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Rosa María Calaf: "Hemos demostrado que la lucha se puede hacer y hay que seguir haciéndola"

Rosa María Calaf, durante una cobertura informativa en Tailanda en el año 2006.
Rosa María Calaf, durante una cobertura informativa en Tailanda en el año 2006. CEDIDA POR ROSA MARÍA CALAF

Presentar a Rosa María Calaf, y más con motivo del 8M, no es fácil. Son tantas las cosas que se podrían decir de una mujer referente del periodismo español, también de la igualdad, de la fuerza del trabajo, de la dignidad, que no acabaríamos nunca. "La Calaf", como nos referimos a ella cuando la citamos como ejemplo, es una maestra que nos ha enseñado a tratar con respeto y empatía a los (y las) protagonistas de nuestras historias periodísticas, en contextos muy complejos.

Rosa María Calaf habla para Público de la pandemia, la lucha feminista, de las dificultades que tienen las mujeres para hacerse hueco en una sociedad que todavía tiene mucho que aprender de igualdad, del impacto emocional que dejan las coberturas periodísticas de situaciones extremas y de cómo construir una sociedad mejor

Este 8M es muy diferente a otros. Nos precede un año de pandemia que nos ha cambiado la vida. Usted ha sido una mujer con maleta en mano siempre, viajando, recorriendo el mundo. Pregunta obligada: ¿Cómo está? ¿Cómo ha vivido este último año de confinamiento e incertidumbre?

Estoy bien afortunadamente, no me puedo quejar en absoluto, pasé la covid, pero relativamente bien, no fue grave, sí hubo problemas de familiares más complicados, pero sería tremendamente injusto si me quejara. En cuanto al tema de la movilidad es obvio, me di cuenta de que desde mi adolescencia no había estado tanto tiempo durmiendo en la misma cama; y he aprendido, ha habido un gran aprendizaje personal. Tomando tu última palabra de incertidumbre, yo creía que había aprendido a comprender las situaciones límites, pero me he dado cuenta de que no es lo mismo enfrentarse a la incertidumbre de los demás que a la propia; eso te requiere un esfuerzo suplementario del propio conocimiento. Por otra parte, lo bueno es que he podido parar, pensar, reflexionar, y me he dado cuenta de que no necesito estar en un movimiento frenético para estar bien.

Varias décadas contando historias por el mundo, con mucha dignidad, con una capacidad de síntesis increíble, en apenas 30 segundos ha podido desvelarnos realidades muy complejas. ¿Cuál ha sido la clave?

Tiene que ver con la educación que he recibido, nunca hubiera podido hacer lo que he hecho si no hubiera tenido la familia maravillosa que tuve en todos los sentidos, siempre preocupados por proteger mi identidad y mi libertad. Me dieron por suerte recursos materiales para aprender y me enseñaron lo importante que es el aprendizaje, el trabajo, el esfuerzo. Todo eso que yo tenía —no había ningún mérito— fue para darme cuenta de que debía ser aprovechado. Y luego está la convicción; he visto el periodismo como una profesión de servicio, algo que tiene que contribuir, lo más que puedas, a hacer una diferencia en la vida de los demás; y ese compromiso de servicio marca tu forma de funcionar en lo personal y en lo profesional. Evidentemente te equivocas y cometes errores, y ahí la experiencia es importante y los referentes. Ahora, creo, hay un grave problema por el desprecio a la memoria y por lo que ha habido antes que nosotros, nadie nacemos enseñados, creo que hay que aprender de lo que había antes e incorporar lo que va llegando. Esa mezcla de curiosidad, de inquietud, de atención y de interés por los demás es lo fundamental para ejercer esta profesión. Y en lo práctico es observar, escuchar mucho más que hablar, eso a veces es difícil, y respetar; sacarte de la cabeza tus prejuicios, estereotipos, es decir, toda esa carga, para darte cuenta de que de lo que vas a aprender es de lo distinto, y lo que tienes que intentar reflejar es precisamente eso, pero desde la óptica no únicamente tuya sino general; también la comprobación, contextualizar, es una mezcla de todo eso.

¿Ser mujer le ha ayudado a conseguir esa mayor empatía con las personas vulnerables, con las víctimas de conflictos que ha conocido a lo largo de su vida?

"Nos quieren hacer creer que ya no hay que hacer nada, que está todo conseguido, y esa es otra trampa"

Es una cuestión de ser persona, da igual que seas hombre o mujer. Si tu interés y respeto por el otro es genuino, obviamente te vas a acercar con esa empatía necesaria para comprender y ponerte en su lugar, no es tener sentimiento de compasión o de piedad, sino darte cuenta de lo que esa persona está pasando y necesita. Tratar de buscar la forma de ayudarle, de encontrar salidas y soluciones, y eso tiene que ver con cómo es cada uno, da igual que sea hombre o mujer. Pero es verdad que siendo mujeres estamos acostumbradas a tener que pelear por nuestros espacios, por demostrar que somos capaces de hacer lo que queremos hacer, a trabajar permanentemente nuestra estima, porque normalmente a las niñas se les subestima y a los niños se les sobreestima, y eso es algo de lo que venimos desde el principio, y no debería ser así; pero es.
Todo eso crea una capacidad para visibilizar lo que le pasa a todo el mundo, incluidas las mujeres, para ver cómo todos los temas afectan a las mujeres, cómo en todos los temas las mujeres tienen opinión, y eso, la verdad, lo tenemos de una forma más natural, porque nos viene como una carga aprendida y por lo que hemos tenido que pasar… Y es verdad que depende mucho de los entornos, hay entornos más difíciles por ser mujer porque la percepción es otra y generalmente el trato hacia ti es otro, y si los entornos son extremos, estructuras patriarcales, fundamentalismos religiosos, entornos en los que la mujer no cuenta, siempre te lo ponen más complicado.
Pero me parece importantísimo resaltar que las mujeres tenemos la oportunidad de trabajar en los ámbitos femeninos, ahí es donde vemos la cotidianidad. En el vivir cada día de las comunidades es donde se ve lo que ocurre en la sociedad, no con mensajes oficiales que te pueden dar si te mueves solo en el ámbito masculino, que te cuentan solo una mitad. Cuando te mueves en el ámbito femenino tienes el completo y puedes contar con una información mejor. Y ese acceso, más cerrado para los hombres en esas sociedades o en entornos de mujeres muy vulnerables, que han sufrido abusos, es más fácil que te lo cuenten siendo mujer.

Varios grandes medios españoles tienen hoy mujeres como corresponsales en zonas de conflicto, como Oriente Medio. Ha costado llegar a esta situación. ¿Cuál ha sido su lucha interna para ser reconocida por su trabajo?

Me alegra profundamente cómo ha evolucionado a bien la presencia de la mujer en estos ámbitos, es evidente que todavía no hay suficiente presencia en ámbitos de dirección y opinión, pero en las corresponsalías hay muchas mujeres. Evidentemente a mí me costó. Cuando yo empecé, éramos tres intentando movernos en el exterior; que se te considerara y se te considerara capaz para hacerlo fue complicado, a mí me costó mucho, más de 13 años de trabajo intensísimo en todos sectores de la información para ser la primera en conseguir una corresponsalía, también fui la primera que entró como reportera en TVE, en Barcelona. Eso significa perseverancia, tener muy claro lo que quieres hacer, también tener un componente de suerte, pero la labor de pedagogía es muy importante, que los hombres se den cuenta de lo que es la igualdad; no estamos tratando de sustituir a nadie, sino de sumar, y en esa suma los talentos, las capacidades y los esfuerzos los hacen las personas, independientemente de que sean hombres o mujeres. Yo siempre estaré agradecida a TVE porque, aunque me costó, nunca tuve un rechazo frontal; solo en una ocasión, y la realidad es que cuando hubo que hacer un reportaje largo sobre Irán, por la llegada de Jomeini, fui yo la que fue a Irán. Es un trabajo de perseverancia, de determinación y de defender los espacios conseguidos, y de explicar realmente qué es lo que estamos pretendiendo, que es dar simplemente las mismas opciones a todas las personas.

Rosa María Calaf (izda), entrevistando a la primera ministra del Reino Unido Margaret Thatcher en 1985. CEDIDA POR ROSA MARÍA CALAF

Pero hay que trabajar más, demostrar más, aún cuando tu trabajo ya es válido, frente a los hombres, quienes —sin generalizar — se toman las cosas más a la ligera. Las mujeres tenemos que darlo todo, hasta la parte personal.

"El feminismo es un movimiento en beneficio de toda la sociedad, no solo de las mujeres"

Sin duda el esfuerzo es siempre mayor, sea en periodismo o en la mayoría de actividades, porque en todos los ámbitos la primera tarea es ganar ese espacio, porque la capacidad no se presupone y lo tienes que demostrar; y no solo una vez, tienes que demostrarlo permanentemente y hasta el final, aunque lleves muchos años. Tienes que ser muy asertiva, sin brusquedad, que no lleva a ninguna parte, ser muy clara en lo que quieres hacer y por qué lo quieres hacer. Tienes que trabajar mucho tu autoestima para demostrar y explicar que tienes esa capacidad, y después mostrar que lo has hecho, no esconder. Parece que las mujeres tenemos que ocultar nuestros talentos y nuestras habilidades. Desde pequeñas se nos está diciendo: 'No digas demasiado que sabes esto o lo otro porque vas a parecer una sabelotoda'; eso a un niño nunca se le dice. Por tanto, el demostrar y el mostrar que puedes hacer esas cosas y expresarlo, y no tener miedo, controlar la autoestima es fundamental a la hora de avanzar. La verdad es que cuesta. Me preocupa mucho que ahora hay muchísimos, cantidad de cursos, seminarios, charlas sobre empoderamiento para las mujeres y liderazgo femenino para explicar cómo tenemos que ser las mujeres para poder llegar, para que se nos haga caso. Sin embargo, hay muchísimos menos que expliquen a los hombres qué es trabajar con mujeres y la importancia de trabajar con mujeres, que es un valor añadido trabajar con mujeres. De esos veo muy pocos. Y debería haber más.

Muchos hombres creen que eso es cosa de mujeres, que la lucha feminista es nuestra, hasta los que se consideran feministas o entienden la igualdad.

Efectivamente es algo que hay que enseñar. A veces me he encontrado con dificultades que claramente no han sido por una voluntad de humillación, desprecio o condescendencia, sino simplemente una inercia, un sesgo, un convencimiento. Y la prueba es cuando te dicen algo porque eres una mujer y nunca se lo dirían a un hombre. Una de las cosas que me decían cuando empecé: 'He visto tu reportaje, estabas guapísima'. Entonces al siguiente reportaje que yo veía de ellos, les decía: 'Ví tu pieza ayer, estabas guapísimo', y les chocaba… Hay que ponerles enfrente de esas situaciones que ellos provocan muchas veces sin ser conscientes.

Vamos a hablar de la parte emocional como consecuencia del trabajo. Hemos compartido coberturas que han marcado mi vida, desde la independencia de Timor Oriental hasta la saga de secuestros en Mindanao, pero hay un hecho que nunca olvido: el atentado contra una discoteca en Bali. Llegamos juntas esa madrugada y nos encontramos un escenario totalmente dantesco. Aquello me enseñó a enfrentar incluso el olor; no solo lo que ves, sino lo que hueles. ¿Tiene un antídoto contra el dolor? ¿Cómo se hace frente a estas situaciones sin sucumbir?

"El antídoto del dolor es sentir el dolor"

Es la clave para mí, el antídoto del dolor es sentir el dolor, es decir, ser capaz de darte cuenta de lo que allí está sucediendo, lo que a esa persona le está pasando. Y no tomar a las víctimas, como es frecuente en el periodismo instantáneo que se hace ahora, como un decorado, como figurantes que contribuyen a lo que tú tienes que contar, sino todo lo contrario, los protagonistas son ellos. Lo primero es actuar con respeto absoluto e interesarse de verdad por esas personas, y por lo que está pasando allí, son personas que sufren y que tienen esa tragedia tan tremenda. Por ejemplo, en China, durante el terremoto de Xihuan, los afectados acusaban a las autoridades, decían cosas que les podía perjudicar. Ahí tienes que proteger a estas personas, no aprovechar sus vulnerabilidades. Es decir, conocer tus vulnerabilidades, conocerlas para mantenerte hasta cierto punto con una perspectiva, siendo muy consciente de que lo primero son ellos, sus derechos y lo que les está pasando. Y en este punto está la posibilidad de aguantar, porque tienes que aguantar por ellos, si tú te derrumbas y no eres capaz de valorar todo eso, a quienes va a perjudicar es a ellos, y se trata de todo lo contrario. La función del periodismo es visibilizar lo que les ocurre a los demás, por tanto tiene que pasar siempre por lo que les pueda ser más beneficioso. Yo creo que este juego es lo más importante, yo he llorado muchísimo en coberturas, porque creo que hay que hacerlo, es positivo.

Rosa María Calaf, dentro de un coche, durante una cobertura informativa en Mongolia en 2013. CEDIDA POR ROSA MARÍA CALAF

Es sano llorar. ¿En qué momento se ha venido abajo y ha dicho 'esto no tiene arreglo'?

En varios terremotos. Lo de Bali por supuesto, allí lo que me indignó fue ver la diferencia flagrante entre la ayuda que recibieron las víctimas australianas frente a las indonesias, eso lo he visto en otros lugares y genera frustración. Esa indignación tienes que contarla, pero no puedes convertirte en una activista; en ese momento tienes que valorar todos los aspectos. Me acuerdo de un terremoto en Armenia, cuando pertenecía a la Unión Soviética, pudimos llegar con muchas dificultades; y lo primero que hice fue ir a un hospital; el problema inmediato era que no había filtros de diálisis para niños. Entonces sientes la rabia. ¡Cómo es posible que a nadie le haya preocupado en la Unión Soviética, con toda su retórica, que no hubiera filtros para niños! Pensé: 'tengo que conseguir como sea esos filtros', y enviamos la crónica rápidamente a tiempo para que el avión de Cruz Roja que salía desde Madrid incorporara esos filtros, que tampoco estaban previstos.

Esas son las grandes satisfacciones de nuestra profesión.

Es un pequeño granito de arena, pues murió muchísima gente, e ¡imagínate hasta que llegaron esos filtros! Y lo que tú dices, esa sensación de indignación. Por un tiempo se arregla, es un momento puntual, pero sabemos que luego iban a seguir sin filtros.

Volvemos al 8M. ¿En qué hemos avanzado las mujeres en los últimos años en España y en el mundo? ¿Ha sido efectivo el movimiento feminista?

"Las mujeres hemos aprendido a caer cada vez en menos trampas"

Hemos avanzado infinitamente, primero en el número. Cuando yo entré en TVE, en Miramar, era la única mujer, eran los años 70. Estoy hablando de nuestro entorno, siempre nos preocupamos por nosotros, por el mundo occidental, nuestros países y zonas homologables, evidentemente no ha ocurrido lo mismo en todo el mundo. Hemos avanzado en la cantidad, pero mucho menos en el imaginario colectivo, en ese aprendizaje de lo importante que es la diversidad y en lo esencial que es para construir una sociedad más igualitaria. Y por supuesto hemos avanzado mucho en autoestima, en seguridad, en tener muy claras nuestras prioridades, en compaginar nuestras voluntades, en caer menos en la trampa, aunque seguimos cayendo... Una de las grandes trampas es la conciliación, a lo que hay que llegar es a la corresponsabilidad no la conciliación, la conciliación termina perjudicando a las mujeres, como se ha demostrado en Alemania, países nórdicos y países avanzados, pues termina frenando las carreras femeninas. Hemos avanzado en número, en capacidad propia de autoafirmación, en hacer pasar este mensaje a gran parte de hombres, que no tienen que estar enfrente sino al lado. Hemos demostrado que la lucha se puede hacer y hay que seguir haciéndola. Lo que no podemos es caer en otra trampa, en esos países donde la mujer está oprimida y donde les va la vida por defender sus espacios, allí se les quiere hacer creer que no hay nada que hacer, que solo les queda la resignación, porque las cosas son así y no van a cambiar, y eso no es cierto. Y en nuestro entorno, donde hemos conseguido muchísimo, nos quieren hacer creer que ya no hay que hacer nada, que está todo conseguido, y esa es otra trampa.

Para terminar, imagínese que este 8M vienen los Reyes Magos. ¿Qué les pediría?

Muchas cosas…, les pediría que no pasen tantos años para conseguir lo que creemos que sería un beneficio para todos, es decir, que se entienda que el feminismo es un movimiento en beneficio de toda la sociedad, no solo de las mujeres, que una sociedad mejor va a ser la que cuente con los talentos, esfuerzos y capacidades de todos, y no con solo menos de la mitad; y que eso sea más rápido. Porque, sinceramente, si a mí me hubieran dicho en los años 60, desde que llevo peleando por esto, que en pleno siglo XXI tendría que seguir diciendo esto, no me lo hubiera creído. Por favor, que no tengan que pasar tantos años.