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El fundador de Ikea muere a los 91 años

Ingvar Kamprad, la tercera persona más rica de Europa según la revista 'Forbes', controlaba su grupo a través de fundaciones con sede en países con regímenes fiscales mucho más bajos que el sueco

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Un visitante del museo Ikea toma una foto con su móvil de la imagen del fundador del grupo de tiendas de muebles Ingvar Kamprad realizada a partir de fotos de sus empleados. REUTERS

El multimillonario fundador de IKEA, Ingvar Kamprad, falleció a los 91 años, dijo la compañía sueca el domingo, dejando un imperio de muebles creado hace más de medio siglo y conocido en todo el globo.

"Uno de los mayores empresarios del siglo XX, Ingvar Kamprad, falleció en paz en su casa de Smaland", sureste de Suecia, rodeado de sus familiares tras una "corta enfermedad", dijo la compañía.

Kamprad fundó IKEA en 1943 cuando tenía solo 17 años, pero no alcanzó la fortuna hasta 1956, cuando la compañía se convirtió en pionera de los muebles en paquetes planos. Se le ocurrió la idea cuando vio a un empleado quitar las patas de una mesa para introducirla en el coche de un cliente y se dio cuenta de que ahorrar espacio significaba ahorrar dinero.

Una bandera sueca a media asta en el exterior de una tienda de Ikea en Estocolmo. REUTERS

Kamprad, una de las 500 personas más ricas del mundo según la revista Forbes, levantó de la nada la mayor cadena de muebles del mundo al combinar el atractivo diseño nórdico con una proverbial capacidad para generar eficiencias y ahorrar.

Según Forbes, Kamprad (y su familia) era la tercera persona más rica de Europa, con un patrimonio de 39.554 millones de euros en 2017, tan sólo por detrás del fundador de Inditex, el español Amancio Ortega, y el millonario francés Bernard Arnault, propietario del conglomerado de moda de lujo LVMH.

El gigante Ikea, con 412 tiendas y 149.000 empleados en 49 países, facturó en su último ejercicio fiscal (1 de septiembre de 2016 a 31 de agosto de 2017) 36.300 millones de euros y obtuvo un beneficio neto de 2.500 millones de euros.

Actualmente, el grupo minorista sueco va camino de unas ventas anuales de 50.000 millones de euros.

Una empleada firma en el libro de condolencias colocado a la emtrada de la tienda de Ikea en Estocolmo. REUTERS

Nacido el 30 de marzo de 1926 en el sur de Suecia en una familia de granjeros con antepasados alemanes, mostró desde pequeño una habilidad innata para los negocios: comenzó vendiendo fósforos a sus vecinos a los cinco años y pronto diversificó sus existencias para incluir semillas, adornos para árboles de Navidad, lápices y bolígrafos.

En 1943, con apenas 17 años, abrió en su localidad natal, Älmhult, la primera tienda de Ikea, el embrión de lo que sería su imperio.

El primer gran establecimiento de la cadena no se inauguraría hasta 22 años más tarde, en Estocolmo, dando el pistoletazo de salida a una carrera expansiva con pocos precedentes.

Interior de una tienda de Ikea en Hamburgo (Alemania). REUTERS/Fabian Bimmer

Ikea consuma el 1% de toda la madera que se comercializa cada año en el mundo y se precia de ser, con su catálogo, el autor de la publicación que más copias tira, desde hace algún tiempo más que la Biblia, con más de 200 millones de unidades al año.

Incidiendo en su interés por mejorar la calidad de vida de la clase media, el primer ministro sueco, el socialdemócrata Stefan Löfven, también recordó la figura del fundador de Ikea en un comunicado difundido a través de la agencia de noticias sueca TT. "Kamprad fue un empresario único que significó mucho para la economía sueca y que hizo la decoración de interiores accesible para la mayoría, no sólo para unos pocos", recalcó Löfven.

Pese a ser una figura poco mediática, Kamprad era conocido en Suecia por su modo de vida espartano, por comprar en tiendas de segunda mano, coleccionar cupones de ahorro en el supermercado, volar en clase Turista y conducir un viejo Volvo. "Creo que no tengo nada que no haya comprado en un mercadillo", aseguró en una entrevista con el canal sueco TV4 el fundador de Ikea, en una de sus últimas apariciones televisivas.

El fundador de Ikea, Ingvar Kamprad, enlas oficinas del grupo distribuidor de muebles en la localidad sueca de Almhult. REUTERS

Sin embargo, esa búsqueda constante del ahorro, que trasladó a su negocio, le procuró también críticas en su país natal, de donde Kamprad emigró a Suiza en 1973 (y hasta 2014) para evitar las elevadas cargas fiscales propias de los países nórdicos.

De forma similar, su cadena de muebles y decoración ha sido objeto de críticas de activistas e inversores por está controlada a través de fundaciones con sede en países con regímenes fiscales mucho más bajos que el sueco, como Holanda, Luxemburgo y Liechtenstein.

Ikea también recibió quejas oficiales tras reconocer en 2012 que había empleado, conscientemente, a presos políticos de República Democrática Alemana (RDA) entre 1982 y 1987.