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Crisis de pateras en el Estrecho de Gibraltar

Aunque en los últimos días ha aumentado la llegada a las costas españoles de lanchas con inmigrantes, las viejas pateras están condenadas al desguace

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A pesar de que durante los últimos días se ha multiplicado la llegada a la costa española de lanchas hinchables cargadas con inmigrantes clandestinos, durante los últimos tres años las viejas pateras -que ya no lo son- parecen irremisiblemente condenadas al desguace.

Desde 2009, la inmigración clandestina por vía marítima ha descendido exponencialmente en España, tanto en la costa canaria, en la que el FRONTEX ha logrado comprar voluntades para evitar que los cayucos zarpen de Mauritania o de Senegal, como en la orilla andaluza del Estrecho de Gibraltar. Si en 2009, fueron localizadas 7.285 personas que utilizaron dicha vía, al año siguiente se contabilizaron 3.632, lo que supuso un descenso del 50,1 por ciento en dicha estimación oficial.

'Si hablamos exclusivamente de las migraciones por vía marítima de sur a norte y de origen subsahariano, nuestros informes anuales registran casi siempre las fluctuaciones arriba o abajo, como un perfil de pico de sierra', afirma Carlos Arce, coordinador del área de Inmigración de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía y profesor asociado del Departamento de Derecho Público y Económico de la Universidad de Córdoba.

Desde hace doce años, la paulatina extensión del Sistema Integrado de Viligancia Exterior (SIVE) a lo largo de la costa andaluza, provocó que este tipo de tráfico de seres humanos buscara rutas más lejanas y más peligrosas, como la que puso rumbo hacia las Islas Canarias y que finalmente también parece en horas bajas.

De 2009 a 2010 se redujo en un 50% los inmigrantes que cruzaron en patera

Hasta el pasado 6 de agosto, fueron 1.276 las personas inmigrantes que llegaron a las costas andaluzas, principalmente al litoral de las provincias de Almería y Granada, pero en una geografía de desembarcos que media entre Valencia y Huelva, pasando por Murcia, Málaga o Cádiz, antaño la principal vía de entrada para esta llamativo pero minoritario puente marítimo sobre aguas turbulentas. Claro que en tan sólo una semana, se han ido multiplicando las arribadas: ayer mismo, 48 personas llegaron a la costa almeriense y antes, a lo largo de estos días, hubo otros 12 en Ceuta, 14 en Algeciras, otros 10 en Almería, hasta un total de 1360 desde el pasado 1 de enero, que utilizaron para ello 64 balsas hinchables, aunque tampoco faltaran otros artilugios sorprendentes.

En ese mismo periodo, durante 2011 fueron sorprendidas en esa travesía 1624 personas a bordo de 70 embarcaciones. En el cómputo total, durante ese año fueron detenidas en la costa española 3.151 personas, casi quinientas menos que el año anterior. Se trata de quienes pretendieron entrar ilegalmente en nuestro país arriesgando su vida en el mar, sin recurrir a la mayor playa de desembarco de la inmigración irregular en nuestro país, que hoy por hoy siguen siendo los aeropuertos y principalmente el de Barajas.

Los mal llamados espaldas mojadas en gran medida consiguieron su propósito porque aunque han aumentado las escandalosas redadas policiales y las repatriaciones consiguientes, resulta prácticamente imposible expulsar a los más de doce millones de sin papeles que oficiosamente se cree que residen hoy en día en la Unión Europea, sin derecho alguno y sin otro deber que servir como mano de obra barata y sumisa.

Utilizan balsas hinchables, gomas o hidropedales, entre otros artilugios

'El aumento o el descenso en el número de embarcaciones y de pasajeros no tiene tanto que ver con la percepción de la crisis sino por la aplicación o no de controles más o menos estrictos por parte de las fuerzas marroquíes -insiste Arce-. Es como el tubo de pasta. Cuando Marruecos aprieta de forma más dura en los puntos de salida en la costa norte, desciende. Cuando se relaja el control o incluso cuando la gente que se encarga de organizar estos viajes encuentra un nuevo flanco débil en los perímetros de vigilancia, se produce un repunte'.

En rigor, las viejas pateras, aquellas barcas pesqueras que empezaron a utilizarse en los años 80 para el tráfico de drogas o de personas, ya hace mucho que fueron jubiladas en las aguas del Estrecho. Desde mediados de la década de los 90, se utilizan barcas hinchables, mucho más baratas y seguras, aunque sus pilotos sigan sin tener grandes conocimientos de navegación. Sin embargo, los 'harragas', como se llamaban en Marruecos a los candidatos a navegar rumbo al sueño europeo, ya apenas provienen de dicho país, sino que vienen de Argelia, de Asia o, mayoritariamente, de países situados al sur del Sáhara, en el Africa profunda. Y no sólo utilizan embarcaciones más o menos convencionales sino simples gomas o hidropedales, cuando no pretenden esconderse entre las atracciones de la feria de Ceuta, cuando retornan rumbo a Algeciras: este año fueron sorprendidos entre los cacharros 52 viajeros a ninguna parte.

'Creo que el descenso en el número de pateras, como vulgarmente se le conoce, viene determinado por la presión de la policía marroquí -conviene José Chamizo, Defensor del Pueblo de Andalucía--. Por mucha crisis económica que haya en Europa y los inmigrantes saben que esa crisis es real, hay mucha gente retenida en Marruecos y lo único que esperan es pasar a España. La conciencia de la crisis, en cualquier caso, está afectando a aquellos que están planteándose la posibilidad de emigrar, los que están en pleno proyecto migratorio, están ahí ya, les da igual la crisis porque su objetivo es llegar a España. Tampoco olvidemos que nuestra crisis es un juego de niños comparada con la de Africa'.

Cada viajero paga cerca de 1.000 euros por subir a la embarcación

Según los datos que obran en poder del Defensor del Pueblo de Andalucía, pero también de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, en la actualidad empieza a cobrar fuerza, de nuevo, el tráfico marítimo de drogas, fundamentalmente cannabis pero también ocasionales partidas de cocaína que empieza a llegar desde Marruecos. En ocasiones, se ha llegado a utilizar a la inmigración como tapadera o señuelo del narcotráfico, pero esta práctica sigue siendo aislada. Lo habitual es que cada viajero pague alrededor de mil euros por subir a la lancha y enfrentarse a una de las áreas marítimas más peligrosas del mundo, por sus corrientes y vientos sumamente variables, circunstancias que precisan de una extraordinaria pericia en el timón y que han convertido al Estrecho en una de las mayores fosas comunes del planeta.

'No siempre es fácil pagar esos mil euros -asume Chamizo--. Así que la gente que viene de países situados al sur del Sáhara, suelen haber gastado ya el dinero que traían para su proyecto migratorio. Así que, a menudo, para pagar, se ven sometidos a trabajos esclavizantes, cuando no a vejaciones, algo que especialmente sufren las mujeres. Por no hablar del sentimiento xenófobo que empieza a haber en Marruecos respecto a la población negra'.

Incluso las autoridades alientan tales prácticas, al asumir reportajes sensacionalistas como el que publicara a comienzos del pasado mes de junio el diario 'Assabah', con un llamativo titular: 'Los inmigrantes africanos, implicados en crímenes de guerra'. Lo que faltaba para el canto de un duro cuando su destino habitual era el de sobrevivir en campamentos precarios o en infraviviendas, en espera de dar el salto a las valles de Ceuta y Melilla o de encontrar una vía de escape a través del mar.

Para pagar el viaje, se ven sometidos a trabajos esclavos o vejaciones

La Association Beni Znassen pour La Culture, Le Developpement et la Solidarité, recientemente creada en Oujda, cerca de la frontera argelina a donde conducen a las bravas a muchos de estos inmigrantes, se aprestó a denunciar que dicho discurso era claramente xenófobo, por más que supuestamente se basara en investigaciones gubernamentales sobre algunas de estas personas que habrían entrado a Marruecos y que en algunos casos podrían estar en situación de busca y captura por supuestos ilícitos. De hecho, desde los escaños de la oposición marroquí, durante el pasado mes de mayo, el diputado socialista Abdelhadi Khayrate llegó a afirmar que algunos inmigrantes estaban armados y entrenados y representaban un peligro para el pueblo marroquí.

'Hasta ese momento, Marruecos no había empleado jamás tales argumentos para justificar sus recientes redadas policiales contra los sin papeles', afirma dicha organización marroquí, que por otra parte añade: 'A imagen de España y de Italia, Marruecos entra en una verdadera guerra contra la inmigración'.

El ambiente subió considerables grados en julio, cuando un soldado marroquí murió durante un intento de salto de la valla de Melilla, lo que motivaría formidables redadas en los alrededores y el inicio de una investigación que probablemente no arroje nunca datos esclarecedores. En dicho enclave, la tensión sigue latente. Hace varios días, la Confederación Española de Policía (CEP) responsabilizaba a Marruecos por las 'agresiones' que, según esta organización, están sufriendo policías españoles en la frontera con Melilla, porque las autoridades magrebíes permitirían 'la permanencia de los alborotadores en la tierra de nadie'. El delegado del Gobierno en dicha ciudad autónoma, Abdelamalik El Barkani, no piensa así y entiende que dichas hostilidades contra agentes de la aduana de Beni-Enzar, provienen de delincuentes que arrojan piedras contra los policías.

Marruecos ha iniciado una depuración del puesto fronterizo de El Tarajal

A finales de la pasada semana, Marruecos inició una sorprendente depuración del puesto fronterizo de El Tarajal, en Ceuta, donde alrededor de medio centenar de agentes de la policía, de la aduana y de la Gendarmería, fueron detenidos por mantener una red de corruptela, que incluía el tránsito rápido de la frontera, a cambio de unos billetes bajo cuerda, una propina a la que se le suele llamar bashkis y que a veces se completa con un regalo. Sin embargo, el hecho de que dicha medida se adopte cuando aún tiene lugar la Operación Paso del Estrecho, que coordina el retorno vacacional de los inmigrantes marroquíes en Europa, ha provocado más de un problema en dicho filtro fronterizo.

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