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El egipcio Al Sisi se encomienda a Israel para seguir vivo

Su creciente dependencia de Israel hace que el presidente de Egipto defienda a capa y espada las políticas del estado judío en la región, políticas que solo estimulan una aparente estabilidad a corto plazo. En un Oriente Próximo que poco tiene que ver con el anterior a 2011, Al Sisi sabe que su supervivencia está en estrecha relación con las directivas que Israel marca a los países árabes.

Abdel Fattah al Sisi, presidente de Egipto.
Abdel Fattah al Sisi, presidente de Egipto. Mohamed Hossam / AFP

La actividad diplomática de Egipto, que ha cobrado cierta intensidad en los últimos meses, no por ello deja de ser sumamente frágil dado que el gobierno del presidente Abdel Fattah al Sisi se encuentra en una posición de notable debilidad desde que dio el golpe de estado en 2013 para apartar del poder a los Hermanos Musulmanes.

En las circunstancias actuales, Al Sisi tiene un interés primordial en mantener relaciones estrechas con Estados Unidos e Israel, las potencias dominantes. Su debilidad es mayor si se considera que el presidente Joe Biden, durante la campaña electoral, lo calificó de "dictador preferido de Trump" y advirtió que las cosas iban a cambiar cuando él entrara en la Casa Blanca.

Han transcurrido ocho meses pero la situación apenas se ha modificado. Esta semana los americanos han suspendido un paquete de ayuda militar a Egipto por un valor de 130 millones de dólares, pero es un recorte simbólico que refleja que Biden se ha olvidado de las sonoras amenazas que profirió durante la campaña. En realidad el recorte significa solo el 10 por ciento de la ayuda global de 1.300 millones de dólares que Washington da anualmente a Egipto.

Es más, Biden aprobó recientemente una ayuda de 300 millones de dólares a Egipto, que había suspendido el Congreso debido a la penosa situación de los derechos humanos, una circunstancia que vuelve a incidir en que la Casa Blanca ha cambiado de actitud ante un país que en tiempos más boyantes fue líder del mundo árabe pero cuya influencia ahora está a la cola y se mueve por las políticas que le dicta Israel.

Hace solo unos años el Canal 12 de la televisión hebrea reveló que Al Sisi hablaba con el entonces primer ministro Benjamín Netanyahu con una periodicidad diaria. Es muy posible que esos contactos sigan siendo igual de frecuentes con el nuevo jefe de gobierno, Naftalí Bennett, y confirmen la flaqueza del presidente egipcio y su dependencia prácticamente absoluta del estado judío.

Sisi concentra sus maniobras en la Franja de Gaza, poniendo sus actividades al servicio de Israel, simulando que ejerce de mediador

Desprovisto de cualquier asomo de peso político en la región, Al Sisi concentra sus maniobras en la Franja de Gaza, simulando que ejerce de mediador entre Israel y Hamás cuando en realidad sus actividades se ponen al servicio de Israel. De esta manera, Al Sisi espera poder obtener a cambio algún servicio de la influyente maquinaria del estado judío en Washington.

La última maniobra de Al Sisi, revelada inicialmente por el diario de Londres Rai al Youm, consiste en un plan para relanzar las negociaciones entre Israel y los palestinos. Para ello se ha puesto en contacto con los israelíes y con el presidente Mahmud Abás, pero está claro que lo máximo que puede salir de esta maniobra es una dilación en el tiempo que naturalmente Israel aprovechará para intensificar la construcción en las colonias judías de la Cisjordania ocupada.

El 2 de septiembre, Al Sisi convocó al rey Abdallah de Jordania y al propio presidente Abás con el fin de proporcionar alguna forma de empaque a sus gestiones, pero es obvio que de este tipo de encuentros no puede salir nada bueno, y todos los participantes lo saben, puesto que Israel no tiene ninguna intención de negociar seriamente, tal como reconocen públicamente Bennett y varios de sus ministros.

Citando fuentes oficiales árabes, Rai al Youm señaló que los egipcios están manteniendo contactos con varios países árabes y europeos, pero esta Europa penosamente dirigida por Angela Merkel y Emmanuel Macron, se lava las manos en el conflicto con los palestinos, un asunto crucial para la seguridad y estabilidad en Oriente Próximo y Europa.

Para agravar las cosas, la mala marcha de la economía impulsa la emigración de cientos de miles de egipcios, la mayoría hacia países árabes donde permanecen durante años para ahorrar dinero antes de regresar a Egipto. De hecho, estos emigrantes suelen enviar dinero a sus familias y por lo tanto contribuyen al desarrollo económico de Egipto. Por el contrario, los que emigran a EEUU y Europa tienden a no regresar y contribuyen menos al desarrollo de Egipto.

El último informe del departamento de Estado acerca de los derechos humanos denuncia una larga lista de violaciones en Egipto, como asesinatos extrajudiciales, detención de activistas políticos, uso de violencia contra homosexuales y abusos en el trabajo infantil. Sin embargo, el secretario de Estado Antony Blinken ha autorizado que la ayuda económica siga fluyendo, en contra de la opinión del Congreso.

Egipto estaría violando los derechos humanos,  en un informe se mencionan cuestiones como la explotación infantil y la violencia hacia homosexuales

Es evidente que tanto Blinken como los egipcios saben perfectamente que la situación de los derechos humanos no va a mejorar en el futuro próximo, ni probablemente a largo plazo, puesto que una fuerte represión es imprescindible para que Al Sisi continúe en el poder. En caso contrario, el presidente apenas duraría unas semanas o unos meses en lo más alto de Egipto.

Blinken, que está llevando a cabo una desastrosa política en Oriente Próximo, no quiere problemas, y al huir de los problemas evita enfrentarse a Egipto, entre otras cosas porque Al Sisi realiza con placer las políticas que le interesan a Israel en la región, lo mismo que ocurre con Blinken.

Mediante un comunicado, diecinueve organizaciones internacionales de derechos humanos que trabajan en Egipto han denunciado que la política americana con respecto a ese país, con el simbólico recorte de 130 millones de dólares incluido, dan carta blanca a Al Sisi para seguir saltándose los derechos humanos, y ahora parece más claro que antes que en el fondo es algo que no le incumbe a Washington.

Al Sisi continúa jugando con su dependencia de Israel y dio este mes otro paso más en esa dirección cuando recibió en la península del Sinaí a Naftalí Bennett. Se presentó como el primer encuentro del presidente y el primer ministro en una década, pero en realidad los contactos entre los mandatarios de los dos países son muy intensos y un encuentro físico entre ambos no cambia nada

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