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El diálogo entre Armenia y Azerbaiyán se congela por la ausencia de Alíev y el turco Erdogan de la cumbre europea de Granada

Los presidentes azerbaiyano y turco cancelan su asistencia a la cumbre europea de Granada. Su ausencia del evento complica el diálogo con Armenia y evidencia las injerencias europeas en el Cáucaso.

Nagorno Karabaj
Armenios étnicos huyen la pasada semana de Nagorno Karabaj en su coche, en la localidad armenia de Kornizdor. Anatoly Maltsev / EFE

Estaba previsto que Armenia y Azerbaiyán se sentaran a la misma mesa este jueves bajo los auspicios de la Cumbre de Comunidad Política Europea (CPE) que acoge la ciudad de Granada. Pero las maniobras bajo esa misma mesa de los países que iban a hacer de padrinos de la reunión, Alemania y Francia, han llevado a que los azerbaiyanos hayan tirado por el camino del medio y suspendido la visita de su jefe de Estado, Ilham Alíev.

Ya el cierre de filas europeísta se había ensombrecido en Granada después de que diera plantón uno de los líderes más esperados en este encuentro de la CPE, el presidente turco, Recep Tayyib Erdogan. El líder turco era reclamado por los azerbaiyanos para que se sumara a la reunión con Armenia junto a los líderes europeos patrocinadores del acercamiento: el canciller alemán, Olaf Scholz; el jefe de Estado francés, Emmanuel Macron, y el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel.

Pero ninguno de éstos veía con buenos ojos la participación en el diálogo de Turquía, demasiado cercana a Azerbaiyán y en parte responsable de la modernización y rearme que permitió al ejército azerbaiyano vencer a Armenia en la campaña militar de 2020.

Las fuerzas armadas de Azerbaiyán, muy bien pertrechadas, remataron su reconquista de Nagorno Karabaj con el ataque de hace unas semanas, que consiguió la rendición de este enclave disputado por las armas por los dos países desde más de tres décadas, incluso cuando eran repúblicas soviéticas.

Turquía recelosa por las preferencias europeas por Ucrania

La ausencia del presidente turco de la cumbre muestra los recelos de Ankara ante el proceso de ampliación de la Unión Europea pergeñado por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en el que se da prioridad a recién llegados como Ucrania, aunque se encuentre en guerra.

Turquía ha protagonizado una actitud ambigua ante la invasión de Ucrania por Rusia, socio económico y militar de Ankara. En un principio se decantó por encabezar incipientes negociaciones en la sombra entre Moscú y Kiev que no prosperaron por la oposición de Estados Unidos y Gran Bretaña. Después, Turquía ha sido una figura clave en las negociaciones, ahora congeladas, entre Rusia, Ucrania y la ONU para facilitar el transporte de grano ucraniano por el Mar Negro.

Esa "autonomía" en su política en materia de seguridad respecto a sus colegas de la OTAN levanta muchas suspicacias en el seno de la Unión Europea, que ven a Ankara como otro posible estado díscolo al estilo de Polonia y Hungría en el este de Europa y en caso de que se uniera a la familia de la UE.

Es cierto también que Turquía tiene muchos hándicaps para incorporarse a la UE en la ampliación que se va a tratar estos días en Granada, desde escollos inmigratorios a la violación sistemática de derechos humanos, pero su importancia geopolítica y económica a mitad de camino entre Europa y Asia dotan a este país de un valor estratégico sin parangón para la Unión.

Francia, detrás del fracaso de la reunión 

La ausencia de Erdogan de la reunión con Armenia había sido muy criticada por Azerbaiyán, pero fue la actitud de Francia, el mejor amigo de Ereván en Europa, por la gran comunidad armenia que vive dentro de sus fronteras, la gota que colmó la paciencia azerí.

Es cierto que la tensión era ya muy alta para pensar que se podría alcanzar un alto el fuego duradero o firmar un armisticio en Granada. Tras el ataque militar contra Nagorno Karabaj y ante el temor a una masacre étnica, más de 100.000 karabajíes de origen armenio han abandonado ya ese territorio y las voces se han alzado entre la diáspora armenia y aquellos países que la acogen, como Francia, con los dedos señalando acusadores hacia Azerbaiyán por intento de genocidio étnico.

Este martes, la ministra de Asuntos Exteriores francesa, Catherine Colonna, viajó a Ereván y se reunió con el primer ministro armenio, Nikol Pashinián. La jefa de la diplomacia gala no debía estar pensando en la cumbre de Granada y el encuentro organizado entre los dos países del Cáucaso a la sombra de la Alhambra, cuando denunció con dureza los "crímenes" cometidos por Azerbaiyán en Nagorno Karabaj.

"Francia siempre estará en el lado armenio", llegó a decir la ministra gala.

Armas francesas para Armenia

Pero más duro para los oídos de Alíev debió ser la confirmación por Colonna de la firma de un acuerdo de entrega de armas a Armenia destinado a garantizar su seguridad contra la amenaza de Azerbaiyán. En Bakú vinieron a la memoria los recuerdos de la primera guerra entre azeríes y armenios por el control del Karabaj en los años noventa, recién caída la URSS, y en la que fue Ereván la vencedora con apoyo de Rusia y de sus armas.

A Moscú no le gustan nada los coqueteos de Armenia con EEUU y la UE

Un respaldo que ya ha dejado de proporcionar Moscú a los armenios, hasta el extremo de que sus tropas de paz, desplegadas según el acuerdo logrado en 2020, no movieron un dedo para impedir en septiembre pasado que los azerbaiyanos lanzaran su ataque contra Nagorno Karabaj.

En estos tiempos de guerra en Ucrania es mucho más importante para Rusia mantener una buena relación con Turquía, cuyos intereses en la orilla este del Mar Negro dependen a su vez de la alianza con Azerbaiyán. Además, a Moscú no le han gustado nada los coqueteos de los últimos tiempos de Armenia con Estados Unidos y la Unión Europea. Y cuando los rusos sienten que les ponen los cuernos, la respuesta suele ser sonada.

A las declaraciones de Colonna, los azerbaiyanos han respondido que la acción militar que retomó ahora Nagorno Karabaj estaba simplemente dirigida a recuperar su propio territorio.

Se pierde una oportunidad de oro en Granada

Aunque en los últimos días se habían rebajado las expectativas sobre lo que se podría haber sacado de la reunión entre azerbaiyanos y armenios, sí existía el convencimiento de que este encuentro al menos rebajaría el temor a un nuevo brote de violencia en torno a Karabaj.

Ahora todas las cartas quedan de nuevo encima de la mesa y si bien Armenia está muy debilitada, precisamente esta fragilidad podría llevarla a aceptar cualquier tipo de trato con Occidente, no solo económico sino especialmente militar.

En Armenia la desconfianza es muy grande. Al fin y al cabo, Europa necesita del petróleo y gas de Azerbaiyán

No obstante, en Armenia la desconfianza es muy grande. Al fin y al cabo, Europa necesita del petróleo y gas de Azerbaiyán, al que también apoya, por cierto, Israel, con armas y otras asistencias militares. Este interés de Tel Aviv por Azerbaiyán bebe a su vez en la tensión entre azeríes e iraníes. Las reivindicaciones de la minoría étnica azerí que vive en el noroeste de Irán ha agriado las relaciones entre Bakú y Teherán, de forma que la diplomacia iraní no ha tenido reparos en acercarse a Armenia en respuesta.

Pashinian, armenio, pero cabeza de turco

En toda esta madeja de intereses, el primer ministro armenio Pashinian aparece como la eventual cabeza de turco, nunca mejor dicho, de esta crisis. Acusado de traidor estos días por "permitir" el ataque azerbaiyano contra Nagorno Karabak, Pashinian era el más interesado en que saliera adelante el diálogo de Granada.

El jefe de Gobierno armenio cree que no merece la pena arriesgar la propia existencia de su país por mantener el control de Karabaj

El jefe de Gobierno armenio cree que no merece la pena arriesgar la propia existencia de su país por mantener el control de Karabaj. Pashinian era partidario de abrir canales de conversaciones con Alíev, para lograr un armisticio duradero e incluso la firma de un tratado de paz. También de normalizar las relaciones con Turquía y después atender a las aspiraciones europeístas.

No parece que Pashinian vaya a recordar con agrado esta cumbre de Granada. Por eso Alemania y Francia tienen en sus manos poner los intereses de la propia UE por encima de los propios y recordar que, si se produce la ampliación prevista para 2030, con la entrada de varios países balcánicos en la Unión y la definición de lo que se quiere hacer con Turquía, entonces el Cáucaso tomará un mayor valor estratégico si cabe que el que ahora tiene.

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