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Europa vuelve a ser el epicentro mundial de la pandemia con récords históricos de casos

España capea la cuarta ola del coronavirus mejor que sus socios comunitarios. Países como Alemania registran sus peores datos de contagios y la alta tasa de antivacunas en el Este amenaza con dejar una recuperación europea a dos velocidades.

Ciudadanos paseando por una calle comercial de Amsterdam.
Ciudadanos paseando por una calle comercial de Amsterdam. RAMON VAN FLYMEN / EFE

La pandemia del coronavirus está lejos de terminar. Tras el aparente regreso a la normalidad se esconde una nueva y contundente cuarta ola que está irrumpiendo con dureza en Europa. Los casos han aumentado durante el último mes un 55% y las hospitalizaciones se han duplicado. Tres son las explicaciones: el regreso del frío, la relajación de las medidas de seguridad y el techo de cristal que está tocando la vacunación.

Hace un año, buena parte del bloque comunitario se encontraba bajo una de las peores fases de la crisis sanitaria: cierre de locales y restaurantes, fronteras cerradas, limitaciones sociales y restricciones de movimiento marcaban la cotidianidad del Viejo Continente. Doce meses después, el aterrizaje de las vacunas y las campañas de inoculación dejan una imagen diferente, pero muy dispar entre los 27 Estados miembros.

El 75% de los adultos europeos cuentan ya con la pauta completa. Países como España, con el 79% de la población total inmunizada superan la media comunitaria y se encuentran a la cabeza de la UE. Los españoles son, según el último Eurobarómetro, los europeos que más confían en los sueros contra la covid-19 como mejor medida para frenar la pandemia. Pero la realidad es muy distinta en otros países, especialmente en el Este.

En países como Bulgaria o Rumanía solo han conseguido administrar la pauta completa al 20% y al 30,7% de su población, respectivamente. Hay informes que vinculan el rechazo a las vacunas con la falta de confianza en el Gobierno. Y lo cierto es que la pandemia de los no vacunados supone ya un riesgo para la recuperación económica y la libertad de movimiento en el seno de la UE.

El 75% de los adultos europeos cuentan ya con la pauta de vacunación completa

La realidad es que los casos están repuntando de forma exponencial incluso en países con buena tasa de vacunación, como Alemania (66%). El país germano está registrando estos días cifras máximas de contagios desde el inicio de la pandemia. Una situación que se extrapola a Rumanía, Hungría, Croacia o Eslovaquia. España, de momento, sortea el enviste. Mientras la incidencia en Alemania ronda los 300 casos por cada 100.000 habitantes, en nuestro país asciende ligeramente por encima de los 50.

El incremento generalizado de transmisiones ha llevado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a posicionar a Europa –de nuevo- como el epicentro mundial de la pandemia, lugar que ocupaba hace un año. Su director para Europa, Hans Kluge, calificó recientemente la situación de "muy preocupante" y advirtió de que si no se reacciona a tiempo, el coronavirus podría acabar con la vida de medio millón de europeos en los próximos tres meses.

La "complicada" situación que atraviesa Europa en estos momentos coincide con la llegada de la temporada invernal. Un estudio reciente publicado por la revista Nature Computational Science evidencia que la covid-19 es un virus estacional cuya transmisión está relacionada con las temperaturas bajas, como ocurre con, por ejemplo, la gripe.

Cerco a los antivacunas

El dilema sobre obligar o no a aquellos que se resisten a inyectarse el suero vuelve a cobrar fuerza con este repunte y con la impotencia de los Gobiernos para acelerar la vacunación. El debate es complicado desde el punto de vista moral y legal. Ningún país europeo ha ido tan lejos como para hacer la vacuna imperativa, pero la mayoría han maniobrado para poner trabas a la vida laboral, cultural o social de los negacionistas, que pueden suponer un riesgo para la salud pública.

Países como Francia o Italia sí han hecho esta práctica extensiva a colectivos como sanitarios o cuidadores. Pero el resto de la población antivacunas también encuentra limitaciones para acceder a restaurantes, conciertos o cines. En el mejor de los casos, al no disponer del certificado de vacunación deben presentar un test negativo en cada una de estas actividades.

Letonia ha dado manga ancha a las empresas para despedir a los trabajadores no vacunados

Ante el repunte actual de casos, más y más países han impuesto nuevas medidas. Rumanía ha reintroducido el toque de queda a las 22 horas. La libertad de movimiento para aquellos que no cuentan con un certificado de vacunación es todavía más limitada. Países Bajos y Bélgica se han vuelto a poner la mascarilla en interiores tras semanas de verla prácticamente desaparecida de sus vidas.

El país que más lejos ha ido es Letonia, que tras declarar el estado de emergencia ha dado manga ancha a las empresas para despedir a los trabajadores no vacunados. La medida se suma a la ya estaba en vigor y que obliga a los empleados del sector público como médicos o profesores a inocularse. Por su parte, la ciudad de Viena prohíbe a las personas no vacunadas acceder a cafeterías, restaurantes o eventos que cuenten con más de 25 personas, en una iniciativa que previsiblemente se hará extensible al resto del país ante el aumento de casos. Y Eslovenia ya advierte de un posible nuevo confinamiento.

¿Cómo frenar la nueva ola?

La OMS y la Agencia Europea del Medicamento (EMA) lo tienen claro: el mayor cortafuego contra la pandemia es acelerar la vacunación. La mayoría de personas hospitalizadas y de nuevos fallecimientos proceden de personas que no cuentan con el suero.

La OMS y la EMA lo tienen claro: el mayor cortafuego contra la pandemia es acelerar la vacunación

La prioridad inmediata es inmunizar a toda la población bajo el lema comunitario de "nadie estará seguro hasta que todos lo estén". El debate menos candente es el de una tercera e incluso cuarta dosis de refuerzo. El regulador europeo no ha emitido un veredicto definitivo, pero sí avalado el antídoto de refuerzo de Pfizer y Moderna para las personas inmunodeprimidas, una práctica que ya llevan a cabo la mayoría de países europeos.

Además, las dos organizaciones coinciden en no abandonar medidas preventivas como el lavado de manos, la distancia social o el uso de las mascarillas, que podrían salvar hasta 188.000 vidas. "Ver lo que está ocurriendo en Europa, que cuenta con gran disponibilidad de vacunas, es una llamada de atención para el resto del mundo", advierte la OMS.

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