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Jason Lawrance Una mujer pide que se equipare a una violación el engaño de un hombre que le aseguró tener hecha una vasectomía

El Alto Tribunal inglés revoca una sentencia y separa el consentimiento al sexo de sus consecuencias.

En la imagen, Jason Lawrance.
En la imagen, Jason Lawrance.

conxa rodríguez

Jason Lawrance, aprendiz de boxeador de 55 años de edad, aparece en un vídeo, difundido por la BBC, en el ring con los guantes, preparado para el asalto, y el pantalón corto de la misma medida que la bandera Union Jack. El boxeador más patriótico no puede ser porque la bandera que exhibe no puede ser más grande. Él es, además, un violador en serie que cumple cadena perpetua desde 2016 por violar a cinco mujeres, intento a una sexta y agresión sexual a una séptima. Delitos cometidos por la geografía inglesa, de Leicester a Cambridge, de junio de 2011 a noviembre de 2014. En 2019 se le juzgó y condenó en Nottingham por violar a otras seis mujeres. Entre estas últimas, una de ellas -Dolores, por ejemplo, puesto que los delitos sexuales conllevan el anonimato de las víctimas- ha prolongado el proceso judicial abriendo una brecha, sin precedentes en Reino Unido o España, que ha llegado al Alto Tribunal o Tribunal de Apelación de Londres.

Jason utilizaba páginas web para citarse y conocer a mujeres: con una llegó a casarse; con otras, del encuentro amigable pasaba a las relaciones sexuales consentidas entre adultos; punto y final. Una de las citas, en junio de 2011, no llegó al consenso sexual y él la violó; utilizó la fuerza física de un boxeador y la penetró. Esa es la primera que lo denunció y a cuya causa se incorporaron los casos juzgados en 2016 por los que cumple cadena perpetua. Su nombre se dio a conocer. Otros seis delitos de violación, incluida Dolores, fueron sentenciados en julio del año pasado. Dolores aduce que, en su caso, el acto sexual consentido en dos ocasiones supone violación porque previamente le dijo que era estéril puesto que se había sometido a una vasectomía. Después del segundo encuentro le mandó un mensaje con lo siguiente: "I have a confession. I am still fertile. Sorry" (Tengo que hacerte una confesión. Aún soy fértil. Perdona). Dolores, que ya era madre de dos hijos, quedó embarazada del encuentro con Jasen y se sometió a un aborto.

Durante el juicio le preguntaron a Dolores que si de saber que él era fértil hubiera consentido las relaciones sexuales con penetración. A lo que ella contestó: "Claro que no". La conversación sobre la fertilidad o vasectomía de él se realizó por mensajes electrónicos antes del encuentro físico. El jurado popular que dictaminó en Nottingham equiparó el acto sexual con mentira a la violación; el abogado de Jason apeló la sentencia.

La apelación ha concluido en el Alto Tribunal de Londres con el juez lord Burnett y las juezas Johannah Cutts y Amanda Tipples. Clive Stockwell, abogado de Dolores, ha argumentado que "el consentimiento de ella, por engaño, a la relación sexual es falso porque resulta de la mentira de él". No hay consentimiento real porque hay mentira, ha concluido el abogado. Pero no ha convencido a los jueces. La legislación española y la británica coinciden en la tipificación del delito de violación como agresión sexual con penetración. El artículo 178 – y los que van detrás- del Código Penal dice lo siguiente: "El que atente contra la libertad sexual de otra persona, utilizando violencia o intimidación, será castigado como responsable de agresión sexual". Y con penetración, la pena de prisión es mayor.

La vista judicial ha buscado casos en la jurisprudencia británica remitiendo a la solicitud de detención de Julian Assagne por parte de la Fiscalía de Suecia, que ha archivado y desarchivado el caso en varias ocasiones; la última lo archivó en noviembre de 2019. Assagne estaba acusado de una violación a una mujer y una agresión sexual a una segunda al negarse a utilizar un preservativo tal como habían acordado por "deseo de ella". Otro caso citado es el de un matrimonio en el que la mujer permitía la penetración con la condición de que la eyaculación se produjera en el exterior de la vagina. Con estos dos casos como jurisprudencia más cercana, el tribunal de Apelación ha sentenciado que la mentira de Jason no equivale a la violación de Dolores.

"El engaño no está relacionado con el acto sexual en sí, si no con los riesgos y las consecuencias asociados con él. Mentir sobre la fertilidad no se equipara en la ley a negar el consentimiento", ha dictado el juez y las dos juezas del tribunal. David Emanuel, abogado del violador en serie, se ha mostrado satisfecho por la sentencia que desvincula la mentira sobre fertilidad de la elección a las relaciones sexuales. "Igualar el engaño a la violación es ir demasiado lejos", ha dicho el abogado Emanuel.

El proceso judicial al boxeador patriota, Jason Lawrance, se ha convertido en un análisis del vocabulario sexual y de los límites entre consentimiento, fuerza física y violencia, engaños y mentiras, y sus consecuencias. Sobre el aire ha quedado un halo de tema inconcluso. La judicatura en pleno ha tomado nota del proceso que va más allá del título de la famosa película Sexo, mentiras y vídeos para instalarse en la realidad de los hombres y mujeres que buscan compañía y, si apetece, sexo a través de las páginas de la red.

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