Carvalho y Albiol

ENRIQUE MARÍN

Ya lo dice el refranero: arrieros somos y en el camino nos encontraremos. Aunque Mourinho dio una lección de deportividad al término del partido, la derrota encajada ayer por su Madrid es una durísima cura de humildad para él, además de un durísimo correctivo para su equipo. El Sporting, con siete de los once jugadores que Preciado alineó en el Camp Nou, decisión que tanto cuestionó Mou, ganó en el Bernabéu y se llevó el bote de nueve años que acumulaba el portugués sin perder en Liga como local. La derrota, sin duda la más canalla que podía encajar el Madrid en el inicio del mes en el que se lo va a jugar todo, deja la Liga prácticamente inaccesible ya para los blancos.

Si algo tenía claro Preciado es que ante el Madrid su equipo tendría que estar mucho más atento cuando tuviera el balón que cuando lo tuviesen los blancos. La razón, que cada vez que pierdes la pelota en las zonas de riesgo, el Madrid la lleva "al caldero". Y a eso jugó el Sporting desde el minuto uno hasta el 94. Los asturianos, tal y como hicieron recientemente ante el Barça en El Molinón (1-1), se movieron al unísono, nunca dejaron de confiar en sus posibilidades y aprovecharon una de las pocas oportunidades de las que dispusieron para batir a Casillas y hacer saltar la banca. Si no tenía suficientes bajas, la lesión de Canella a los dos minutos obligó a Preciado a gastar una bala, pues el partido iba a demandar un esfuerzo tremendo.

El gol de De las Cuevas rentabiliza todos los méritos de los asturianos

Mourinho fue el primero en dar prioridad a la visita del Sporting. Sin embargo, esta vez no le bastó con tirar de músculo. La ausencia por sanción de Xabi Alonso y la alineación de Lass y Khedira en el once inicial jugaron a favor del planteamiento de Preciado, pues el Madrid tuvo casi siempre el balón, pero casi nunca supo qué hacer con él. Durante muchos minutos, el partido fue un monólogo de los blancos, aunque sin contenido. Di María no sólo ocupó físicamente el distrito de Cristiano, sino que también emuló el portugués con su individualismo. El argentino, incapaz de buscar a un desamparado Adebayor, fue el más incisivo, pero también el más precipitado. Sólo Granero ponía algo de criterio, pues Özil, escondido en la banda derecha, no parecía estar por la labor. La presencia de Lass y Khedira chirrió aún más cuando Rivera y Nacho Cases, el sorprendente doble pivote del Sporting, se imponían una y otra vez.

Nada más iniciarse la segunda parte, Higuaín saltó a calentar. Era evidente que Mourinho no lo veía claro. Evidencia que saltó por los aires cuando el sustituido no fue ni Lass ni Khedira, sino Granero. Aunque la presencia del Pipita intimidó a la defensa asturiana, el argentino llevaba demasiado tiempo sin jugar como para disfrazarse de remedio. El guión siguió siendo el mismo o peor, pues mientras el Madrid seguía sin fútbol, el Sporting cada vez tocaba con más rigor cuando recuperaba el balón.

La entrada de Canales y Pepe por Di María, tocado, y Arbeloa terminó por convertir en incomprensibles las pretensiones de Mourinho. Sobre todo cuando a los pocos minutos llegó el gol de De las Cuevas en una inteligente combinación con Nacho Cases, el compañero de Rivera en el eje. El exmadridista, otro más, dio una lección de fútbol. De ese fútbol en el que Mourinho no cree y que, por tanto, desprecia. El portugués dijo que con sus cambios buscó el juego directo, de ahí que acabara con tres centrales, Ramos de delantero y bombeando balones al área. Un recurso tan antiguo como improcedente en un equipo del presupuesto y la entidad del Madrid.

Volvió Higuaín y Di María, una mala versión de Cristiano, se fue lesionado

El Sporting acabó con diez por lesión de Lora y empotrado literalmente en su área. El gol rondó en numerosas ocasiones la portería de Juan Pablo, pero estaba escrito: Preciado, a quien Mou acusó de jugar con suplentes ante el Barça, ganó en el Bernabéu y rompió su récord como local en Liga. Ya lo dijo el cántabro: "Nunca digas este cura no es mi padre".