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El cerco en torno al príncipe Andrés para que declare por tráfico de menores se estrecha en el caso Epstein

La abogada de 16 víctimas pide al hijo de la reina que colabore con la Justicia. El tratado de extradición entre EEUU y Reino Unido favorece a los americanos, aunque el duque dispone de un robusto equipo de abogados.

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El príncipe Andrés, Duque de York y tercer hijo de la reina Isabel II.- EFE

Conxa Rodríguez

La detención de Ghislaine Maxwell, de 57 años, acusada de proveer menores para uso sexual de Jeffrey Epstein, fallecido en agosto pasado, y sus amigos, estrecha el cerco en torno al príncipe Andrés. Los abogados del hijo de la reina quieren acordar las preguntas que se le puedan formular al duque de York, y que las respuestas sean por escrito mientras que los abogados norteamericanos requieren un interrogatorio en persona y sin cuestionario pactado previo. El lunes, la abogada Gloria Allred, representante de 16 víctimas del tráfico de menores para supuesta explotación sexual, manifestó al programa radiofónico Today de la BBC lo siguiente: "Queremos que el príncipe nos diga qué hizo y qué vio en sus estancias en casa de Epstein en Nueva York; es una figura clave en esta investigación".

Gloria Allred, como todas las partes implicadas en este escándalo de millonarios, jet-set y tráfico de menores para, presunto, abuso sexual, ha puesto su atención ahora en Ghislaine Maxwell, que comparecerá ante el juez el próximo viernes, y su posible alianza con los fiscales. La detenida podría declararse implicada o culpable a cambio de una condena menor. De ser culpable de todos los cargos que le imputan, la presunta madam podría ser condenada a 35 años de cárcel. La identificación de otras personas involucradas en la corrupta trama, por parte de Ghislaine, es el mayor interrogante abierto en torno al príncipe. El mismo Andrés ha reconocido en su entrevista del pasado noviembre a la BBC que conoció a Jeffrey Epstein a través de la hija del ex magnate Robert Maxwell.

Para mayor cierre del cerco al hijo de la reina, una de las acusadoras, Virginia Roberts Giuffre, que atestigua que fue llevada en 2001, con 17 años de edad, a Londres para tener relaciones sexuales con el duque de York en casa de Ghislaine Maxwell, se ha explayado en el programa de televisión 60 Minutes de la cadena australiana Channel Nine. En la entrevista ha dicho que "el príncipe debe tener pánico", por la detención de Ghislaine Maxwell.

El dominical The Sunday Telegraph publica que el ministerio del Interior británico (Home Office) no quiere inmiscuirse en el asunto real y que la ministra de Interior, Prity Patel, prefiere que el príncipe colabore con la Justicia norteamericana para cerrar el espinoso asunto de tráfico de menores para explotación sexual. Un deseo, el de dar carpetazo al morboso tema, que no parece ni fácil ni cercano a tenor de la detención de Ghislaine Maxwell.

La posibilidad de una solicitud de extradición gravita como una pesadilla sobre el palacio de Buckingham y el Home Office. El tratado de extradición entre EEUU y Reino Unido es uno de los puntos flacos en la relación entre ambos países. Actualmente, Londres y Washington están enzarzados en la extradición de Anne Sacoolas, de 42 años, esposa de un diplomático norteamericano. Anne Sacoolas atropelló, conduciendo su vehículo por la parte errónea de la carretera, el pasado mes de agosto, a Harry Dunn, de 19 años que circulaba con su moto. Las heridas del accidente le causaron la muerte. La colisión se produjo en Croughton, condado de Northamptonshire, (centro de Inglaterra), donde la Air Force estadounidense tiene el centro de comunicaciones. Ella dejó el país al día siguiente del accidente.

El Gobierno británico ha solicitado la extradición de Anne Sacoolas. El Departamento de Estado aduce "inmunidad diplomática" para rechazar la extradición. La familia de Harry Dunn ha iniciado una campaña bajo el lema "Justicia para Harry" que topa con puertas cerradas a los timbres a los que llama. El tratado de extradición entre ambos países es criticado con frecuencia en Reino Unido puesto que, desde 2007, Londres ha entregado a EEUU 135 ciudadanos, 99 de ellos por crímenes no violentos, mientras que Washington ha puesto a 11 personas en manos de la Justicia británica.

El caso más conocido es el de Gary McKinnon, el hacker acusado en 2002 de "la mayor interferencia militar de todos los tiempos" al infiltrarse en los ordenadores de la NASA y del Distrito Militar de EEUU. Gary McKinnon operaba desde una habitación del piso de su novia en el norte de Londres; fue diagnosticado con el síndrome de Asperger. Su lucha contra la extradición se prolongó diez años, de 2002 a 2012. Se libró por los pelos de la extradición a EEUU gracias a los informes que le calificaron de vulnerable ante un posible juicio de la envergadura del que se le presentaba.

Este tratado de extradición, que lleva 135 contra 11, surge de nuevo estos días con el caso del príncipe Andrés, aunque el hijo de la reina dispone de un robusto equipo de abogados que reta cada punto y coma del acuerdo entre ambos países. El pacto establece que debe haber una "causa probable" para que ciudadanos americanos sean entregados a Reino Unido mientras que para los británicos, "sospechas razonables" son suficientes para mandar a ciudadanos de Gran Bretaña a EEUU.

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