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Pullmantur, última víctima del naufragio del turismo de cruceros

La pandemia ha dado la puntilla al grupo español, gestionado desde hace años por el gigante estadounidense Royal Caribbean.

Uno de los cruceros de Pullmantur. E.P.
Uno de los cruceros de Pullmantur. E.P.

VICENTE CLAVERO

La crisis sanitaria ha arrasado el turismo de cruceros, que antes de la pandemia generaba en España unos ingresos de 4.500 millones de euros anuales y daba empleo a 33.000 personas.

Prácticamente todos los grandes grupos del sector están en pérdidas y algunos, como Pullmantur, incluso han solicitado concurso voluntario de acreedores, como paso previo a su desaparición, al menos tal y como hoy la conocemos.

El coronavirus sobrevino a principios de un año que la industria mundial de cruceros confiaba en que iba a ser histórico, con 276 barcos operativos y del orden de 34 millones de viajeros.

Pero lo cierto es que la actividad lleva meses paralizada y sin visos de que se pueda reanudar, dado que las restricciones a la movilidad impuestas por muchos gobiernos en primavera están volviendo a hacer acto de presencia.

Un bueno número de compañías habían anunciado su propósito de volver a ofertar cruceros a mitad de otoño. El resurgir de la covid-19 en las ultimas semanas, sin embargo, ha obligado a postergar indefinidamente estos planes. Una circunstancia difícil de soportar, sobre todo para aquellos operadores que, además del mantenimiento de los barcos, tienen que afrontar los pagos derivados de su financiación.

La británico-estadounidense Carnival, líder mundial del sector, perdió 2.400 millones de dólares en el segundo trimestre de 2020, como consecuencia de un desplome sin precedentes de su facturación, que pasó de 4.800 a 700 millones en un año. Para hacer frente a la situación, Carnival ha seguido los mismos pasos de sus rivales, que están procediendo a la venta o al desguace de parte de sus flotas.

En España, ni siquiera ese tipo desinversiones han salvado a Pullmantur, que se encuentra al borde de la bancarrota pese a haberse desprendido de sus tres barcos.

La compañía de cruceros está gestionada por la estadounidense Royal Caribbean, que en 2006 se la compró a Marsans por 700 millones de euros, aunque tiene detrás también desde hace cuatro años al controvertido fondo buitre Springwater.

Si bien la pandemia le ha dado la puntilla, los problemas de Pullmantur vienen de lejos. De los catorce años que lleva en manos de Royal Caribbean, al menos doce se saldaron con pérdidas. En 2018 sí presentó resultados positivos (29,5 millones de euros), pero no porque facturara más, sino gracias al significativo recorte de sus costes laborales y a un movimiento contable consistente en la revalorización de su marca.

Ese ejercicio, último del que se conocen datos completos, Pullmantur realizó 209 cruceros, con una duración media de siete días, en los que transportó a 400.000 personas. Sus ingresos ascendieron a 343 millones de euros (un 1,5% menos que en 2017), de los que el 55% se generaron en España y el 35% en América Latina.

La reciente presentación del concurso voluntario de acreedores para el conjunto del grupo estuvo precedida en junio de otra para dos de sus filiales, Pullmantur SA y Pullmantur Cruises, so pretexto facilitar una restructuración del negocio tras los daños causados por la pandemia. El anuncio de ese primer concurso llevaba aparejado el compromiso de ofrecer a los clientes afectados la posibilidad de realizar sus viajes en Royal Caribean.

Algunos medios apuntan que la idea de Pullmantur es quedarse en los servicios centrales y en el área comercial con un reducido grupo (en torno al 30%) de los 350 trabajadores que forman su plantilla e incluir a los demás en un expediente de regulación de empleo (ERE).

Ese planteamiento, en todo caso, deberá recibir el visto bueno del administrador concursal, que es el mismo despacho de abogados que llevó los casos del Banco de Madrid, Isolux, o el Grupo Arturo.

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