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Estados Unidos agrava la crisis libanesa con más sanciones

La administración de Donald Trump está hundiendo a Líbano en una crisis política más profunda de la que ya atraviesa. El viernes Washington aplicó sanciones contra un influyente político al que acusa de corrupción. El cristiano Gebran Bassil ha replicado que las sanciones contra él no tienen nada que ver con la corrupción sino con la alianza de su partido con Hizbolá.

Gebran Bassil, jefe del movimiento Patriótico Libre, habla en el palacio presidencial de Baabda.
Gebran Bassil, jefe del movimiento Patriótico Libre, habla en el palacio presidencial de Baabda. Reuters

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

Estados Unidos ha dado otra vuelta de tuerca en Líbano, esta vez imponiendo duras sanciones contra el influyente político cristiano Gebran Bassil. Anunciadas el pasado viernes, las sanciones han causado una vorágine en el país y arrojan dudas sobre los métodos que Washington emplea para perseguir a todo aquel que no se doblega a sus intereses.

En una locución televisiva que realizó el domingo, Bassil declaró que las sanciones son "injustas y tienen una motivación política" puesto que no se fundamentan en la corrupción sino en sus relaciones con Hizbolá y en el deseo de EEUU de que Bassil rompa las cálidas relaciones que mantiene con la influyente organización chií, decisiva para lograr estabilidad en Líbano.

Gebran Bassil, de 50 años, lidera el Movimiento Patriótico Libre, la principal formación cristiana maronita (católicos) del país, ha sido ministro en varias ocasiones y es yerno del actual presidente, Michel Aoun. Nadie ignora que Bassil aspira a convertirse en el próximo presidente de Líbano, un cargo que constitucionalmente se reserva a los cristianos.

Las sanciones estarían justificadas por su presunta corrupción, una acusación que niega Bassil, quien insiste en atribuirlas a su negativa a romper las relaciones que le unen a Hizbolá. En la rueda de prensa, Bassil dijo que durante sus conversaciones con representantes americanos, incluida la embajadora en Beirut, Dorothy Shea, en ningún momento se habló de corrupción y que el tema central de esas conversaciones fue justamente Hizbolá.

Los americanos están particularmente preocupados por las estrechas relaciones que Hizbolá

Washington considera que Hizbolá es un grupo terrorista. Los americanos están particularmente preocupados por las estrechas relaciones que Hizbolá mantiene con Irán y, sobre todo, por la beligerante actitud de la organización chií con respecto a Israel. De hecho, Bassil ha dicho que las sanciones que le han impuesto han sido dictadas por el estado judío.

"Estas sanciones son una injusticia y lucharé contra ellas (en los tribunales) exigiendo una compensación por los daños que me causan", dijo en la alocución. "Las sanciones vienen y se van, pero comprometer la paz nacional y la unidad es un crimen".

Los lazos de Bassil con Hizbolá

El Movimiento Patriótico Libre no solo es la principal formación cristiana, sino que desde hace lustros es también el principal aliado de Hizbolá, una circunstancia que no acepta Israel y por lo tanto tampoco aceptan los EEUU. Durante la actual administración de Donald Trump, los americanos están llevando a cabo una ofensiva contra todos los grupos y países que exigen una solución justa a los conflictos de Oriente Próximo, entre ellos el Movimiento Patriótico Libre y Hizbolá.

EEUU le dio la semana pasada un plazo de cuatro días para romper las relaciones con Hizbolá

La historia del líder cristiano ilustra el funcionamiento de la política exterior de EEUU en relación con Oriente Próximo. Bassil manifestó que EEUU le dio la semana pasada un plazo de cuatro días para romper las relaciones con Hizbolá. Como esto no ocurrió, Washington lo introdujo en la lista de "corruptos" y le aplicó un puñado de sanciones.

El diario Al Akhbar, principal portavoz de HIzbolá, comentó que Hizbolá es "el principio y el fin" de la política estadounidense en Líbano, una obsesión que los americanos sienten hacia todas las fuerzas de la región que buscan una paz justa que obligue a Israel a evacuar los territorios ocupados en la guerra de 1967.

En lugar de resolver los problemas de la región, los EEUU, especialmente bajo la presidencia de Trump, llevan a cabo una política de confrontación contra todas esas fuerzas, mientras la Unión Europa se mantiene al margen o incluso se alinea con los EEUU, como ocurre con mandatarios como la canciller Angela Merkel y el presidente Emmanuel Macron. La "corrupción", supuesta o real, es el pretexto más recurrido en una guerra que tiene otros objetivos, y se puede observar viendo que las sanciones por corrupción nunca se dirigen contra banqueros.

Bassil dijo que en sus conversaciones con los americanos quedó claro que el único objetivo de estos era que rompiera con Hizbolá. A cambio, los americanos le darían su respaldo y le abrirían otras puertas para el futuro de su carrera política. "Me habéis liberado, ya que la injusticia amplía la libertad y el orgullo de espíritu, y hoy soy más libre y estoy más orgulloso", replicó Bassil el domingo.

También denunció que la ley que se le ha aplicado, destinada en principio a luchar contra la corrupción, no se aplicó contra la corrupción implícita en el asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi, como se podría haber esperado, ni en otros casos.

Insistió en que las sanciones contra él se exigieron desde fuera de EEUU. "¿Interesa esto a EEUU, o es Israel quien está interesado en golpear a los cristianos de Líbano?", preguntó retóricamente, una cuestión que destacaron distintos medios libaneses. Según Bassil, los enemigos de Líbano, con Israel a la cabeza, están interesados en "aislar el país", y para ello han recurrido otra vez a las sanciones.

Bassil: "La paz debe basarse en la iniciativa árabe y en el respeto de los derechos"

"Discrepamos con Hizbolá sobre cuestiones fundamentales e ideológicas, como la paz en la región o la existencia de Israel, pero Líbano quiere la paz y no la guerra. La paz debe basarse en la iniciativa árabe y en el respeto de los derechos: ", recalcó Bassil.

La presión de Washington sobre Bassil ha ido creciendo en las últimas semanas. El mes pasado la embajadora Shea le dio un ultimátum para que rompiera inmediatamente con Hizbolá. En esa advertencia Shea tocó cuatro puntos, ninguno relacionado con la corrupción, pero al final se ha sancionado a Bassil por corrupción.

Líbano atraviesa por una profunda crisis política y está sin gobierno. Las negociaciones para formar un gabinete están en curso pero son muy complejas, aunque en principio no parece que el castigo a Bassil vaya a interferir significativamente en el proceso político a corto plazo.

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