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Garzón plantea su libro como su despedida como juez en España

El magistrado, suspendido de sus funciones, presenta 'La fuerza de la razón', un alegato de su inocencia

ÁNGELES VÁZQUEZ

Baltasar Garzón volvió a demostrar ayer que no es un juez típico. Con tres causas abiertas por prevaricación en el Tribunal Supremo, presentó su libro, La fuerza de la razón, en el Círculo de Bellas Artes, en Madrid, como "despedida" de los que quizá "no vea más". Y quiso que esa despedida fuera "no en una sala de justicia, sino en esta sala de columnas".

Arropado por jueces de la Audiencia Nacional, abogados y políticos, como Gaspar Llamazares y Santiago Carrillo este último recibido con aplausos por los asistentes o Juan López de Uralde, líder de Equo, "el magistrado Baltasar Garzón", como quiere que le sigan llamando , aunque esté suspendido de funciones, hizo pública toda una declaración de principios.

El magistrado niega haberse apartado de "la verdad, la justicia y la reparación"

"Todavía no sé por qué estoy aquí y cómo va a acabar, aunque me puedo hacer una idea según van ocurriendo las cosas. Pero sí estoy preparado para lo que me pueda ocurrir", anunció al comienzo de su intervención, en la que repasó los tres procedimientos seguidos por el Supremo.

El libro que presentaba arropado por los suyos, entre los que figuraban representantes de las víctimas de los crímenes franquistas, son sus reflexiones sobre la situación en la que se encuentra. "En esta pesadilla, este thriller, esta novela negra, se ha escuchado muy poco a Baltasar Garzón", afirmó el escritor Manuel Rivas, para explicar por qué era necesaria la larga entrevista que hizo al magistrado por iniciativa de la cineasta Isabel Coixet. Por un accidente "no grave", esta fue la gran ausente de la velada de apoyo al juez de la Audiencia Nacional.

El hueco fue llenado con el alegato de Rivas a favor de Garzón, del que dijo que "el proceso de demolición, de deconstrucción" que sufre "es un intento también de demolición de todo aquello en lo que los seres humanos demócratas pueden confiar". De ahí la importancia de esta obra "para contrarrestar a tantos ladrones del lenguaje y manipuladores".

Manuel Rivas dice que "en este thriller, en esta pesadilla, no se ha oído al juez"

Cuando le llegó su turno, Garzón no defraudó al auditorio. La obra, dijo, "es una denuncia de quien se siente injustamente tratado", aunque él mismo admite que su caso sea incomparable con otras "injusticias", con otras situaciones mucho más graves, como lo ocurrido en Japón, en Libia o "en España no hace muchos años".

"Hay unas denuncias y hay que investigarlas y lo único que pido es que esa acción de la justicia se produzca cuanto antes", afirmó en un intento de eliminar esa imagen suya de víctima de una injusticia que presidía el acto, para cederle el protagonismo a las que le llevaron a investigar los crímenes franquistas. Sus palabras fueron recibidas con aplausos.

Tras señalar que hay prensa que "acuchilla con sus noticias" y recordar a un "viejo responsable político" que dijo que "Garzón, cuando más lejos de España mejor", el magistrado aseveró que "nunca" se había "apartado un milímetro" del trinominio "verdad, justicia y reparación".

En el caso de la Memoria Histórica, el juez admitió que puede haber varias interpretaciones jurídicas. "Podemos acertar o equivocarnos, pero en ningún caso se puede criminalizar una interpretación del Derecho en crímenes contra la humanidad, como sin duda, sin ninguna duda, fueron los crímenes ocurridos en España desde el 36 hasta bastante entrada la posguerra", aseguró.

Con el bagaje que le proporciona el haber tenido contacto con muchas víctimas de distintos crímenes contra la humanidad, Garzón insistió en que el Derecho debe darles respuesta a su petición de Justicia. "No sé en qué medida, pero no puede ser vedada o sustraída, por prescripción o por amnistía. Porque no deben quedar desamparadas las víctimas", reflexionó.

Respecto a las otras causas abiertas en su contra por el Tribunal Supremo, que "tienen menor impacto en la opinión pública", el juez ni las mencionó. "Una es más técnica y la otra he renunciado a tratar de entenderla", dijo en referencia a la conocida como los cobros que recibió mientras estuvo en Nueva York y la abierta por ordenar las escuchas de los imputados presos en el caso Gürtel, cuando era su instructor.