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Giuseppe Conte Conte, el equilibrista

Ha resistido a Salvini, a Renzi, a Grillo. Contra viento y marea, pero sobre todo contra todo pronóstico, él sigue ahí, de pie, en medio de ese río lleno de afluentes que es la política italiana.

Giuseppe Conte / REUTERS
Giuseppe Conte / REUTERS

Él, que no pertenece a ningún partido, ha resistido a los soberanistas, a la izquierda tradicional. A Salvini, a Renzi y a Grillo. Contra viento y marea, pero sobre todo contra todo pronóstico, él sigue ahí, de pie, en medio de ese río lleno de afluentes que es la política italiana. Para mayor sorpresa, su gestión prudente -que no perfecta- del coronavirus le ha aportado un considerable aprecio popular en los sondeos. Las elecciones regionales de este fin de semana, finalmente, fueron el golpe definitivo a favor de su coalición de Gobierno. El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, es muy probable, así pues, que permanezca en el Palazzo Chigi hasta el final de la legislatura.

"El Gobierno durará hasta el 2023", asegura el jefe del Ejecutivo transalpino, Giuseppe Conte, quien, según periódicos del país como el histórico Corriere della Sera, "se siente fuerte y no tiene la urgencia de cambiar la agenda política". La cita electoral del pasado fin de semana en el país ha dado un nuevo impulso a Giuseppe Conte porque ha beneficiado a sus dos socios de Gobierno, el reformista Partido Democrático (PD) y el antiestablishment del Movimiento 5 Estrellas (M5E): el primero, ha ganado las elecciones regionales al impedir un triunfo abrumador del soberanista líder de la Liga, Matteo Salvini; el segundo, ha ganado el referéndum para la reducción del número de parlamentarios, una histórica batalla del partido fundado hace una década por el cómico Beppe Grillo. Conte, el equilibrista, ha salido ganador sin haber ni siquiera jugado la partida.

Uno de los aspectos que marcará el mandato del premier Conte hasta el final de la legislatura es la aprobación de una nueva Ley Electoral. El pasado fin de semana los transalpinos se pronunciaron claramente acerca de la modificación de la Constitución, con un "sí" aplastante al contar con el 70% de los apoyos. Dicho resultado, que implica pasar de 945 a 600 parlamentarios -400 diputados y 200 senadores-, obliga también a la formulación de una nueva Ley Electoral. Un tema tradicionalmente muy espinoso, aunque el país esté acostumbrado a estrenar una distinta cada dos por tres. La lucha, en los próximos meses, será en torno a la idea de si adoptar un sistema mayoritario, que borraría algunos partidos del escenario político -como Italia Viva (IV) del ex presidente Matteo Renzi, actualmente con un 3% en los sondeos- a cambio de estabilidad; o un sistema proporcional, que mantendría los habituales problemas de fragmentación de la política transalpina. Según la prensa italiana, Giuseppe Conte prefiere quedarse a un lado para que quien decida sea el Parlamento italiano.

Un escollo importante para la acción política de Conte en los próximos tres años será la elección del presidente de la República, jefe del Estado italiano. Se trata de un cargo muy importante y respetado dentro del concierto de la política transalpina, como una activa figura super partes, así pues, imparcial. La elección del sucesor de Sergio Mattarella en 2022 es un aspecto delicado, pero también uno de los motivos que podría garantizar la supervivencia de Conte. La coalición formada por el Partido Democrático (PD) y el Movimiento 5 Estrellas (M5E) nació, hace un año, con el objetivo de impedir la subida al poder de Salvini, con una mayoría de Gobierno que habría podido elegir al primer presidente de la República de corte soberanista. Así pues, si el objetivo sigue siendo evitar este evento, el PD y el M5E están obligados a entenderse hasta el final de la legislatura.

Cuando Giuseppe Conte estrenó el cargo como jefe del Gobierno de su país, hace más de dos años, se definió a sí mismo como "el abogado defensor del pueblo italiano". Con el pasar del tiempo, las dos fuerzas antiestablishment que lo apoyaban -el Movimiento 5 Estrellas (M5E) y la soberanista Liga-, durante meses le impidieron tener voz y voto, más allá de lo que ambas formaciones acordaban. Para cierta prensa del país, un burattino, un "títere", a merced de unos populistas en auge.

El líder leguista Matteo Salvini, entonces ministro de Interior, poco a poco, con su característica propaganda agresiva -que actualmente tiene aparcada-, empezó a comerse cada vez más terreno, en detrimento de los grillinos del M5E. Tras acumular el 34% en los sondeos en agosto de 2019, el jefe soberanista tuvo claro que tenía que hacerse con el poder. Pero para ello, tenía que tumbar al premier Conte. Así pues, Salvini retiró la confianza al Gobierno, pero el ex presidente Matteo Renzi y Beppe Grillo, adversarios antropológicos, dieron luz verde a un nuevo Ejecutivo para que Salvini no se convirtiera en primer ministro. ¿Y Conte? Concebido al principio como una suerte de "mal menor" en pro de la continuidad -el premier siempre tuvo buena consideración en Europa-; poco a poco, aprendió a resistir en medio de los mares revueltos. Con el tiempo, llegó a admitir que él siempre se ha sentido más cómodo dentro de la "izquierda".

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