Los pueblos más bonitos de Francia para hacer una escapada de fin de semana
Francia es mucho más que París: un país de enorme diversidad cultural, donde cada región despliega su propia identidad, tradiciones y formas de vida.

Madrid-
Francia es mucho más que París, aunque la importancia sociocultural de la capital suele opacar al país al completo. Al menos en lo que a su imagen exterior se refiere, algo que repercute de manera directa en el turismo. Algo raro de afirmar si tenemos en cuenta que el país galo es el más visitado del mundo, tras haber recibido en 2025 a 102 millones de visitantes. Sin embargo, aunque parezca increíble, gran parte del patrimonio situado en sus zonas rurales no posee la fama que su belleza e importancia cultural e histórica merecen.
Desde España, además, esa invisibilidad relativa de la Francia rural puede intensificarse por un factor menos evidente: la cercanía. Compartimos clima, geografía y cierta cultura mediterránea con muchas regiones francesas, lo que resta exotismo y, por tanto, voluntad o curiosidad por descubrir todo lo que el país galo tiene para ofrecer, que es mucho. Estos son los pueblos más bonitos de Francia, ideales para hacer una escapada.
San Juan Pie de Puerto
Comenzamos con un pueblo al que poder escaparse en el día de manera literal, sobre todo para los habitantes del País Vasco. Se trata de San Juan Pie de Puerto, considerado ampliamente como el pueblo más bonito del Iparralde. Aunque es mucho decir, teniendo en cuenta la competencia que pueden ofrecer al respecto localidades como San Juan de Luz, Espelette o Ainhoa, por citar solo unos pocos. De hecho, una ruta con autocaravana por la zona es una gran idea, visitando sus caseríos y construcciones tradicionales al mismo tiempo que se disfruta de su famosa gastronomía.
No obstante, San Juan Pie de Puerto sería la localidad que aglutina la mayoría de los encantos de la zona. Por ejemplo, es el lugar de inicio del Camino de Santiago francés. Además, se trata de un pueblo medieval, orígenes de los que derivan la mayoría de sus encantos como: la muralla, la ciudadela o sus calles empedradas, las cuales generan un fuerte contraste con sus casas de fachadas blancas. El puente sobre el río Nive, las puertas fortificadas de entrada a la ciudad o los detalles labrados en piedra son los vestigios que nos unen a los viajeros que visitaron la ciudad años atrás.
Colliure
Ahora vamos a la otra costa, pero también a tiro de piedra de la frontera española. En este caso a Colliure, situada a escasos kilómetros de Cataluña y la localidad que eligió Antonio Machado para exiliarse al final de su vida, también donde se encuentra enterrado. Se trata de un encantador pueblo mediterráneo, en el que el mar juega un papel preponderante pues todo está articulado en torno a él. De hecho, uno de sus principales atractivos es el barrio pesquero de Mouré, un laberinto de callejuelas empedradas formadas por las antiguas casas de los pescadores, actualmente convertidas en galerías de arte o pequeños hoteles.
El resto del pueblo también merece la pena, claro. Se trata de una antigua ciudad medieval, con una mezcla de construcciones tradicionales catalanas y francesas que le dan un toque especial. Incluso su castillo real llegó a ser la residencia oficial del Reino de Mallorca, cuyo interior actualmente alberga una exposición permanente sobre los exiliados españoles a causa de la Guerra Civil. Un dato cultural importante: Colliure también posee un gran legado cultural. No en vano, Henri Matisse encontró en su luz la inspiración que después caracterizaría a su obra. Una corriente artística llamada fauvismo y que tiene en este pequeña joya del Mediterráneo su epicentro.
Dinan
La bretaña francesa es una de las regiones más fascinantes de Francia, repleta de historia, castillos, bosques y algunos pueblos que parecen congelados en el tiempo. Es el caso de Dinan, situado en un meando del río Rance y rodeado por más de tres kilómetros de murallas que muestran su silueta medieval. Considerada un enclave comercial y estratégico en su momento, su rico bagaje se deja notar por todas sus calles empedradas. Pequeñas colinas flanqueadas por casas inclinadas, convertidas actualmente en su santo y seña.
De hecho, la Rue du Jerzual está considerada una de las calles más bonitas de Francia. Tiene un propósito, además, pues conecta la ciudad alta con el puerto fluvial, un lugar actualmente conquistado por artistas y que posee un distinguido ambiente bohemio. Otras atracciones como el castillo ducal, la imponente torre del reloj o la basílica de San Salvador completan la oferta monumental.
Cordes-sur-Ciel
Cordes-sur-Ciel recibe su nombre de su ubicación sobre una colina, lo que literalmente le sitúa entre las nubes en los días brumosos. La orografía es clave en la configuración de la localidad, con un urbanismo vertical que se adapta a la ladera y llama poderosamente la atención de los visitantes. Fundada en 1222, casi desde sus inicios se convirtió en un enclave comercial estratégico en Occitania. Una riqueza que se ve reflejada en los imponentes edificios góticos que componen sus calles. Edificios con nombres propios como maisons du Grand Fauconnier, maison du Grand Ecuyer o maison du Grand Veneur, algunos de ellos visitables.
Cassel y Esquelbecq
Francia tiene más de 600.000 kilómetros cuadrados de extensión, lo que implica territorios y legados culturales muy distintos entre sí. En ese sentido, el Flandes francés está marcado por un pasado ligado a las comunidades neerlandesas, lo que queda reflejado en su arquitectura y patrimonio. La célebre Batalla de Cassel, en 1677, supuso su anexión definitiva a Francia. Sin embargo, construcciones características como sus molinos de viento, las casas de ladillo rojo o su imponente Grand Place implican que la identidad flamenca todavía está más que presente. A ello se suma un paisaje abierto y ondulado, poco habitual en otras regiones del país, donde la luz y el viento moldean el carácter del territorio.
No muy lejos de Cassel se encuentra Esquelbecq, considerado el pueblo más bonito de Francia en 2023. También posee un gran legado flamenco, marcado por el ladrillo rojo de sus casas y las fachadas escalonadas típicas de Bélgica. El corazón del pueblo gira en torno a su castillo del siglo XVII, rodeado de jardines y canales que reflejan el encanto rural de la zona. Muy cerca, la iglesia de Saint-Folquin y el antiguo molino de viento completan una estampa casi de cuento. Uno de los mayores atractivos de Esquelbecq es su famoso mercado de libros, donde librerías y puestos especializados convierten el pueblo en un destino imprescindible para los amantes de la literatura.
Colmar
Colmar tiene un casco histórico perfectamente conservado, formado por casas de entramado de madera pintadas en tonos vivos y balcones repletos de flores. Un paisaje urbano que refleja otra realidad híbrida francesa, la de la provincia de Alsacia, un territorio históricamente disputado entre Francia y varios estados germánicos. Probablemente, la principal joya del pueblo es la Petite Venise, un encantador barrio repleto de canales en el que las casas se asoman al agua creando una estampa inolvidable.
Joyas como la colegiata de Saint-Martin o la Casa Pfister son ejemplos destacados del rico patrimonio alsaciano de Colmar. Además, la ciudad también es famosa por su vinculación con el arte, no en vano es el hogar del escultor Frédéric Auguste Bartholdi, creador de la Estatua de la Libertad. El entorno, compuesto por viñedos y otros pueblitos de gran encanto como Eguisheim, Riquewihr, Kaysersberg o Turckheim, todos ellos merecedores de estar en esta lista, completan la estampa.


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