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Las comunidades indígenas de México temen que la nueva normalidad les traiga el virus

Los integrantes de los pueblos originarios hay un 70% más de riesgo de morir de Covid-19 que el resto de mexicanos.

Vista general de Villa Guadalupe, México. Anna Portella
Vista general de Villa Guadalupe, México. Anna Portella

Anna Portella

Las tiendas de Villa Guadalupe, en el estado de Oaxaca, tienen unos depósitos de agua con una pastilla de jabón en la entrada para que los clientes se laven las manos al entrar y al salir. No pueden pagar los geles hidroalcohólicos que se encuentran por tres euros el medio litro en supermercados. En esta comunidad indígena mixteca del sur de México viven 800 personas, aunque, como pasó con muchas comunidades rurales, desde que comenzó el encierro en el país, el 23 de marzo, han regresado estudiantes, los que migraron a la ciudad o los que ahí se quedaron sin trabajo.

"Aquí decimos que lo tenemos bien fácil para mantener la distancia social, somos pocos y nos saludamos de terreno a terreno", explica a Público la cineasta Ángeles Cruz, una oriunda de esa comunidad que decidió hacer la cuarentena en su pueblo natal, aunque sabe que esto conlleva sus riesgos. "Si enfermamos cinco ya será demasiado porque solo hay una clínica rural con una doctora", explica. Aún tienen suerte. En Magdalena de Tequisistlán, otro municipio oaxaqueño, el hospital más cercano está a 50 quilómetros. "Una persona que tiene una urgencia médica, muere. Apenas ayer falleció una a la que le dio un infarto", explica Roel Filio Lozano, alcalde de esta comunidad chontal.

Los indígenas tienen un 70% más de riesgo de morir de la covid-19 que el resto de mexicanos. Este sábado el país alcanzó los 175.202 infectados y 1.895 fallecidos oficiales. El portavoz del gobierno para la pandemia dijo el pasado miércoles que hay más de 1.700 positivos y más de 300 defunciones en los pueblos originarios. Pero esto solo tiene en cuenta los que pueden ser atendidos en un centro de salud y cumplen con los requisitos para que les hagan un test PCR, en un país que ha renunciado abiertamente a hacer pruebas masivas a los ciudadanos.

Organizaciones de la sociedad civil han levantado la voz esta semana para alertar de que ya se están detectando brotes en pueblos originarios, ahora que el país está transitando hacia la nueva normalidad. Tanto en Villa Guadalupe como en Magdalena de Tequisistlán solo han tenido un caso hasta el momento, aunque en este último, les han llegado noticias de que oriundos que emigraron a Estados Unidos fallecieron ahí por covid-19. En ambos municipios, las autoridades locales adoptaron medidas de contención más restrictivas que las que estableció el gobierno federal: se establecieron filtros sanitarios en la entrada al pueblo, toques de queda, y los comercios básicos solo pueden abrir en un horario determinado. "Cosa insólita, la Coca-Cola dejó de venir por un mes", explica la cineasta, por teléfono.

Todo para suplir las "deficiencias estructurales en las comunidades que denotan la ausencia del estado", afirma el informe Situación de las comunidades indígenas y equiparables ante la emergencia sanitaria por el virus SARS-COV-2, que publicó esta semana la organización Serapaz. Para ellos, la estrategia para contener y mitigar el avance del virus en el país no ha tenido una perspectiva intercultural que les permitiera a estas comunidades adoptar medidas acorde a sus tradiciones e identidad. "Hay que reconocer a estas comunidades como sujetos de derecho público", explicaba una representante de la organización, Citlali Hernández.

Autogobierno

Varios pueblos originarios tienen un sistema de autogobierno que se rige por sus usos y costumbres. Esto les permite, por ejemplo, tener sus propios sistemas de elección de las autoridades locales. En Villa Guadalupe, es la asamblea, que integran todos los miembros de la comunidad. Se reúne unas cinco veces al año, entre otras, para elegir al representante. Las votaciones pueden durar más de 24 horas. "Es la presentación más importante que tengo siempre", explica Ángeles Cruz — cada vez que quiere rodar una película en su comunidad tiene solicitar el permiso de la asamblea. "Es la que más me gusta y la que más miedo me da, porque aquí nos hablamos de frente", asegura la ganadora de un premio Ariel — el equivalente al Goya en México — al Mejor Cortometraje, en 2012.

Fue esta autonomía la que permitió que las comunidades adoptaran sus medidas de mitigación al margen de las que impuso el estado federal. El gobierno de Oaxaca, de hecho, llegó a atribuir el bajo nivel de contagios que ha habido en el estado a los usos y costumbres de los pueblos originarios, aunque en parte de estos no se habían hecho pruebas PCR. Actualmente es el estado número 20 (de 32) con más contagios confirmados.

En Magdalena de Tequisistlán no abrirán hasta el 30 de junio. "Créame que estamos más preocupados por nuestra salud [que por la economía]", explica el alcalde, a pesar de que en México, 7 de cada 10 ciudadanos indígenas viven en situación de pobreza.

Este año, Ángeles Cruz pidió salud durante el tau, un ofrecimiento que en su comunidad hacen a la Tierra cuando inicia la temporada de siembra. Ella define la relación que tienen con la "madre Tierra" como su "mayor religiosidad". En el tau, las familias comen pozole, pollo, mole, pulque, agua, miel, mezcal y tortilla. Brindan con la Tierra y entierran las ofrendas. "Aquí no se hace nada sin no se pide permiso a la Tierra", dice la mixteca, "ni una película".

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