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Guía para reducir el consumo doméstico y bajar el recibo de la luz

El uso eficiente de los electrodomésticos permite abaratar hasta un 20% la factura energética de los hogares, que hoy pagan a luz un 13% más cara que hace cuatro años.

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La ineficiencia energética de las viviendas y los electrodomésticos dispara el recibo de la luz de las familias en situación vulnerable

Más de un millón y medio de familias, que suponen más de tres y medio de personas, continúan sufriendo la pobreza energética en España y no pueden mantener su vivienda a una temperatura adecuada a la meteorología pese a la leve mejora de la situación microeconómica, según revelan los datos del INE (Instituto Nacional de Estadística).

Pese a la mejora que se está dando como consecuencia de la ligera recuperación de las rentas, de la reactivación de los sistemas de redistribución autonómicos y municipales en buena parte del país durante esta legislatura y de la aprobación de leyes y programas específicos sobre pobreza energética, los niveles siguen siendo similares a los de hace cinco años: la afección es mayor que entonces en cuanto al número de hogares que la sufren y ligeramente menor en lo que se refiere a las personas que la padecen.

La pobreza energética no es una cuestión de rentas únicamente. "Influyen de manera determinante factores como la calidad del aislamiento de las viviendas y la eficiencia de los electrodomésticos que se utilizan", explica Carlos Pesqué, técnico del área de Ciudades Sostenibles de Ecodes (Fundación Ecología y Desarrollo), que señala cómo "algo generalizado que gente con pocos recursos económicos paga recibos por encima de la media".

Esto ocurre, entre otras causas, porque las familias en situación vulnerable se encuentran a menudo con que "pueden acceder a viviendas baratas, pero que a menudo resultan ineficientes desde el punto de vista energético. La vivienda social, por ejemplo, suele estar construida sin criterios de eficiencia, y eso dispara la factura de la luz", señala.

Paralelamente, el precio de los electrodomésticos más eficientes resulta a menudo prohibitivo para estos sectores de la población. "En muchos casos gastar poco acaba resultando caro. A veces sale mejor cambiar un termo que seguir pagando facturas altas", anota Pesqué, que trabaja en el Programa Reluce de Ecodes, en el que participan 975 familias de 45 ciudades y con el que han logrado ahorros medios de hasta 135 euros al año por hogar: alrededor del 20% de una factura estándar.

El alto precio de la energía

No obstante, existe otro factor clave en la pobreza energética: el precio de la luz, cuyo coste para el público lleva años subiendo de manera paralela a la contención del consumo, tal y como revelan los datos del INE: en cinco años, los hogares españoles han pasado a pagar 235 millones más de euros por 6.000 millones de kilowatios menos. El kilowatio le sale al consumidor un 13,25% más caro.

"La electricidad es cada vez es un bien más preciado, y eso hace que cada vez menos gente se pueda permitir cubrir sus necesidades", señala Pesqué, que añade cómo esos precios disuaden a muchas familias de utilizar sus calefacciones eléctricas por temor a no poder asumir los recibos, lo que les expone al corte del suministro.

No obstante, existen una serie de recetas, hasta 22, para reducir el consumo y abaratar esas facturas (y bajar de paso las emisiones de CO2) haciendo un uso eficiente de los electrodomésticos, tal y como la fundación ha ido recogiendo mientras desarrolla sus programas de pobreza y de eficiencia energética.

22 recetas para reducir el consumo doméstico

A la hora de cocinar, hay aspectos tan sencillos como poner la tapa de la cazuela para evitar que se pierda calor, apagar la vitrocerámica antes de terminar la cocción (hasta cinco minutos) para finalizarla con el calor residual, utilizar el fuego cuyo tamaño más se ajuste al del cacharro y, también, cocinar más raciones de las necesarias para una comida y congelarlas para irlas comiendo, ya que el principal consumo se da en la cocción.

En cuanto a la nevera, se recomienda regular el termostato a 5º en el refrigerador y -18º en el congelador, separar la rejilla trasera al menos tres centímetros de la pared, tener limpia la goma de la puerta para evitar fugas y descongelar los alimentos con tiempo en la nevera, con tiempo, en lugar de al baño maría o en el microondas.

Con la lavadora, cuyos programas tienen consumos similares esté llena o semivacía (lo recomendable es la primera opción), lo programas de lavado en frío ahorran hasta un 80% de la energía.

Ocurre lo mismo con la carga del lavavajillas. Si la vajilla se lava a mano, reservar las piezas ya limpias en un barreño con agua antes del aclarado evita que se sequen los restos de suciedad y reduce el consumo al enjuagarlas.

La plancha ofrece un sencillo truco como es planchar las prendas delicadas cuando se está calentando al enchufarla o mientras se enfría, con el calor residual, tras desenchufarla. Sale mejor que cambiar de programa.

Bajar las persianas por la noche crea una cámara aislante que ayuda a conservar el calor de la calefacción, cuyo consumo se incrementa un 7% por cada grado por encima de los 21º, que es el máximo recomendable para el confort.

En la ducha es recomendable no dejar correr el agua caliente durante el enjabone y restringirla al remojón inicial y el aclarado. En caso de tener termo eléctrico, es preferible apagarlo si no se va a utilizar en unos días, por ejemplo por un viaje.
Una forma de atajar los ‘consumos fantasma’, que son los que generan los aparatos que siguen funcionando aunque no se utilicen activamente, como los televisores o los routers del wi-fi, es tenerlos enchufados en regletas y apagar su interruptor cuando no se utilizan, como puede ser durante la noche o al salir de casa.

Y, por último, además de optar por los electrodomésticos de mayor eficiencia en el momento de la compra y por bombillas LED en lugar de halógenas, ya que las primeras consumen hasta un 90% menos, adecuar la potencia contratada a las necesidades de la vivienda, aprovechar las tarifas de discriminación horaria en función de las necesidades y acogerse al bono social si se cumplen los requisitos.

Electricidad de prepago en Calatayud

Ecodes está experimentando en Calatayud, en colaboración con el ayuntamiento, que está estudiando un nuevo sistema de ayudas para paliar la pobreza energética basado en el cálculo de la carga y el consumo, y con Endesa, un modelo de prepago pionero en España con 18 familias seleccionadas por el consistorio.

Tras un trabajo previo en el que se adecua la potencia de la casa a las necesidades, se solicita el bono social cuando es posible y se realiza una estimación del consumo mediante una herramienta que combina la tipología de la familia, el equipamiento del hogar y las condiciones de la vivienda, la energía se paga por adelantado mediante una precarga, similar al sistema que se utiliza con los teléfonos móviles "de tarjeta".

"Calculamos la energía razonable que debería consumir cada hogar para cubrir sus necesidades sin derroche", explica Pesqué, que señala que "el objetivo es que las familias puedan ir adaptando el consumo con un seguimiento del gasto, algo que ahora resulta imposible porque lo desconocen hasta que reciben después el recibo".

Los hogares reciben semanalmente un SMS en el que la compañía eléctrica les informa del ritmo de consumo y de la previsión de agotar el saldo o de ahorro para el mes, así como de la evolución del tramo que abarata el bono social en función del número de menores que residan en la casa. Paralelamente, la fundación elabora informes por días y por tramos horarios, lo que permite detectar los aparatos ineficientes, y organiza talleres sobre consumo de energía.

"La idea es que puedan actuar antes de recibir la factura"

"La idea es que puedan conocer el impacto de sus hábitos de consumo, que puedan actuar a tiempo antes de recibir la factura", anota Pesqué. "Alguna familia restringía antes el uso de la calefacción eléctrica por temor a no poder pagar el recibo, y ahora lo gestionan", añade.

El programa, que comenzó a desarrollarse en octubre, excluye la posibilidad de cortar la luz por impago durante los doce meses de duración, aunque si la familia no efectúa un nuevo prepago tras el aviso de que ha agotado el anterior la potencia de la casa se limita (menos, si su calefacción es eléctrica) hasta la siguiente recarga.

El consumo de los tres primeros meses corre a cargo del programa.