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España deja de ser autosuficiente

El combinado que dirige Juan Carlos Pastor no pudo culmina la remontada ante los galos.

MIGUEL ALBA

Aferrarse a la teoría del vaso suele ser un suicidio. Porque España lo vio medio lleno (supo manejar cómodamente una renta de dos goles en los primeros treinta minutos), cuando a Francia todavía le quedaba suficiente tiempo (toda la segunda parte) para mostrárselo medio vacío. Y en esta discusión de optimismo y pesimismo, el banquillo español acabó serio. Sin ganas de mirar a la pizarra donde se marcó el cambio a la defensa 6-0 (parcial de 2-7 a favor de Francia) y donde apareció que Sierra debía (¿por qué?) sustituir a Hombrados al inicio de la segunda parte (parcial de 2-7 a favor de Francia).

A partir de entonces, Francia se dejó llevar por la potencia de Karabatic y Narcisse para convertir cada ataque español en una necesidad de gol. Porque con seis tantos de desventaja (17-23, 19-25), España dejaba de ser autosuficiente y empezaba a necesitar demasiados favores para seguir optando a la lucha por las medallas. La salida de Iker Romero (¿por qué tan tarde?) se convirtió en la premisa de la remontada del ataque español. Pero ayer la defensa se encargó de cercenar cualquier atisbo de sumar un punto. Si en los dos últimos minutos, con tres goles abajo, el equipo nacional desperdicia un penalty y convierte sus transiciones en carreras de ida y vuelta sin sentido, plagadas de pérdidas de balón, la remontada tiene que apelar a la heroica. Y ayer la heroica no funcionó. Porque el último lanzamiento de Iker Romero, vestido con la camiseta de Hombrados (para jugar el último ataque con un lanzador más), se quedó en la telaraña de brazos fanceses. Allí donde se quedó medio vacío.