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Internacional Héctor Béjar, excanciller de Perú: "Este es el comienzo de un golpe blando"

El escritor, sociólogo, artista plástico y docente aceptó la propuesta de Pedro Castillo para ser su canciller. Unas declaraciones suyas tergiversadas y sacadas de contexto y la presión de la oposición desencadenaron su precipitada salida del Gobierno. Tan solo 19 días después de haber asumido el cargo, fue obligado a renunciar.

Fotografía de archivo difundida por presidencia del Perú, que muestra al canciller Héctor Béjar.
Fotografía de archivo difundida por presidencia del Perú, que muestra al excanciller Héctor Béjar. Presidencia del Perú / EFE

La llamada del presidente Castillo alborotó la tranquilidad de Héctor Béjar. Un escritor, sociólogo, artista plástico y docente de la Universidad Mayor de San Marcos y la Pontificia Universidad Católica, próximo a cumplir 86 años. Sin dudar aceptó la propuesta: ser el canciller del gobierno peruano. Los medios, empeñados en derribar al nuevo gobierno escarbaron en su pasado y comenzaron la demolición del mismo: hace sesenta años Béjar, luego de recibir instrucción en Cuba y con el nombre de 'Calixto' había integrado la guerrilla del ELN (Ejército de Liberación Nacional). Encarcelado en 1966, fue liberado por una amnistía en 1966. Su pasado era imperdonable.

Frases tergiversadas y sacadas de contexto, y del pasado lo conducía a una interpelación por parte del Congreso, empeñado también, en no darle respiro al nuevo gobierno, la finalidad era la censura, la cual no llegó a realizarse, 19 días después de haber asumido el cargo, fue obligado a renunciar.

El detonante fue unas declaraciones suyas y un posterior comunicado de la Marina: "El terrorismo en Perú lo inició la Marina, y eso se se puede demostrar históricamente y han sido entrenados para eso por la CIA". Estas fueron las palabras difundidas por un programa dominical de televisión. Béjar se refería a actos conocidos entre los años 1975 y 77 donde La Marina participó en atentados contra dos barcos pesqueros cubanos y otro con bomba en la casa del vicealmirante Guillermo Faura Gaig, un marino afín al velasquismo.

La Marina reaccionó indignada, y tergiversándolo, asoció sus declaraciones a la acciones de esta fuerza en la lucha contra Sendero Luminoso a partir de los ochenta. Las Fuerzas Armadas peruanas se niegan a aceptar que hubo terrorismo de Estado, aunque está comprobado que participaron en sistemáticas violaciones a los derechos humanos en forma de torturas, secuestros, matanza de campesinos, desapariciones y asesinatos.

¿Usted esperaba que le ofrecieran el cargo de canciller, o lo cogió por sorpresa?

-No, para mí fue una sorpresa.

¿Quién se lo ofreció?

El propio presidente Castillo, a quien yo no conocía. Nunca lo había visto personalmente.

¿Y pensó, al asumir el cargo, que esta aventura iba a durar tan poco?

Sí, estaba dentro de las alternativas. Eso no ha sido una sorpresa.

¿Tampoco le sorprendió que Guido Bellido (presidente del Consejo de Ministros) le pidiera renunciar? ¿Qué sintió en ese momento?

Nada especial. Yo lo tenía dentro de las alternativas probables, ya había un clima de hostilidad en los medios de la prensa concentrada (se refiere a los medios oligopólicos, en especial al Grupo El Comercio) y de parte de la Marina, contra mí. Es parte del juego político.

¿Cree que este caso es una claudicación del Gobierno ante la derecha?

No quiero calificarlo, sigo pensando que el señor Castillo es una excelente persona y le deseo lo mejor. Sí creo que este es un Gobierno débil, no lo voy a negar, y uno que se niega a fortalecerse por algunas razones que yo no me explico.

¿A qué llama usted fortalecerse? ¿Fortalecerse de qué manera?

Bueno, yo lo dije antes de ser ministro, que el Gobierno debía elegir a las mejores personalidades. No de Perú, -aquí cuando hablamos de Perú solemos estar hablando de Lima-, sino del Perú real. El país tiene muchas universidades en provincia, donde hay gente excelente, con profesores que deberían ser ministros en este momento. Y además tiene excelentes dirigentes de organizaciones populares que también deberían ser ministros. No ha sido así y esa es una pena.

Algo difícil de aceptar por Lima...

Sí, pero son las provincias las que ganaron las elecciones, y es a ellas a quienes les corresponde gobernar. Es decir, al pueblo peruano, que nunca ha gobernado.

Hace más de 100 años Manuel González Prada escribía sobre el desprecio de Lima por las provincias, parece que eso sigue igual...

Evidentemente. Es un desprecio racista, como todos sabemos, porque los limeños, independientemente de si son pobres o ricos, en su mayoría se sienten superiores a los provincianos. Desgraciadamente, en Perú decir "serrano" es prácticamente un insulto. Serrano es un hombre de la sierra, y la mayor parte de Perú es de la sierra.

En esta elección se hizo más evidente el racismo que existe en Perú...

Por supuesto. Y es otra cosa que Perú se niega a reconocer: somos un país racista, y yo me incluyo, a veces me sorprendo a mí mismo con pensamientos racistas.

¿Se sintió poco defendido por el Ejecutivo, por sus colegas ministros, teniendo en cuenta que lo que detonó esto es una tergiversación de sus dichos? ¿Esperaba más de ellos?

No, no esperaba más. Yo no los conozco. No conozco prácticamente a nadie del Ejecutivo, incluido al presidente Castillo.

El comunicado de la Marina debió haber pasado, supongo, por el Ministerio de Defensa antes de conocerse...

No solamente hay un comunicado. He recibido en mi casa una amenaza en forma de carta notarial dirigida a mí por el procurador del Ministerio de Defensa, es decir, por el propio Gobierno. El Gobierno me está amenazando con enjuiciarme si no rectifico mis declaraciones. Me acusan de ofender a la Marina y exigen que le pida disculpas, si no me harán un juicio.

¿Pero de qué lo acusan? Los hechos que usted mencionó, la participación de la Marina en esos atentados, están casi comprobados.

Y sí. Yo solo he citado hechos conocidos. Editados además por la propia Marina en sus publicaciones.

¿Qué sintió usted después de pasados más de 50 años de su actividad guerrillera y su participación en el gobierno de Velasco Alvarado, y de una posterior tranquila vida académica, cuando tres este nombramiento se lo tilda de "terrorista", de "asesino"?

Nada especial, yo lo esperaba por supuesto. Sabía los riesgos a que me sometía al aceptar ser canciller, pero no podía negarme, no le podía decir que no a una persona que yo creo de bien, una persona excelente como el profesor Castillo. Yo encantado de apoyarlo. Sabía los riesgos, pero esa es la vida, uno tiene que asumir las obligaciones que uno debe asumir.

¿Esperaba una reacción tan virulenta de la oposición?

Sí, esperaba esa reacción, realmente la esperaba. A mí me propusieron hace unos cinco años ser candidato a la presidencia, y era eso lo que les decía justamente, lo que ocurriría al momento que yo ingresara a la política del sistema… Siempre he estado fuera del sistema, es decir del sistema político entendido como el parlamento, los partidos, etc. Me van a demoler, les dije, hay mucha gente que no me quiere. De manera que yo lo sabía.

¿Y esperaba las tergiversaciones de la prensa? ¿Las mentiras?

Claro que sí. Si es lo que esa prensa ha hecho toda la vida. Si usted lee El Comercio, yo me he leído todo El Comercio del siglo XIX, sin excepción, número por número, desde 1839 va a encontrar eso. De manera que la historia del Perú, usted no puede leerla en El Comercio, puede leer una parte de la historia, pero lo que pasaba realmente en el país, no está allí.

Es una impunidad, un abuso de la libertad de prensa: me han llamado "asesino sediento de sangre". Yo prefiero reírme. Me han acusado hasta de matar al hermano del arzobispo Castillo.

¿Cree que se miden con distinta vara algunas declaraciones? Alan García en su momento elogió la "mística" de Sendero Luminoso, [su ministro del Interior] Agustín Mantilla visitó en la cárcel a [el fundador del MRTA] Víctor Polay...

En Perú siempre se mide con distinta vara. En realidad, aquí no se ha combatido verdaderamente al terrorismo, se usa al terrorismo para fines políticos. Sendero ha sido usado para fines políticos. Ya no existe, pero sigue presente en la prensa, por ejemplo. Ningún movimiento ha tenido tanta prensa como ese grupo, si usted suma desde el 80 hasta ahora, son kilómetros de titulares.

Si lo que usted dijo de la participación de la Marina en atentados es cierto, ¿porque cree que la gente no lo acepta?

Porque tienen miedo, la gente tiene miedo, la gente tiene una actitud reverencial frente a las Fuerzas Armadas, que son entendidas como instituciones tutelares de la nación. Pero una nación no tiene tutelas, una democracia no acepta tutelas, la gente no sabe y además nadie se atreve a decir, que los tanques, los fusiles, los barcos son nuestros. No son de los marinos o de los militares, son nuestros, han sido comprados con nuestro dinero.

Los militares son servidores públicos, no tenemos por qué nosotros servir a los militares. Pero en Perú existe un criterio inverso auspiciado por las propias Fuerzas Armadas. Nos han enseñado a lo largo de la historia que son instituciones tutelares contra las cuales no se puede decir nada.

Tú puedes decir cualquier cosa contra el Colegio de Abogados, contra el Colegio Médicos, contra el Poder Judicial, pero nada contra la Marina, ni contra el Ejército, ni contra la Aviación. Y yo modestamente como ciudadano común me pregunto: ¿Por qué? ¿Por que no puedo decir nada contra la Marina como institución? Ninguna institución puede estar libre de críticas, todas tienen que ser criticadas. A quienes han purgado alguna pena por terrorismo se les exige que pidan perdón. Sin embargo, las Fuerzas Armadas han violado sistemáticamente los derechos humanos en el conflicto interno, pero ellas no reciben las mismas exigencia.

Béjar, en su etapa como guerrillero.
Esta luna llena de finales de verano es especial por su color anaranjado y por su gran tamaño. ARCHIVO

¿No se acepta que hubo terrorismo de Estado?

Se llama negacionismo. En Alemania es condenado, es un delito, aquí no. Hay gente que niega que las Fuerzas Armadas hayan violado los derechos humanos. Se aceptó a regañadientes el informe de la Comisión de la Verdad, a su nombre le agregaron "y la reconciliación".

¿Reconciliación con quién? ¿Con los violadores de derechos humanos? Porque si usted habla de reconciliación habla de los dos contendientes, es decir Sendero y las Fuerzas Armadas, o en todo caso Sendero y el pueblo del Perú. Pero esa reconciliación nunca se alentó, pero si eso lo digo en la televisión peruana me harían otro juicio por decirlo.

A usted le cobran hechos de hace casi sesenta años...

En Perú las condenas son eternas. Yo acabo de escuchar a un marino decir otra mentira: que yo fui condenado. Yo nunca fui condenado, contra mí hubo una investigación de cinco años que demostró que yo no era culpable de los terribles delitos de los que se me acusaba. Una investigación hecha por un juzgado militar, un consejo de guerra. Mi amnistía está firmada por el almirante Vargas Caballero, jefe de la Marina de aquella época.

¿Es necesaria una reforma de las Fuerzas Armadas?

Por supuesto, hay que introducir la formación de derechos humanos en las Fuerzas Armadas. He sido por muchos años profesor del CAEN [Centro de Altos Estudios Nacionales, escuela de posgrados militares dependiente del Ministerio de Defensa] y conozco las virtudes y los defectos de la formación de los militares de alta graduación. Muchos de ellos tienen unos enormes vacíos en conocimientos sobre el Perú.

¿Sigue enquistado el fujimorismo en las Fuerzas Armadas?

Las Fuerzas Armadas en el Perú son fujimoristas. El fujimorismo está en la conciencia de muchos militares, hay algunos criterios que impregnaron el fujimorismo desde los años 90 en adelante que siguen presentes. [El ex jefe del Servicio de Inteligencia, Vladimiro] Montesinos está preso pero el montesinismo sigue presente, la metodología, la forma de pensar está en la práctica militar de hoy día. Por eso Montesinos se comunica con el exterior cuando quiere y no pasa nada.

Parece que la palabra imperialismo en el lenguaje político de cierta nueva izquierda ha pasado de moda.

Sí, hay palabras que no pueden ser pronunciadas: imperialismo, revolución, socialismo, ya no pueden ser usadas en el Perú. Así que sería bueno que editen un diccionario peruano omitiendo esas palabras, y que tengamos una historia peruana como hacían los faraones, a la medida de los actuales dominadores del Perú.

¿Las prioridades de la izquierda han cambiado? Se habla más de reivindicaciones de la mujer, o derechos LGTB que del hambre, la miseria. No mencionar lo primero le fue muy criticado a Castillo, pero ¿tal vez por eso ganó?

Exactamente. Nuestras provincias son muy conservadoras en términos sexuales y reproductivos. Pero los derechos humanos son integrales, y no soy solo yo quien lo dice, sobre el tema hay dos grandes principios: uno que son eso, integrales, no pueden ser separados los derechos civiles y políticos de los de última generación, los ambientales, sexuales y reproductivos. Eso por un lado.

Y por otro, usted no puede retroceder en el tema derechos humanos, lo que se conquistó se conquistó, son principios internacionales, son acuerdos firmados por el Perú. Pero acá hay gente que solo recuerda los derechos civiles y políticos, pero no quiere acordarse de los económicos y sociales, por ejemplo, y al revés. Y lo que tenemos que lograr es todo, aunque parezca demasiado ambicioso, pero hay que conseguirlo, no podemos retroceder.

¿Se necesita una nueva constitución?

Sí. Esta es obsoleta no solamente por lo que dice, por la subordinación a la que somete al Estado, sino porque no incluye muchos derechos humanos, que son los que deben imperar. Derechos de acciones de garantía como el habeas data y otros fueron incluidos pero inmediatamente los constituyentes se dieron maña para, o dejarlos sin posibilidades de aplicación, o introducir otros elementos que impedían su aplicación, entre ellos el referéndum.

¿Cree que ahora cambiarán los lineamientos de la política exterior? Usted dijo que fue esa la verdadera razón de su salida.

Ojalá que no, espero que no. Pero hay que ver qué es lo que quiere hacer el Congreso. Allí quieren reinventar un grupo que ya no existe: el grupo de Lima. Yo siento que desgraciadamente en este momento -y ojalá esto cambie con el nombramiento de un buen o buena canciller-, el tema internacional no está presente en la agenda del Gobierno, y lo digo por hoy día, por este momento.

¿Pero usted cree que la oposición va a parar acá? El congresista Jorge Montoya ha dicho, palabras más, palabras menos, que van a bajar a todos los ministros.

El Congreso quiere armar un Gobierno de quienes perdieron las elecciones. Es decir, un golpe de Estado de nueva edición. Hay muchas formas de hacer un golpe de Estado, lo de ayer [se refiere a su salida, consumada este miércoles] ha sido un golpe de Estado blando. Los jefes de las instituciones armadas, que deben obedecer al presidente, se reúnen con él para avalar la renuncia de un canciller. Es un golpe de Estado blando, o el comienzo de él. Yo espero que no continúe.

El objetivo es la vacante presidencial.

Sí, ya lo han expresado desde el comienzo, el objetivo es la presidencia. Empezó conmigo y acabará con el presidente Castillo. Ojalá que no, pero ese es el plan.

¿Cómo califica usted este momento político?

Perú es un país en movimiento, y eso está muy bien, es un país en donde la gente empieza a darse cuenta de las cosas, aunque aún de una manera muy nebulosa. El pueblo ya llegó al gobierno y eso es muy bueno, pero eso también tiene sus problemas: el pueblo no sabe gobernar porque nunca ha gobernado, entonces es explicable que este gobierno tenga todos los defectos que tiene. Si fuésemos democráticos, ayudaríamos a ese gobierno en lugar de aprovechar su debilidad para derribarlo.

En Perú nunca hemos tenido una democracia -en el mejor de los casos la estamos construyendo con grandes dificultades-, pero democracia no tenemos. Lo que tenemos es una dictadura de los monopolios económicos y mediáticos.

¿Qué sabor le deja lo sucedido con usted, a nivel personal y político?

Ninguno. Soy feliz ahora, con mis libros. Estoy preparando uno que va por la tercera o cuarta edición, sobre la historia del Perú. Me dedicaré a mis placeres, que son las artes plásticas. Estoy en una etapa feliz de mi vida, no me siento para nada resentido ni dolido, me siento libre otra vez.

¿Es cierto que usted conoció al Che Guevara? 

[Risas] No solamente lo conocí, lo admiré y fui su soldado.

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