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Mursi jubila al mariscal Tantawi y quita poder al Ejército

El militar protegió con mano de hierro al régimen de Mubarak en Egipto y lideró la represión de la Junta tras su caída

PÚBLICO/AGENCIAS

El presidente de Egipto, Mohamed Mursi, ordenó la destitución este domingo del mariscal Husein Tantawi, hasta hoy ministro de Defensa -también con el régimen de Hosni Mubarak- y encargado de liderar la represión de la Junta Militar tras la caída de la dictadura. Junto a él, también se verá obligado a dejar su puesto el jefe del Estado Mayor, Sami Enan

El portavoz de la Presidencia egipcia, Yaser Ali, anunció también, en una comparecencia televisada, que Mursi ha designado como vicepresidente de la República al juez Mahmud Meki, que se distinguió por su defensa de la independencia judicial bajo la dictadura de Mubarak.

El nuevo comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y ministro de Defensa será el general Abdelfatah al Sisi, quien fue al mismo tiempo ascendido a rango de mariscal. Mientras, el general Sedqi Sobhi fue designado como nuevo jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, es decir, el 'número dos' del Ejército egipcio.

Tantawi combatió en las guerras de 1967 y de 1973 contra Israel, y desempeñó una larga lista de jefaturas destacadas, incluida la de la Guardia de la República, una unidad de élite que tenía, entre otras funciones, la misión de garantizar la seguridad de Mubarak. Fue designado ministro de Defensa en 1991 y durante las dos últimas décadas ha tratado de modernizar el Ejército y hacerlo más competitivo, aunque los militares egipcios se hayan quedado sin enemigos desde que Egipto firmó la paz con Israel, en 1979.

La generosa ayuda norteamericana unos 1.500 millones de dólares al año ha contribuido a la modernización del armamento y Tantawi ha desarrollado excelentes relaciones con el amigo, socio y patrón trasatlántico.

Anan ha sido designado como asesor del presidente egipcio, mientras que otro de los generales del Consejo Superior de las Fuerzas Armadas (CFSA), Mohamed al Asar, fue nombrado asistente del Ministerio de Defensa. Hace solo cuatro días, Mursi ya emprendió una profunda remodelación de los aparatos de seguridad del Estado, con el retiro del jefe de los servicios secretos, Murad Muafi.

Ya por la noche, Mursi trató de rebajar las posibles tensiones que su decisión pueda crear en el Ejército diciendo que "mi objetivo no es castigar a ninguna persona en concreto, avergonzar a las instituciones, o recortar las libertades. No quiero mandar ningún mensaje negativo a nadie, sino que mi objetivo es que todos los ciudadanos de esta nación se beneficien de ello".

Además de este gesto, Mursi decidió anular las enmiendas constitucionales aprobadas por el CSFA el 17 de junio, nada más cerrarse las urnas de las presidenciales. En aquel texto, la cúpula militar se arrogaba el poder legislativo mientras el Parlamento estuviese disuelto, algo que había ordenado poco antes el Tribunal Constitucional. Además, aquellas enmiendas, vistas por muchos como un golpe de Estado, también daban a las Fuerzas Armadas una amplia autonomía para gestionar su presupuesto y le otorgaban la capacidad, entre otras cosas, de decidir sobre la declaración de guerra.

Sin embargo, ahora Mursi pasa a "gozar de todas las prerrogativas estipuladas en la cláusula 56" de la Constitución provisional, aprobada en marzo de 2011, entre las cuales está la autoridad legislativa. En el decreto leído por Ali, Mursi se reserva asimismo el poder para designar una nueva Asamblea Constituyente -encargada de elaborar la nueva Constitución- "si hay algún impedimento que le impida completar su trabajo".

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