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La ola de infecciones por covid-19 tensa la coalición del Gobierno valenciano

Las altas cifras de contagios no solo ponen a prueba el sistema sanitario, sino también la relación entre el PSOE y sus socios del Botànic, Compromís y Podem, que hasta el momento se habían mantenido en un segundo plano.

Un sanitario realiza test para detectar la covid-19 a pacientes en sus vehículos frente al hospital de campaña de La Fe de València
Un sanitario realiza test para detectar la covid-19 a pacientes en sus vehículos frente al hospital de campaña de La Fe de València. EFE

El debate político entre los socios del Gobierno valenciano ha ido subiendo de tono al mismo ritmo que los contagios por covid-19, como si la pandemia no solo sometiera a estrés el sistema sanitario, sino también la buena salud de los acuerdos del Botànic.

Si hasta el momento, la bronca le había circunscrito a las redes sociales, ahora ha subido un peldaño con la publicación de un comunicado de prensa, firmado por toda la plana mayor de Compromís exigiendo medidas más contundentes de contención. La acción llegaba horas después que la consellera de Sanidad, la socialista Ana Barceló, descartara un nuevo confinamiento domiciliario tras los acuerdos tomados en la Comisión Interdepartamental. Y esto justo el mismo día que el País Valencià superaba todas las estadísticas de fallecimientos, con 92 muertos en una sola jornada.

La toma de posición pública de los valencianistas –que llega después de otro comunicado de Podem, en una línea parecida, el jueves pasado, y otro de Esquerra Unida pidiendo directamente el confinamiento domiciliario- ha molestado especialmente al entorno del President. "No lo esperábamos, Compromís conoce la importancia de la lealtad", expresaban fuentes próximas a Ximo Puig citadas por La Vanguardia

Pero los reproches entre socios no vienen de ahora. Mientras el País Valencià podía presumir de gestión de la pandemia –con cifras de contagios muy por debajo de la media y con una gestión alejada de los desastres de otros territorios- Puig y Barceló capitalizaron la situación prácticamwnte en solitario. "Los socialistas se quejan ahora que las cifras de contagios se han disparado, de que se cargue toda la responsabilidad sobre Puig, pero si no hubieran optado por una gestión tan personalista, ahora no se podría hacer esto", argumentan voces próximas a Compromís.

Ya con la tercera ola llamando a las puertas, a principios de diciembre, la vicepresidenta Mónica Oltra empezó a pedir pidiendo públicamente mayores restricciones mayores. Pero desde el Gobierno se argumentó que "la gente necesitaba una Navidad más tranquila" y no se tomaron medidas especialmente drásticas, más allá de avanzar el toque de queda a las once de la noche. Ya entonces, el tono de la respuesta de algunos cargos socialistas molestó a Compromís. El portavoz parlamentario socialista, Manolo Mata, llegó a responder a las peticiones de la vicepresidenta que "mi mujer también está empeñada en que se cierre nosequé". Con el descontrol de la curva en plena Navidad, los perfiles de redes sociales valencianistas recordaron la polémica, cargando contra una supuesta cesión de Puig al lobby hotelero para que pudieran mantenerse abiertos durante las fiestas. Estas acusaciones fueron respondidas por el entorno político y mediático socialista con las imágenes de la cabalgata de Reyes del Ayuntamiento de València, responsabilidad de Joan Ribó.

Sanidad desbordada

Mientras tanto, la propagación del virus está totalmente fuera de control en el País Valencià, con cifras de ocupación hospitalaria similares, o incluso superiores, a las de marzo, cuando se decretó el confinamiento domiciliario. El viernes pasado, la consellería de Sanitat ordenó la suspensión de todas las operaciones y pruebas diagnósticas no esenciales. Y desde el martes diferentes hospitales públicos han empezado a derivar pacientes no covid a centros privados, ante la incapacidad de garantizar los tratamientos.

Aunque es cierto que esta nueva oleada llega con una mayor organización, más material y mejores conocimientos sobre como afrontar el virus, también lo hace con unas plantillas agotadas y desmoralizadas por la falta de refuerzos sustanciales tras nueve meses de pandemia.

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