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El futuro de Siria se juega ahora en la crisis de Alepo

La guerra abierta de las últimas semanas en la ciudad de Alepo constituye el principal obstáculo para las negociaciones de paz. La llave para superar esta nueva crisis y el conjunto de las negociaciones la tiene Arabia Saudí y no los Estados Unidos ni Rusia.

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La ciudad siria de Alepo está sufriendo un recrudecimiento de la violencia. Más de 200 personas han muerto en una semana. - AFP

JERUSALÉN – Estados Unidos y Rusia están tratando de poner fin a la guerra entre el gobierno y los rebeldes sirios en la ciudad de Alepo, al norte del país, que está viviendo los momentos más violentos desde que el 27 de febrero las dos superpotencias impusieron a sus aliados un precario alto el fuego.

El secretario de Estado estadounidense, John Kerry, ha realizado un viaje relámpago a Ginebra para negociar no solamente con Moscú sino también con Arabia Saudí, un país que tiene un enorme ascendiente sobre la mayoría de las decenas de grupos yihadistas que están detrás del origen de esta oleada de violencia.

Kerry ha declarado este lunes que las negociaciones con Rusia y Arabia Saudí “se acercan a un punto de entendimiento” aunque es necesario seguir trabajando. La realidad, sin embargo, es que los intereses saudíes y americanos son distintos y que Washington no desea enemistarse aún más con Riad, de ahí que las negociaciones más difíciles no sean entre Kerry y Moscú, sino entre Kerry y el ministro de Exteriores saudí, Adel Jubair.

Jubair argumenta que la cuestión más importante, y el principal obstáculo para alcanzar el alto el fuego, es la “cuestión humanitaria”. No obstante, todo indica que Riad está azuzando a los yihadistas para que luchen contra el ejército sirio y que la “cuestión humanitaria” es en realidad un pretexto para no dar luz verde a una tregua.

Saudíes, cataríes y turcos siguen proveyendo armas a discreción a las distintas milicias yihadistas de Siria que también reciben armas y logística de Estados Unidos

El interés humanitario de Arabia Saudí queda en entredicho si se tiene en cuenta que su ejército y los de sus aliados suníes han causado en los últimos meses la muerte de millares de civiles en Yemen y Riad no ha mostrado el menor interés por la cuestión humanitaria en aquel país ya que allí no conviene a sus intereses regionales.

Una voz de Riad bastaría para acallar las armas en Siria. Sin embargo, saudíes, cataríes y turcos siguen proveyendo armas a discreción a las distintas milicias yihadistas de Siria que también reciben armas y logística de Estados Unidos. Es decir, una cosa es lo que se dice ante los micrófonos y de cara a la galería y otra muy distinta lo que sucede sobre el terreno.

La complejidad de la situación se puede vislumbrar en declaraciones que los distintos agentes hacen aquí o allá, como las que hace unos días formuló el propio Kerry al New York Times, cuando dijo que “resulta más difícil de lo que habíamos pensado separar a Al Nusra de la oposición”.

Con la palabra “oposición” el secretario de Estado se refería a más de una decena de organizaciones yihadistas que cuentan con el apoyo de Estados Unidos, Arabia Saudí y sus aliados y que a menudo son indistinguibles del Frente al Nusra, la formación que representa a Al Qaeda en Siria.

De hecho, fueron estos grupos quienes de la mano del Frente al Nusra rompieron el alto el fuego decretado en febrero con el objetivo de tomar varias poblaciones estratégicas del sur de Alepo, lo que desencadenó la represalia de Rusia y Siria.

Pero al mismo tiempo, ni Estados Unidos ni Arabia Saudí quieren dar su brazo a torcer y renunciar a estos grupos yihadistas, a los que inexplicablemente llaman “moderados” y hasta “democráticos”, ya que son ellos los llevan el peso de la guerra contra el gobierno de Damasco.

El gran desafío para Kerry no es Moscú, sino Arabia Saudí, y es de Arabia Saudí de quien depende que en las próximas horas se extienda el alto el fuego del 27 de febrero

Da la impresión de que Estados Unidos no quiere darse cuenta de lo que puede significar una victoria de los yihadistas para el conjunto de Siria, ya que en Washington prefieren mirar para otro lado sin afrontar nunca este problema. Las consecuencias de una victoria de los yihadistas podrían ser catastróficas para el país.

En Ginebra se está negociando un acuerdo que en árabe denominan nidam al samt”, o sea “régimen de calma”, un concepto novedoso introducido por Damasco que durante algunas horas ya se ha aplicado en la zona del Guta, el oasis de Damasco, y en la provincia de Lataquia.

Pero el Gobierno sirio se resiste a aplicar el mismo régimen de calma en el área de Alepo argumentando que la segunda ciudad del país está infestada de milicias “terroristas” que son, junto con el Frente al Nusra, las que rompieron el alto el fuego y las que están haciendo imposible la vida a los ciudadanos que residen en las zonas de Alepo controladas por los yihadistas.

El gran desafío para Kerry no es Moscú, como están transmitiendo algunos medios, sino Arabia Saudí, y es de Arabia Saudí de quien depende que en las próximas horas se extienda el alto el fuego del 27 de febrero.

La independencia de Washington

Los saudíes hace ya tiempo que han dejado de ser un títere en manos de Estados Unidos en lo tocante a los conflictos de Oriente Próximo y son ellos mismos quienes dictan la política a seguir en función de sus intereses particulares y no en función de los intereses de Washington.

Mientras tanto, en Alepo continúan los bombardeos de rusos y sirios contra las zonas ocupadas por el Frente al Nusra y sus aliados yihadistas, y por estos últimos contra las zonas ocupadas por el gobierno de Damasco.

Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, una organización que tiene su sede en Londres, desde el 20 de abril han muerto unas 250 personas en las áreas de Alepo en poder de los rebeldes y unas 145 personas en las áreas en poder del Gobierno, incluidos decenas de niños.