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Brasil El Congreso brasileño salva a Temer de perder la Presidencia

El presidente de Brasil consiguió este miércoles que el Congreso archivara la denuncia por corrupción pasiva de la Procuraduría General de la República y evitó ser destituido del cargo e investigado por el Tribunal Supremo. Todavía tendrá que enfrentar otras dos denuncias en un mandato volcado en su supervivencia y en la aprobación de reformas impopulares.

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El presidente de Brasil, Michel Temer, habla sobre el archivo del proceso de corrupción que tramitaba en la Cámara de los Diputados. EFE/Joédson Alves

El resultado era un secreto a voces, la clave era saber con qué margen de ventaja conseguía el presidente brasileño salvar su pellejo. Michel Temer ha salido ileso gracias a 263 votos en contra de seguir adelante con las investigaciones de corrupción pasiva por la que le acusa la Procuraduría General de la República (PGR).

Fueron 227 diputados los que votaron a favor de su destitución y de llevar la denuncia ante el Tribunal Supremo Federal, pero la oposición necesitaba de 342 votos (dos tercios del Plenario) para que el mandatario perdiera su cargo y fuera investigado.

En menos de un año de gobierno el presidente Temer (PMDB), acorralado por diversos escándalos de corrupción, ha visto cómo podía perder su puesto en el Ejecutivo. El líder brasileño se ha convertido en el primer mandatario del país en ser denunciado por la Procuraduría General de la República (PGR) por un supuesto delito cometido durante el ejercicio de su mandato.

En un ritual muy parecido al que pasó la expresidenta Dilma Rousseff en su impeachment, la oposición, liderada por el Partido de los Trabajadores (PT), vio frustrados sus intentos de destituir al presidente. De nada les sirvió atrasar la votación durante unas horas.

El presidente de la Cámara, Rodrigo Maia, -quien podría haberse convertido en presidente si Temer hubiera sido destituido- se puso a mandar mensajes por el móvil nada más comenzar la sesión. En el Plenario los diputados se dividían entre los que gritaban “Fuera Temer” con carteles con el mismo eslogan y lanzaban billetes falsos al aire. Luego estaban los que aplaudían y vitoreaban su apoyo al mandatario. Todo al más puro estilo de final de campeonato futbolera, que es en lo que parece haberse convertido la política brasileña de los dos últimos años.

En esta ocasión los diputados evitaron el espectáculo que hicieron durante el impeachment contra Rousseff al dedicar su voto a “Dios y a su familia” y esta vez lo dieron en nombre del “futuro del país” y fueron más comedidos. El discurso de los parlamentarios que optaron por la permanencia de Temer se centró en la idea de “no parar de nuevo el país” con la elección de otro presidente: “No es una cuestión de nombres ni de partidos, nuestro compromiso es con Brasil y con sacar adelante la agenda de reformas”, decían los líderes del PMDB. Desde la oposición recordaron que el 88% de los brasileños está a favor de investigar al mandatario: “Votamos por la dignidad y el deseo del pueblo. En este país nadie puede estar por encima de la Ley por eso el presidente debe ser investigado”, dijo Luana Costa, diputada del Partido Socialista Brasileño (PSB).

La oposición también recordó que la expresidenta Rousseff fue apartada por maquillaje de las cuentas presupuestarias, un delito administrativo y no criminal como el que pesa sobre Temer. Los afines al presidente reconocieron “la gravedad” de la acusación de corrupción pasiva pero alegaron “falta de pruebas” para continuar con la investigación de la denuncia.

La compra de votos

Las votaciones mantuvieron el guion que había definido Michel Temer. El presidente pasó las últimas tres semanas en una romería de reuniones con diputados aliados y de la oposición, para conseguir los votos que le salvaran. La gravedad de la acusación de corrupción pasiva unida a los índices récords de rechazo que tiene el mandatario entre la población hicieron que Temer tuviera que sacar la maquinaria federal más pesada para conseguir los apoyos necesarios para mantenerse en su puesto.

Según el diario Folha de Sao Paulo el presidente habría prometido invertir alrededor de 5,5 billones de euros tan solo en enmiendas parlamentarias y proyectos en municipios. En el día de la votación un periodista del mismo periódico escuchó como el líder del partido DEM, Efraim Filho le preguntaba al líder en la Cámara del PP, Aguinaldo Ribeiro que le confirmara lo pactado con el Ejecutivo: “Oye el proyecto de Paraíba está garantizado ¿no?”, ante la afirmativa, se dieron un abrazo.

El gasto millonario de esta votación se contradice con el discurso de “recorte presupuestario” y de “sacrificio de las arcas públicas” que defiende Temer desde que llegó al gobierno. El presidente también decidió exonerar a diez ministros de su cargo para que pudieran votar como diputados a su favor. Lo mismo hizo con media docena de parlamentarios que tenían baja médica y que fueron obligados a votar para beneficiar al mandatario.

Silencio de las calles

El diario de humor brasileño Sensacionalista (una especie de Mundo Today) abría su página con el siguiente titular: “El Congreso decide hoy si los brasileños harán el papel de tontos o de otarios”, describiendo a la perfección la sensación que se vivía en las calles. A pesar de que Temer se haya convertido en el presidente más rechazado desde la redemocratización del país –las últimas encuestas señalaban un 96% de rechazo de la ciudadanía- los brasileños no prestaron atención a una votación que podía acabar con la carrera política de su mandatario.

“Si se va Temer y entra el que le sigue, no me afecta nada. Los dos defienden acabar con los derechos de los trabajadores y con nuestras pensiones. Son todos iguales”

El hastío y el cansancio de ver un país cada vez más frágil económicamente, todavía tocado por un polémico impeachment, y con más de la mitad de su Legislativo y buena parte del Ejecutivo acusado de corrupción, ha terminado por provocar un clima no tanto indignación sino de indiferencia. “No sirve de nada que salgamos a la calle. Todo ese Congreso está corrupto y encima tenemos que aguantar que decidan nuestro futuro, prefiero no saber y seguir con mis cosas”, nos decía un Paulo Vieira dos Santos (63 años), un quiosquero del barrio de Vila Mariana en Sao Paulo. Ya la administrativa Margarida da Silva (42 años) aseguraba que esta votación no iba a cambiar su vida: “Si se va Temer y entra el que le sigue, no me afecta nada. Los dos defienden acabar con los derechos de los trabajadores y con nuestras pensiones. Son todos iguales”, decía en relación a la reforma laboral implantada hace un mes que favorece a los empresarios y supone un grave retroceso para los derechos de los trabajadores.

La socióloga Esther Solano, especialista en manifestaciones y movilizaciones sociales, señalaba que además del hastío de la ciudadanía, ninguno de los movimientos sociales que sacaron a la gente a la calle en los últimos años estarían ahora interesados en la salida de Temer: “Los que estaban a favor del impeachment son más conservadores y prefieren que no salga el mandatario. Por otro lado está el PT que aunque vote a favor de su salida, entre los bastidores aseguran que prefieren que el presidente se desgaste para poder llegar ellos con más fuerza en las elecciones de 2018”.

El gobierno del desgaste

Temer ha superado otro bache en su desgastado gobierno. Pero su futuro todavía pende de un hilo. Algunos analistas opinan que sale de esta votación más reforzado, pero para otros la situación del mandatario es cada vez más frágil. Según Solano lo que estaba en juego en la Cámara este miércoles no era el presidente: “Lo que hemos visto era apenas un trámite porque el resultado lo sabíamos de antemano. Lo que se votaba hoy era la aceptación o no de las reformas de Temer y de las que están por aprobar como la del Sistema de Pensiones”. Esta última reforma tiene el rechazo del 98% de los brasileños por eso un apoyo sólido del Congreso es clave para que salga adelante antes de que acabe el año.

Los mercados internacionales y los resultados de la Bolsa de Sao Paulo han dejado claro su apoyo a las políticas económicas del líder brasileño. En el caso de que más adelante fuera destituido, su sucesor Rodrigo Maia, ya ha advertido que las reformas y las políticas a favor del mercado financiero serán su prioridad.
La Procuraduría General de la República tiene todavía otra baza para acusar al presidente de obstrucción a la Justicia y pertenencia a una organización criminal. Si se formalizaran esas dos denuncias, la Cámara de los Diputados tendría que volver a reunirse para votar a favor o en contra de investigar al presidente.

Pero el resultado de la votación de este miércoles ha vuelto a demostrar que el Congreso brasileño vota en función de una política de alianzas e intereses personales. Los mismos que levantaron la bandera anti corrupción para destituir a Dilma Rousseff, esta vez optaron por ignorarla y apoyar a un mandatario acusado de corrupción pasiva. No se sabe lo que harán si prosperan las otras dos denuncias contra el presidente. Apenas queda un año y medio para las elecciones de 2018 y el futuro del país a corto plazo sigue siendo incierto.