Este artículo se publicó hace 15 años.
Tres puntos de regalo
Las facilidades del Hércules otorgan un triunfo cómodo al Mallorca

Mallorca fue testigo del desastre de un equipo alicantino que, de nuevo, a domicilio sigue mostrándose sin alma, sin ambición. Sus lunes de liga, otra vez sin gol, convierten en soberbios a sus rivales, les ahuyentan fantasmas, les dejan henchidos con muy poco.
Los baleares fueron testigos de la ingenuidad herculana en un juicio marcado por la diligencia ante el gol, por una disposición solícita a la contra que les muestra majestuosos, con un porte imperial que acumula puntos cuando debe hacerlo.
Por eso, por actitud, el peso cayó donde debía, a los pies de los bermellones, un equipo, en realidad, con poca esencia, con un fútbol justito pero con los dientes afilados para degollar, no para mordisquear sobras. Cierto que masticar goleadas con un rival tan pusilánime como el Hércules facilita mucho las digestiones.
Hay que reconocerle mucho a Laudrup en este Mallorca. Se exprimen en la presión, crean, en cuanto disponen de la pelota, lo que pueden, y corren como etíopes. Y es ahí donde se muestran colosos, donde se deleitan. Buscan espaldas, juegan al escondite y perdonan lo preciso. Dos goles, casi cuando el descanso amanecía, justificaban los pocos escrúpulos de un ataque maduro, curtido en choques arrugados, magullados.
El otrora desheredado Webó y Víctor alisaron los baches de un guión en el que nunca se vieron con papel los de Esteban, un bloque con enigmas que, desde la victoria en el Nou Camp, no es capaz de encontrarse cuando rinde visita. Robadas las llaves a Calatayud con el primer gol, el acertijo quedaba al descubierto.
Víctor, dos minutos después, y Pereira, tras el asueto, precintaban a un Hércules que se arruina cuando le falta pulso para medirse. Su despertar coincidió con el sesteo de los locales en las migajas finales.
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