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EEUU Trump Trump endurece su posición contra Irán a 70 días del fin de su mandato

Conforme se acerca el final del mandato del presidente Donald Trump, la administración estadounidense ha decidido reforzar con intensidad las sanciones contra Irán. Las redes sociales y los medios de Oriente Próximo no descartan que Trump también lance una operación militar contra la república islámica para dificultar más la tarea de su sucesor, Biden.

Imagen de archivo del presidente de EEUU
Imagen de archivo del presidente de EEUU. Joshua Roberts / REUTERS

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

En los días siguientes a las elecciones americanas han repicado con vigor en las redes sociales de Oriente Próximo los tambores de guerra contra Irán. Casi todas las intervenciones se han originado en ciertos países del Golfo Pérsico, con los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí a la cabeza, y también en Israel.

Los medios de comunicación de la región se han hecho eco, pero en sus análisis no siempre se muestran decisivos. Aunque es evidente que se les han calentado las rotativas, los medios indican en numerosas ocasiones que no está claro que en los 70 días que le quedan en la Casa Blanca al presidente Donald Trump se le vaya a ir la mano.

Mientras los tambores siguen sonando, uno de los argumentos que los analistas utilizan para alejar una intervención militar es que durante los cuatro últimos años el presidente no ha iniciado ninguna guerra en ninguna parte del mundo, algo que no ocurría desde hace cuatro décadas, concretamente desde el mandato del demócrata Jimmy Carter (1977-1981).

Naturalmente, Washington está siendo azuzado desde distintos países para que se embarque en una aventura de ese tipo. El rey saudí Salman ha dicho este jueves que Irán constituye el principal peligro de la región, una opinión que no comparten los ciudadanos de ese país según una encuesta que se publicó este miércoles en Israel y que revela que para los saudíes la principal amenaza es Israel.

El secretario de Estado, Mike Pompeo, un belicoso entre los belicosos, viajará a Israel el 18 de noviembre en el marco de una gira por la región. Aunque Pompeo se lanzaría contra Irán con los ojos cerrados y sin pensárselo dos veces, es posible que Trump no comparta ese deseo tan extendido en Oriente Próximo.
En lugar de lanzar una guerra, en las próximas semanas Washington va a redoblar las sanciones contra la república islámica con el fin de dificultar en la medida de lo posible el trabajo del nuevo presidente electo Joe Biden, quien ha reiterado en distintas ocasiones que uno de sus objetivos es retomar el acuerdo nuclear que Barack Obama firmó en 2015 y que Trump abandonó tres años después.

Según el portal hebreo Walla!, que citaba esta semana fuentes israelíes y árabes, el representante especial para Irán y Venezuela de Washington, Elliot Abrams, uno de los personajes más siniestros de su país, implicado en crímenes de guerra pero indultado, se dispone a dictar sanciones contra Irán "cada semana hasta enero".

El domingo Abrams se reunió con el primer ministro Benjamín Netanyahu y con otros responsables israelíes para acabar de ligar las sanciones. La maquiavélica idea de los republicanos es que con más sanciones, el equipo de Biden, si quiere sentarse en la mesa que los iraníes, se verá obligado a levantarlas, lo que le causará un considerable desgaste. "El objetivo es que haya tantas sanciones como sea posible el 20 de enero, y que sean sanciones que Biden no pueda levantar", dijo un funcionario israelí a Walla!

En este contexto, los iraníes aguardan impacientes el cambio de presidente previsto para el 20 de enero. El titular de Exteriores, Javad Zarif, envió un "sincero mensaje" a sus vecinos de la península arábiga: "Trump se irá dentro de 70 días, pero nosotros nos quedaremos aquí para siempre. Apostar por gente de fuera para que os dé seguridad nunca es una buena apuesta. Extendemos nuestra mano a nuestros vecinos para dialogar y resolver las diferencias".

En Israel dicen una y otra vez que Irán ha roto el acuerdo de 2015 produciendo material nuclear por encima de lo estipulado en sus compromisos, lo cual es cierto, aunque debe señalarse que la fabricación de ese material se produjo con posterioridad a 2018, cuando Trump abandonó el acuerdo y comenzó a imponer duras sanciones contra Irán a petición de Israel.

Esto significa también que Teherán se reserva ese aspecto, es decir la fabricación adicional de material nuclear, como una baza con la que jugar con la próxima administración. Los iraníes fueron en todo momento escrupulosamente fieles al acuerdo con Obama, mientras que no puede decirse lo mismo de la administración Trump.

El papel de Biden no será fácil y en los próximos dos meses Trump intentará complicarlo más. Biden está obligado a incorporar a otras potencias regionales y mundiales a las discusiones con Teherán, y desde el minuto cero sabe que países como Israel, o países que están en su órbita, como Arabia Saudí, pondrán toda clase de obstáculos, especialmente si el Senado acaba de dirimirse a favor de los republicanos.

Esto sin tener en cuenta la posibilidad, remota pero existente, de que a Trump se le crucen los cables e inicie una guerra. La fulminante destitución del secretario de Defensa, Mark Esper, y la subsiguiente dimisión de distintos altos cargos del Pentágono, que han sido substituidos por personas fieles a Trump, abre la posibilidad de una intervención militar.

Tzachi Hanegbi, uno de los ministros más próximos a Netanyahu, dijo hace unos días que Israel podría intervenir militarmente contra Irán en una acción unilateral con la que naturalmente se pretendería arrastrar a EEUU. Son palabras dirigidas principalmente a Washington y a sus aliados árabes, pero no hay que descartar que sean una amenaza en toda regla.

Los dirigentes iraníes han repetido hasta la saciedad que no entra en sus planes fabricar una bomba atómica, pero lo más probable es que continúen almacenando material nuclear con el fin de reforzar su posición en futuras negociaciones. En caso contrario tendrían poco que ofrecer a sus interlocutores.

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