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De campo de exterminio a patrimonio mundial de la memoria: la ESMA argentina busca el reconocimiento de la UNESCO

Este martes se presenta en Madrid la campaña lanzada por el Gobierno de ese país para conseguir que el organismo internacional incluya en su listado a este ex centro clandestino de detención, donde hubo miles de torturas y asesinatos.

ESMA
La Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los principales centros de exterminio de la dictadura argentina, en una imagen de archivo. EFE

Carlos Lordkipanidse conoció el horror en términos sublimes. A los verdugos de la dictadura argentina no les alcanzó con tenerle atado a una camilla y realizarle descargas eléctricas en su cuerpo: también torturaron, delante de sus ojos, a su hijo Rodolfo, un bebé que aún no había cumplido su primer mes de vida. El escenario de esa y otras tantas atrocidades fue la Escuela de Mecánica de la Armada, la ESMA, unas siglas que en Argentina huelen a infierno y memoria.

El reino del horror dejó paso a un espacio de lucha contra el olvido. Donde entre 1976 y 1983 podían torturarte hasta el cansancio o hasta la muerte, hoy los sobrevivientes y familiares de desaparecidos se cruzan con visitantes que buscan conocer lo que significó la ESMA. Lo que ayer fue el principal campo de exterminio de la dictadura de Jorge Rafael Videla es hoy un museo de la memoria.

El Gobierno argentino busca hoy que ese espacio de la memoria obtenga un reconocimiento internacional: una campaña lanzada desde Buenos Aires pide que la UNESCO incluya a la ESMA en el listado de sitios considerados como patrimonio mundial de la memoria, un reconocimiento otorgado hasta ahora a otros cinco símbolos del horror.

La iniciativa va a ser presentada formalmente en España este martes 28 mediante un acto organizado por la embajada de la República Argentina en Casa América de Madrid. En el acto van a estar presentes la ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, Ione Belarra; el Secretario de Estado de Memoria Democrática, Fernando Martínez López; el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y el secretario de Derechos Humanos del Gobierno de Argentina, Horacio Pietragalla, entre otros.  

Entre los lugares que cuentan con esa declaración se encuentran el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, uno de los lugares más atroces del genocidio nazi; el Muelle de Valongo, ubicado en Río de Janeiro, Brasil, que fue el principal punto de llegada de esclavos provenientes de África en toda América; o la Isla de Gorée, otro símbolo del comercio de personas en Senegal.

Arrojados vivos al mar

"La ESMA tiene una gran relevancia dentro de la historia de Argentina y también de la región por lo que significaron los sanguinarios y perversos golpes de estado en esta zona", afirma Pietragalla a Público. El ahora secretario de Derechos Humanos del Gobierno argentino sufrió esa perversidad en carne propia: este hombre de 45 años es un hijo de desaparecidos que fue apropiado por la dictadura cuando tenía cinco meses. El militar argentino Hernán Tefzlaff entregó a la criatura a su empleada doméstica, que se hizo pasar por su madre. Gracias a la persistente lucha de Abuelas de Plaza de Mayo, Pietragalla logró conocer su verdadera identidad en 2003. 

El máximo representante del área de Derechos Humanos en el Ejecutivo argentino tiene su oficina en uno de los edificios del predio que comprende la ESMA. "En este lugar se torturó, se violó a mujeres, se generaron maternidades clandestinas donde se robaron muchos de los hijos de esas compañeras que parieron aquí. Muchos detenidos fueron llevados a aviones y arrojados vivos al Río de la Plata", remarca en alusión a los denominados "vuelos de la muerte".

De 5.000 detenidos que pasaron por ese infierno se estima que solo sobrevivieron unos 200. Sus máximos responsables han sido condenados por la Justicia argentina por delitos de lesa humanidad.

El documento de postulación de la ESMA a la lista de lugares de patrimonio de la UNESCO repasa precisamente esos horrores y destaca, sobre todo, la importancia de preservar los testimonios como antídoto contra el olvido. "Para los visitantes argentinos y de todo el mundo la visita al Museo Sitio de Memoria ESMA – Ex Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio es una experiencia que los interpela tanto a nivel emocional como racional", señala el texto del Gobierno argentino al que ha tenido acceso Público.

En tal sentido, señala que la muestra allí existente "les presenta la historia del lugar, que tuvo un rol central en la organización del terrorismo de Estado entre 1976 y 1983, les describe las características de la represión ilegal basada en la desaparición forzada de personas, los pone en contacto con los testimonios de las víctimas, y los invita a reflexionar sobre el triunfo de la oposición pacífica y la capacidad de persuasión de los organismos de Derechos Humanos para lograr consenso social y alcanzar finalmente Justicia".

"La exposición de este proceso doloroso y al mismo tiempo esperanzador bastaría para suscitar una mirada profunda sobre la condición humana y para que nos interroguemos sobre los recaudos que debemos tomar para preservar a la sociedad de toda clase de autoritarismo, para que 'Nunca más', como indica el lema argentino e internacional, sucedan estas cosas", subraya. Por tales motivos, el documento remarca que "se trata de una institución que tiene una trascendencia internacional que es necesario reconocer y preservar".

"Un símbolo"

La candidatura de la ESMA empezó a andar en 2017. Ese año, el Estado argentino solicitó al Comité de Patrimonio Mundial la inscripción de ese sitio en su lista tentativa, paso previo para el envío del expediente. Al año siguiente, el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos y la Secretaría de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural pusieron en marcha un plan de trabajo que fue aprobado a finales de 2018 y reformulado para comenzar los trabajos en marzo de 2019.

Sus promotores avanzan ahora en el cumplimiento de los requisitos técnicos, sociales, diplomáticos y políticos para lograr la nominación. "La ESMA es un símbolo de la lucha de las organizaciones civiles como Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. También de la voluntad del Estado respecto a cómo algo puede cambiar simbólicamente", subraya Pietragalla desde aquel viejo centro del horror, hoy convertido en faro de la memoria. 

 

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