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Las milicias rebeldes hacen tambalear la tregua en Siria

Apenas unas horas antes de que esté previsto el inicio de una nueva ronda de negociaciones entre el gobierno sirio y los rebeldes este miércoles, las milicias rebeldes han puesto en marcha distintas ofensivas que colocan la cumbre de Ginebra al borde del colapso.

Un habitante del barrio de al-Maysar, en Alepo, inspecciona los destrozos provocados por los bombardeos sobre las posiciones de los rebeldes sirios. REUTERS/Abdalrhman Ismail

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

JERUSALÉN.- Las milicias rebeldes han abierto varios frentes en Siria en los últimos días en un intento de ocupar posiciones que están en poder del gobierno de Damasco desde que se inició, el 27 de febrero, un “cese de hostilidades” que pactaron Estados Unidos y Rusia y que no incluye al Estado Islámico ni al Frente al Nusra.

Las ofensivas rebeldes están encabezadas precisamente por el Frente al Nusra, el brazo de Al Qaeda en Siria, pero incluyen a otras milicias, como Ahrar al Sham, que son armadas por Estados Unidos y sus aliados, una circunstancia que arroja dudas acerca de la voluntad de Washington con respecto a la tregua.

En este mismo sentido abunda la revelación que publica la revista británica de defensa Jane’s de que los Estados Unidos acaban de enviar dos cargamentos de armas a los rebeldes a pesar del alto el fuego. Washington dice que las armas son para los “rebeldes moderados” pero en el transcurso de los años ha quedado sobradamente demostrado que una buena parte de las armas terminan en manos del Frente al Nusra, es decir de Al Qaeda, y Estados Unidos lo sabe.

Es difícil determinar si estos nuevos cargamentos están relacionados con las ofensivas del Frente al Nusra y los aliados de Estados Unidos con el fin de abortar las negociaciones, o de presionar, antes de que se inicie la tercera ronda entre el gobierno y los rebeldes, cuyo comienzo está previsto para el miércoles.

En algunos medios árabes se vinculan los ataques rebeldes con la ofensiva del Ejército sirio contra el Estado Islámico. Desde el inicio de la tregua el 27 de febrero, el Ejército ha redesplegado sus tropas y ha conseguido recuperar las localidades de Palmira y Qariatain, entre otras que estaban en poder del Estado Islámico.

En estos medios se especula con que los rebeldes contarían con el visto bueno de Washington para impedir que el ejército sirio pueda combatir al Estado Islámico, ganar más territorio y utilizar esta circunstancia para presionar en las negociaciones de Ginebra.
En este contexto de guerra abierta, el sábado se anunció que el secretario de Estado John Kerry conversó telefónicamente con su homólogo ruso, Sergei Lavrov, y ambos acordaron que es necesaria una mayor cooperación para sostener el precario algo el fuego. Sin embargo, lo que está ocurriendo sobre el terreno contradice, o al menos cuestiona, ese deseo.

Un dato adicional es que este fin de semana el Pentágono ha confirmado que ha enviado a sus bases del Golfo Pérsico bombarderos B-52, una circunstancia prácticamente insólita en los últimos años. El Pentágono no ha querido precisar cuántos B-52 ha enviado ni en qué bases del Golfo se encuentran.

El principal frente de batalla se ubica en varias poblaciones del sur de Alepo donde los rebeldes han intentado tomar posiciones. Según algunos expertos, se trata de poblaciones de gran valor estratégico y militar, algunas de las cuales han caído temporalmente en manos de los rebeldes, aunque los bombardeos de la aviación rusa y siria, así como la artillería, han conseguido frenar el avance enemigo.

Los habitentes del barrio de al-Maysar, en Alepo, inspecciona los destrozos provocados por los bombardeos sobre las posiciones de los rebeldes sirios. REUTERS/Abdalrhman Ismail

El nuevo y obligado despliegue de las tropas sirias está desviando el centro de sus actividades del territorio que ocupa el Estado Islámico en el este y el norte del país. Tras la reciente recuperación de Palmira, Damasco manifestó que su intención era proseguir la reconquista de las zonas en poder del Estado Islámico, pero los ataques rebeldes en Alepo han modificado la ecuación y le han obligado a enviar tropas a otros frentes.

El primer ministro sirio, Wail Nader al Halqi, ha dicho a una delegación rusa que la intención de su gobierno, que cuenta con el apoyo de Moscú para ello, es expulsar de Alepo a quienes no están observando el cese de hostilidades. El primer ministro no ha especificado a quién se refiere pero se interpreta que sus palabras van más allá del Frente al Nusra y se refieren a los “rebeldes moderados” que combaten con el apoyo de Estados Unidos.

De hecho, informaciones procedentes de Alepo indican que la aviación rusa está bombardeando posiciones de milicias rebeldes en la zona oriental de la ciudad, y que en los combates se han registrado decenas de muertos en los dos lados.

Está claro que los rebeldes contra los que lucha el ejército están fuertemente armados y no andan escasos de armamento ni de estrategias a la hora de participar en las batallas que ellos mismos han iniciado. Una portavoz de los rebeldes ha declarado que el alto el fuego “está al borde del colapso”.

Para complicar más las cosas, el Frente al Nusra y las milicias aliadas han iniciado una nueva ofensiva en las últimas horas en la provincia de Lataquia. De acuerdo con informaciones originadas en Lataquia, los combates están siendo muy intensos y los rebeldes han conseguido ciertos avances.

Precisamente este lunes Teherán ha comunicado por primera vez la muerte de cuatro soldados iraníes, un anuncio que llega una semana después de que Teherán informara del despliegue de algunas unidades de su ejército en territorio sirio.

El enviado especial de la ONU para este conflicto, Staffan de Mistura, ha estado este lunes en Damasco y en las próximas horas volará a Teherán. De Mistura ha dicho que la inminente ronda de negociaciones en Ginebra tiene “gran importancia” porque girará en torno a la “transición política”. Tras reunirse con De Mistura, el ministro de Exteriores sirio, Walid al Muallem, ha declarado que la tregua se está rompiendo por orden de Turquía y Arabia Saudí, que están en el mismo barco que los Estados Unidos.