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Chalecos rojos: los tunecinos llaman a retomar las protestas 

La sociedad tunecina toma el relevo de los chalecos amarillos franceses y llama a la revolución popular después de que el movimiento de la primavera árabe del 2011 terminara concluyera en la dictadura de Zinedin el Abedin Ben Ali.

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Ciudadanos tunecinos se manifiestan en la huelga celebrada el pasado 22 de noviembre./EFE

El nuevo movimiento de los chalecos rojos en Túnez advirtió de que la revolución popular que en 2011 acabó con la dictadura de Zinedin el Abedin Ben Ali ha fracasado e instó a los tunecinos a retomar las protestas pacíficas en la calle.

En una rueda de prensa celebrada este viernes en la capital, los promotores de este nuevo movimiento social, inspirado en la movilización de los "chalecos amarillos" en Francia reclamaron al Gobierno "una mejora de las condiciones de vida".

"Nuestro movimiento está abierto a todos. Exigimos desarrollo, mejora de las condiciones de vida de los tunecinos y que se combata la creciente inflación", explicó a los periodistas Riadh Jrad, uno de los activistas.

"Se han formado nueve comités de coordinación regional y 53 de coordinación provincial. Tenemos 22 demandas para mejorar el empleo, el desarrollo, la sanidad y que se aumente el salario mínimo", detalló.

En la misma línea se pronunció su compañero Nejib Dziri, para quien el problema reside en que "el gobierno y toda la clase política han fracasado".

"Durante la caída de Ben Ali en 2011, el pueblo exigió justicia social, libertad y dignidad. Nada de todo eso se ha realizado. Llamamos a protestar de forma pacífica. Sin violencia y sin vandalismo", subrayó.

El movimiento de los chalecos rojos nació el pasado 8 de diciembre con un anuncio en las redes sociales y con la voluntad de replicar la ola de protesta popular que ha puesto contra las cuerdas al presidente francés, Enmanuel Macron.

Contrario a las políticas de austeridad y recortes impuestas desde hace dos años por el Ejecutivo tunecino, en su primer mensaje aseguró que su objetivo es "dar a la juventud tunecina "dignidad y derecho a tener una vida digna".

El surgimiento se produce días antes de que se recuerde el octavo aniversario de la muerte de Mohamad Bouazizi, el joven vendedor ambulante tunecino que con su decisión de suicidarse a lo bonzo tras ser humillado por la Policía desató la revuelta que el 14 de enero de 2011 acabó con la dictadura de Ben Ali.

Aquel alzamiento popular, conocido como la "revolución del Jazmín", desató las ahora marchitas "primaveras árabes", una oleada de protestas que alcanzó a países como Egipto, Siria, Yemen, Barein y Arabia Saudí, con resultado dispar.

Desde hace dos años, el aniversario del inicio de la revuelta se ha convertido en una oportunidad para renovar las protestas en el país, que el año pasado se saldaron con la muerte de manifestantes y decenas de heridos y arrestados.

Aunque la transición política tunecina ha sido exitosa, apenas se ha avanzado en la reforma económica en un país que ocho años después adolece del paro y la corrupción, dos de las principales causas de la revuelta.

La situación económica ha empeorado en los últimos dos años, arrastrada por las políticas del Gobierno, que se ha visto obligado a pedir un crédito de 2.500 millones de euros al Fondo Monetario Internacional (FMI), y las exigencias de recortes y austeridad que la institución ha impuesto para concedérselo.