Este artículo se publicó hace 14 años.
La izquierda mexicana afronta la sucia victoria del PRI
<

A María le pagaron 500 pesos -30 euros- y le regalaron un móvil por ir de observadora por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) a un colegio electoral del sur de la capital mexicana. "Tengo dos hijos y no tengo ni que comer, así que necesitaba el dinero", contaba a pie de urna esta mujer treintañera que tenía dificultades para saber si Vázquez se escribía con B o con V, pese a que en su casilla solo acudían los votantes de la L a la Z.
Su caso parece ser común, a lo largo de la campaña y de la jornada electoral se develaron centenares de casos de compra y coacción de voto; a través de dinero en efectivo, canastas de productos básicos, miles de monederos electrónicos de compra en hipermercados regalados por el PRI, tarjetas telefónicas para hacer llamadas de larga distancia en los estados con más migración, e incluso el condicionar programas sociales por votar a uno u otro candidato. El voto pobre ha sido una de las principales batallas de esta contienda electoral, donde el PRI se alza como el virtual ganador.
"Hubo una gran operación, quizá la mayor operación de compra y coacción del voto en la historia del país"
"Hubo una gran operación, quizá la mayor operación de compra y coacción del voto en la historia del país" sostiene Eduardo Huchim, experto en temas electorales de Alianza Cívica. Esta plataforma ciudadana que monitoreó las elecciones del domingo pasado, asevera que el 18% de los ciudadanos encuestados fueron presionados para ir a votar. Todos los partidos compraron o coaccionaron votos, sin embargo según su informe, el 71% de estas irregularidades las cometió el PRI frente al 9% que atribuyeron a la izquierda. De hecho, reportaron incluso como el Revolucionario Institucional mandaba niños junto a los votantes para comprobar que marcaban su casilla en la papeleta.
Así las cosas, el líder izquierdista, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) anunció que impugnará las elecciones. De momento, el recuento oficial mantiene como ganador al candidato priísta, Enrique Peña Nieto, con 6'5 puntos más. Una diferencia de más de 3 millones de votos, que por muy dudosa procedencia que tengan, son un escollo difícil de salvar para la izquierda.
"El fraude no puede sostener el futuro de un partido", subraya el politólogo Rogelio Hernández. En 2006, AMLO perdió por medio punto en otras elecciones irregulares. Ante ello organizó una movilización ciudadana sin precedentes que durante meses ocupó las calles y renegó de las instituciones. Él mismo se erigió como presidente legítimo y desconoció el gobierno de Calderón, hasta el punto que su partido renunció a hacer oposición en el Congreso. La jugada le pasó factura y ahora se muestra más prudente. "Estamos por la vía jurídica y legal", alega, solo acompañado por la presencia silenciosa de los presidentes de los tres partidos de la coalición que lo impulsó.
"El fraude no puede sostener el futuro de un partido"
En los últimos seis años, la izquierda mexicana ha sufrido luchas intestinas. Hasta el punto que AMLO fundó un movimiento ciudadano, Morena, para apoyarlo en esta contienda, dudoso de contar con el respaldo de la izquierda partidaria. Finalmente los tres partidos y Morena se alinearon, pero ahora parecen volver a resquebrajarse. Marcelo Ebrard, jefe de gobierno de la Ciudad de México, quién fuera su delfín y luego su opositor en la lucha por la candidatura interna a la presidencia, brilla ahora por su ausencia. También lo hace Juan Ramón De La Fuente, ex rector de la UNAM y uno de los grandes fichajes de AMLO junto al empresario regiomontano Alfonso Romo.
"AMLO se corrió a la derecha del espectro político, pero no logró modernizarse. Ha preferido impulsar al movimiento y no a los partidos, y es muy difícil avanzar en unas elecciones sin un partido bien organizado", explica Roger Bartra. El apoyo que ha recibido el candidato en las urnas "es un capital importante y al mismo tiempo una piedra atada al cuello", agrega el sociólogo. Cómo él, muchos analistas coinciden en que la izquierda debería renovarse y repartirse entre sus cuadros políticos. Finalmente, López Obrador mantuvo un porcentaje de electores muy similar que en el 2006, pese a haberse recorrido todo el país en estos seis años como ‘presidente legítimo'. La misma falta de construcción de ciudadanía que trasluce debajo del fraude electoral es la que deberá combatir la izquierda si quiere llegar algún día a gobernar México.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.