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CiU y ERC intentan consolidar su espacio

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CiU y Esquerra cerraron ayer una campaña que las direcciones de los dos partidos coinciden en definir como la más difícil para el nacionalismo dada la bipolarización entre el PSOE y el PP también en Catalunya. Unos y otros se conformaban el último día de carrera con mantener posiciones.

CiU intentará no bajar de la barrera psicológica de los 10 escaños y espera que sean determinantes para formar mayorías en el Congreso. Esquerra firma mantener su grupo parlamentario (y también alguna posibilidad de incidencia pese al desdén con que les trata Zapatero) en un contexto para ellos muy diferente al de 2004.


Contradicciones Mas-Duran

La federación ha protagonizado una campaña accidentada. No sólo por la operación para extirparle un tumor pulmonar a la que, antes de que empezara, fue sometido Josep A. Duran i Lleida y que le ha obligado a pedir el voto a medio gas. También por las contradicciones entre sus dirigentes.

No hay un discurso unitario entre CDC y Unió y entre Mas, Pujol y Duran sobre el papel de la federación en la política española. Duran ha enfriado su querencia por formar parte del gobierno central pero no por colaborar con quien esté en la Moncloa, mientras que el núcleo duro de CDC no quiere plantearse ningún tipo de negociación que no conlleve, de alguna forma aún sin definir, la posibilidad de que CiU vuelva al gobierno catalán. Una concesión que Montilla se ha asegurado que Zapatero ni tan siquiera se plantee.

La federación ha tirado del prestigio de Duran (el político catalán mejor valorado) y no ha hecho demasiadas concesiones al electorado soberanista, el más desmovilizado ante el 9-M. Su candidato ha hecho una campaña muy al estilo Sarkozy en temas como la inmigración o la seguridad y exhibiéndose como tercera vía entre Zapatero y Rajoy. Al primero le ha llamado 'mentiroso' hasta la saciedad (ayer lo hizo con renovada intensidad) y al segundo lo ha presentado como a un extremista.

Clima precongresual

Joan Ridao ha tenido una campaña más plácida, pero en Esquerra hay pánico a un batacazo (algunos sondeos les conceden solo cuatro escaños frente a los ocho actuales). El día siguiente de las elecciones los partidarios de Carod y Puigcercós empezarán a librar una batalla por el liderazgo del partido que se resolverá en otoño y un mal resultado podría tener efectos inesperados y cuestionar su apuesta por el tripartito.

El candidato de Esquerra ha puesto el acento en el mensaje independentista para movilizar al electorado más exigente pero tampoco ha olvidado cubrir el flanco izquierdista para evitar fugas de voto al PSC o a ICV. Ayer mismo se auto-inculpó de haber ayudado a mujeres a abortar. Todo sea por contentar a las dos almas de ERC.