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Bogavante, mujeres y campos de concentración

Hermético y aislado como su régimen, el dirigente aunó represión y excentricidad

D. BRUNAT

Según el régimen, Kim Jong-il murió el sábado de un ataque al corazón mientras viajaba en su tren privado. Tenía 69 años. Nació el 16 de febrero de 1942 en el monte sagrado de Paektu, pegado a la frontera con China, en un campamento militar de la resistencia contra la ocupación japonesa. Tras su llegada al mundo surgió una nueva estrella en el cielo y se formó un doble arcoíris sobre el monte.

Esa es la versión oficial de Corea del Norte. Algo más mundana es la de los investigadores surcoreanos, que sitúan su nacimiento en Siberia (antigua Unión Soviética), en un campamento de guerrilleros comunistas exiliados de China y Corea.

Tan difícil como conocer los datos exactos de su nacimiento es descifrar el desarrollo de su vida. En los años ochenta, el fundador de la República Democrática Popular de Corea (RDPC), Kim Il-sung, presentó a su hijo mayor como su legítimo heredero y fabricó en torno a él la misma aura mística que había hecho construir para sí mismo, desvelándole durante más de una década los entresijos del poder y legitimando su figura ante la cúpula militar. Así, a la muerte del Amado Líder en 1994, Kim Jong-il, rebautizado como Querido Líder, tomó las riendas de un país aislado del mundo, solo en su cruzada estalinista y protegido únicamente por China.

Para sostener su poder dinástico, Kim Jong-il no dudó en invertir gran parte de sus recursos económicos, extremadamente mermados tras la gran hambruna que arrasó Corea del Norte a mediados de los noventa, en el desarrollo de armas nucleares y misiles de largo alcance. La dictadura de Kim Il-sung tomó bajo la batuta de Kim Jong-il un toque excéntrico y frívolo.

Su padre le legó un aura mística y las claves para controlar el poder

Célebres son las historias de su pasión por el bogavante, el champán, el cine y las mujeres. Célebres también son los relatos de los campos de concentración secretos que hay en todo el país, donde miles de personas (junto a sus familias) son encerradas durante décadas en condiciones infrahumanas y ejecutadas en masa por delitos insignificantes.

Ha sido bajo el mandato de Kim Jong-il cuando Corea del Norte ha reforzado su apelativo de 'peor dictadura del mundo' o de 'país más hermético del planeta', dirigido por un hombre enigmático que usaba plataformas en los zapatos, escribía óperas y al que apenas se veía fuera de su territorio, en escasas visitas a China y Rusia.

Desde que el Querido Líder sufriera una embolia cerebral en agosto de 2008, se apresuró a preparar a su tercer hijo, Kim Jong-un, como sucesor, a quien nombró como tal hace un año.

El dictador trataba actualmente de realizar una tímida apertura económica bajo la supervisión de China para adaptar el régimen a sus nuevas necesidades.

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