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Las razones de Abu Ghraib

Casi cuatro años después de que estallara el escándalo de las torturas en la prisión iraquí, las protagonistas condenadas insisten en que sus superiores estaban al corriente de lo que ocurría

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¿Ha sentido alguna vez arrepentimiento por posar sonriendo junto a una pila de iraquíes desnudos? 'Realmente nunca lo he pensado', responde Lynndie England, una de las soldados estadounidenses condenadas por la torturas cometidas en la prisión iraquí de Abu Ghraib.

En su primera entrevista en tres años, publicada en la revista alemana Stern, England admite que se ha sentido 'una marioneta' del Ejército y que cuando se enteró de que las fotos de Abu Ghraib se habían difundido no sintió vergüenza, sino miedo. 'Pensé, joder, me van a dar una paliza que te cagas'.

La foto en la que England sujetaba a un preso iraquí desnudo atado con una correa como a un perro se convirtió en una de los símbolos de la infamia. 'Supongo que soy un símbolo de esta guerra. Desafortunadamente', dice. Hoy, la joven reconoce que los abusos infligidos a los detenidos fueron tortura. 'No sólo tortura sino una humillación'.

Obedecer órdenes

Pero England huye una y otra vez de la admisión de culpa. Cuando le preguntan si mirando atrás se avergüenza, responde con un largo silencio. 'Para ser honesta, nunca me he sentido culpable porque obedecía órdenes', afirma England, que vive con sus padres en una caravana, tras cumplir en prisión 521 días de los tres años a los que fue sentenciada.
Se escuda en que cualquiera que no haya estado allí no puede entender el contexto. Además, la soldado obedecía a su entonces amante y padre de su hijo: el sargento Charles Graner, el condenado de mayor rango en el caso Abu Ghraib.

'Seguía a Graner. Hacía lo que me pedía. No quería perderle', arguye la entrevistada, que insiste en que los superiores a cargo de la prisión -pertenecientes a inteligencia militar y la CIA- les instruían en técnicas para 'ablandar' a los prisioneros e incluso felicitaron a Graner por el 'buen trabajo'. 'La unidad que vigilaba Abu Ghraib antes que nosotros hacía lo mismo. Nadie dijo nunca ‘no toméis fotos' o ‘que no os pillen', explica. 'Ocurría por todo Irak. Nuestros sargentos lo sabían, y todavía creo de veras que Rumsfeld sabía lo que pasaba. ¿Cómo podía no saberlo? Y Bush? Él era el jefe', añade.

England no duda en echar la culpa a la prensa. 'Me siento mal por lo que hice , pero no se habría convertido en lo que es en todo el mundo si no lo hubieran filtrado a la prensa'.
¿Por qué sonreías en la foto de la pirámide de humanos, qué era tan gracioso?', le preguntan. 'Sabrina Harman hizo la foto. Nos dijo ‘Sonreíd a la cámara', y eso hice'.

Precisamente Harman, autora de esa foto y de centenares más de los abusos de Abu Ghraib, es el foco de un reportaje de la revista The New Yorker, también publicado esta semana. La soldado era, según sus compañeros, 'demasiado buena para ser soldado'. 'Sabrina no mataría a una mosca', decía su responsable directo, el sargento Joyner.

Harman quería ser policía como su padre y, fascinada por la fotografía forense, no tardó en tomar cientos de fotos de lo que ocurría en Abu Ghraib, según ella, porque era difícil de creer. 'No me creerías si no te lo enseñara. El impulso era enseñar lo que estaba pasando, lo que estaban permitiendo que pasara', dice.

En sus cartas, Harman pasó de considerar algunas humillaciones 'divertidas' a admitir que 'están yendo demasiado lejos' y que no puede digerirlo. 'Ambas partes de mí, la militar y la civil, la dura y la blanda, veían que estaba mal'. Para sobrellevarlo, 'el único modo es bloquearlo. No puedes sentir porque te vuelves loca, así que lo apartas de un plumazo', afirma.

'Hice fotos de todo lo que vi mal. Cada corte y rozadura. Rodillas ensangrentadas, muslos amoratados en la zona genital'. Cadáveres. Y presos en posiciones humillantes. Sus fotos -en algunas de las cuales ella sonríe- dieron la vuelta al mundo. Fueron la prueba para impartir condenas. Nadie ha sido condenado por abusos que no hayan sido fotografiados.