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Olas California California se prepara para una subida del mar de 150 centímetros en los próximos años

Un informe de la Oficina de Análisis Legislativo de California urge a los gobiernos locales a adoptar medidas inmediatas para afrontar la subida del nivel del mar que tendrá lugar en los próximos años y décadas.

Una mujer pasea en una playa de Cardiff (California). REUTERS/Mike Blake

En el condado de Marin, situado en la costa californiana, niños y adultos están preparándose ya para afrontar las consecuencias de la crisis climática y la subida del nivel del mar que se producirá en los próximos años. Lo hacen a través de Game of Floods, un juego interactivo que permite recrear los escenarios más probables que afectarán a las comunidades costeras del estado dorado. Los participantes evalúan el riesgo al que se enfrentan ante la subida del nivel del mar, las medidas de adaptación necesarias para mitigar algunos de los daños que causarán las inundaciones, el coste que la implementación de dichas medidas le acarreará a las arcas públicas, y las decisiones que, a nivel individual, también pueden tomar.

A priori, podría parecer que esta herramienta educativa es la norma a lo largo y ancho de un estado que suele estar a la vanguardia de temas medioambientales en EEUU. Pero la realidad es que los gobiernos locales de California no están actuando con la urgencia requerida para responder a la amenaza que se cierne sobre la región.

“Esto es lo que necesitamos para educar al público sobre un escenario que no es hipotético y que no tendrá lugar dentro de cientos de años. [La subida del mar] va a ocurrir en breve y debería ser una prioridad no sólo para el gobierno, sino también para la ciudadanía”, asegura en entrevista con Público Rachel Ehlers, de la Oficina de Análisis Legislativo de California. “La ciencia al respecto es bastante concluyente”.

Hace unas semanas, la analista y su equipo dieron a conocer Preparándose para el aumento de las aguas marítimas: cómo el estado puede apoyar los esfuerzos locales de adaptación costera, un informe que insta a adoptar medidas inmediatas en la próxima década para lidiar con la subida del mar que se avecina, que puede alcanzar ciento cincuenta centímetros para 2030 y dos metros para 2100 –unos aumentos que cambiarán de forma irremediable la geografía y la economía de la costa del Pacífico–.

Ehlers advierte, sin embargo, que para muchos ciudadanos estas cifras no transmiten el sentido de urgencia que en realidad implican. Y recalca que, si las autoridades locales y estatales, así como la ciudadanía, no sincronizan esfuerzos para abordar esta crisis y se quedan de brazos cruzados durante los próximos diez años, el efecto será devastador para una de las principales potencias económicas del mundo: “Hay que hacer más y más rápido”, afirma la experta.

“Hay mucha incertidumbre en cuanto al nivel de subida del mar en cada periodo. Hay más certeza de lo que ocurrirá en los próximos diez años que en los próximos cincuenta. Parte de ello dependerá de lo que suceda con las emisiones de gases de efecto invernadero y del aumento de las temperaturas a nivel global”, explica. “Pero hay estimaciones del coste que los daños tendrán si no nos preparamos, y esa cifra es de cientos de miles de millones de dólares. Prepararse será caro, pero no hacerlo, lo será aún más”.

Entre las recomendaciones detalladas en el informe, las zonas costeras tendrán que construir diques de arena y humedales capaces de frenar el impacto de las inundaciones y de las olas. El objetivo es que puedan actuar como una barrera para proteger la infraestructura que se encuentre en estas zonas.

Pero las regiones costeras también deben iniciar la construcción de unas 100.000 viviendas al año para alojar a los desplazados por las inundaciones y la desaparición de parte de la costa. Los municipios y localidades deben comenzar a trasladar la infraestructura y los edificios públicos –incluyendo hospitales, colegios, carreteras y aeropuertos– a zonas más alejadas de la costa marítima.

Aunque está costando esfuerzo, el mensaje va poco a poco calando en la conciencia pública. Lo cuenta la española Rocío Fernández, que lleva 33 años viviendo en ciudades que se extienden a lo largo de la costa californiana como Monterey, San Francisco y Los Ángeles. En breve, Fernández se trasladará a una propiedad que ha adquirido a unos quince kilómetros del muelle de Oceanside, en una colina sobre la que espera estar a salvo de la subida de las aguas, aunque admite que no tiene garantías de que así sea.

“Desde el punto de vista medioambiental, me preocupan enormemente los daños –incluso irreparables– que el ser humano está causando al entorno. No tenemos conciencia ni un sentido de responsabilidad lo suficientemente desarrollado para tomar las decisiones que salvarán a nuestro planeta”, lamenta la profesora universitaria. “Si el individualismo humano continúa siendo el motor de nuestras decisiones, tal vez en unos años nuestra única preocupación pase por elegir los flotadores que nos mantengan a la deriva en medio del océano”.

Para Ehlers, los desafíos que encaran las comunidades costeras pondrán a prueba la capacidad de éstas para tender puentes de solidaridad con otras, ya que ninguna solución será viable sin la cooperación entre distintos vecindarios, municipios y condados. De hecho, aquellas poblaciones con un porcentaje elevado de familias obreras o las comunidades de migrantes tendrán más dificultades para adaptarse a los cambios necesarios.

Pero el mayor reto –y quizá el más inminente– pasa por priorizar qué cantidad del presupuesto público se destinará a paliar los efectos de la crisis climática en un estado desbordado por temas que también requieren soluciones urgentes, como reducir la cifra de desamparados, el precio de la vivienda y los alquileres, y lograr salarios proporcionales al elevado costo de la vida.

“Muchas comunidades costeras están empezando a hacer planes, pero se trata de ir más allá del planeamiento y empezar a implementar lo necesario para avanzar”, asegura Ehlers. “El impacto se va sentir a distintos niveles y es importante que empecemos a prepararnos ahora y que prioricemos lo que queremos preservar y proteger”.

Una de estas prioridades debe ser, según la experta, velar por los recursos naturales de California, un estado cuya identidad ha sido construida a partir de sus playas paradisíacas y que, en cuestión de décadas, podrían desaparecer.  “Si se produce un aumento en el nivel del océano de un metro ochenta, podemos perder dos tercios de nuestras playas, algo que cambiará California de manera significativa. Por no hablar ya del efecto que tendrá en los hábitats para la vida marítima y salvaje”, concluye.

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