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11-S "Desde anarquistas hasta católicos": los informes de la red de embajadas de EEUU sobre las protestas contra la guerra de Irak

El Gobierno de George W. Bush siguió con gran atención las reacciones sociales que despertó aquel capítulo de la "guerra global contra el terror". Distintos documentos desclasificados del Departamento de Estado muestran las inquietudes que estos asuntos generaban entre el personal diplomático de la Administración estadounidense.

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El "No a la Guerra" que en 2003 atravesó Europa llegó a los principales despachos de la Casa Blanca. Lo hizo de la mano de la red de embajadas de EEUU en distintos puntos de Europa –también en España–, que se desplegó para realizar un detallado seguimiento de las multitudinarias protestas contra la invasión a Irak. En algunos casos, los informes estuvieron acompañados de datos sobre los referentes del movimiento pacifista. 

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Distintos documentos desclasificados del Departamento de Estado de EEUU muestran la preocupación que aquella ola de protestas generó en la Casa Blanca, donde temían que la reacción social contra la guerra pusiera en riesgo los apoyos de varios líderes europeos a la intervención militar que, en base a unas inexistentes armas de destrucción masiva, se desarrollaría en suelo iraquí.

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En España, uno de los principales focos europeos del "No a la Guerra", la embajada no sólo se encargó de redactar informes sobre las movilizaciones masivas en distintas ciudades, algunos de ellos con datos aportados por funcionarios que estuvieron presencialmente en las manifestaciones para comprobar cuáles eran los mensajes antibelicistas. 

Según consta en los informes, la representación estadounidense en Madrid llegó incluso a desarrollar una serie de recomendaciones dirigidas a su personal para que evitara cualquier "roce" con los manifestantes. Para ello, elaboró listados de las ciudades donde se desarrollarían las manifestaciones y, en el caso de la capital española, detalló el recorrido que seguiría la histórica manifestación del 15 de febrero de 2003, considerada como una de las más multitudinarias de la democracia. 

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En una reunión celebrada tres días antes, el Comité de Acción Urgente de la embajada de EEUU en Madrid "discutió la necesidad de que todo el mundo aumente su conciencia de seguridad, así como minimizar todos los eventos rutinarios y repetitivos". 

Por esas mismas fechas, desde Londres advertían al Departamento de Estado sobre el "ambiente cada vez más sombrío" que existía en el Reino Unido tras el apoyo decidido del entonces primer ministro Tony Blair a la guerra de Irak, lo que había provocado "las mayores manifestaciones de la historia británica".

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"Materialismo marxista"

En Washington también recibieron informes desde la ciudad alemana de Leipzig, aunque en ese caso no solo se buscaba dar detalles sobre el creciente movimiento contra la guerra, sino también detallar el factor "marxista" de los antiguos pobladores de Alemania del Este como posible aspecto a tener en cuenta a la hora de entender esas protestas. 

Tras advertir sobre la influencia que ejercía el "materialismo marxista" entre los pobladores de esa zona, subrayaban que "los alemanes del este se inclinan a creer que la política de Estados Unidos en Irak está impulsada por la búsqueda de más petróleo". "Protestar contra la guerra es una forma de ocupar un terreno moral elevado y demostrar superioridad frente a los demás. También es una forma de compensar la inferioridad económica, especialmente frente a Alemania Occidental", agregaban.

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Asimismo, apuntaban que "las iglesias, que desempeñaron un importante papel en el derrocamiento del régimen comunista de la República Democrática Alemana, son ahora uno de los centros de las actividades contra la guerra".

"Extrema izquierda"

"Más de mil manifestantes han intentado bloquear los trenes que transportan material militar estadounidense en el norte y centro de Italia", informaba por su parte el consulado de EEUU en Milán. Desde allí elaboraron una especie de radiografía ideológica de las protestas: "Los manifestantes –afirmaba– van desde anarquistas hasta pacifistas y católicos".

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Los funcionarios del Gobierno de Bush dirigían especialmente su atención hacia "un grupo antiglobalización y antiguerra llamado Los Disobbedienti dirigido por Luca Casarini, que fue uno de los principales organizadores de las protestas durante la reunión del G8 celebrada en 2001 en Génova".

Casarini es un reconocido militante de la izquierda italiana que actúa en diversos campos de protesta y que hoy es conocido por su papel en la ONG italiana Mediterranea Saving Humans, dedicada al rescate de personas migrantes que viajan a bordo de precarias embarcaciones. 

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En 2003, Casarini estaba en el centro del seguimiento que efectuaba el personal del Gobierno de EEUU en Italia. En alusión a Los Disobbedienti, el informe remitido a Washington advertía que "el grupo se comprometió a bloquear todos los trenes que transportaran material relacionado con la guerra", y que lo que buscaba era "interrumpir el proceso que condujera a la acción militar de Estados Unidos contra Irak". 

"Casarini representa a la extrema izquierda, numéricamente insignificante, pero sus actividades entran en juego en la lucha por el liderazgo general de la izquierda", observaba el informe. En esa línea, advertía que si bien "Los Disobbedienti de Casarini no están, según la mayoría de los informes, interesados en engancharse a la izquierda política organizada, sin embargo ofrecen una tentadora reserva de votantes potenciales, especialmente para los posibles líderes situados más a la izquierda en el espectro de la oposición". 

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El informe advertía que Casarini había "animado a los estudiantes y trabajadores a que hagan huelga" y se uniesen a las manifestaciones, "con el fin de bloquear los trenes que transportan suministros militares estadounidenses". En ese contexto, "las autoridades italianas han pedido que los envíos se retrasen hasta 24 horas para intentar pillar desprevenidos a los manifestantes", relataba la embajada.

Los funcionarios aseguraban además que los trabajadores de la central sindical CGIL en el ámbito portuario "habrían facilitado información sobre las rutas de los trenes y los planes a los organizadores de las protestas", lo que evidenciaba el acceso de la embajada de EEUU a determinados datos internos sobre las acciones antibélicas.

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"Abundante comida y bebida"

Ese clima antibélico había llegado también a Letonia –otro de los países que apoyó la invasión–, donde la embajada de EEUU advertía de que "un grupo de artistas letones, en colaboración con una empresa de relaciones públicas y algunos patrocinadores adinerados, ha lanzado una campaña para oponerse a las operaciones militares en Irak". 

En un documento titulado La campaña antiguerra se acelera en Riga, los funcionarios explicaban al Departamento de Estado que el grupo contrario a la invasión de Irak estaba formada por "populares cantantes, actores y escritores letones que han diseñado una página web y han producido varios anuncios impresos, así como de televisión y radio, en los que condenan los planes de Estados Unidos de utilizar la fuerza en Irak".

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"La campaña –continuaban– utiliza eslóganes pacifistas e imágenes horribles de explosiones de bombas para instar a la gente a firmar una petición en la que se pide al Gobierno de Letonia que reconsidere su postura". Asimismo, la embajada de EEUU en Riga mostraba su sorpresa por la "calidad profesional y los altos valores de producción de todos los aspectos de la campaña".

En esa línea, la embajada se permitía sembrar sospechas sobre el origen de los fondos de dicha iniciativa pacifista en Letonia. "Los funcionarios del Gobierno informan de que las reuniones de la organización de la campaña han contado con abundante comida y bebida –afirmaba–. Aunque al menos uno de los patrocinadores declarados es un ejecutivo de publicidad, están tan desconcertados como nosotros sobre el origen de los bolsillos lo suficientemente profundos como para financiar un esfuerzo tan amplio". 

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"Habituales sospechosos"

Desde la lejana Oceanía, los representantes estadounidenses alertaban en febrero de 2003 sobre "la mayor protesta antibélica de la historia de Australia", cuyo gobierno conservador había decidido sumarse a la guerra de Irak con el envío de 2.000 soldados.  

"Cerca de 500.000 personas protestaron en las manifestaciones pacíficas. Los medios de comunicación australianos dieron mucha importancia al hecho de que los manifestantes procedían de una gran variedad de orígenes ideológicos y demográficos, además de los habituales sospechosos de centro-izquierda, que son los que tradicionalmente participan en las concentraciones contra la guerra, la globalización y los refugiados", apuntaba la embajada en Canberra.

En otro tramo de su informe, la delegación diplomática de EEUU restaba valor a la "estridente retórica antibélica" de los verdes australianos. 

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