Rusia refrenda el autoritarismo de Putin en unos comicios fraudulentos que le dan vía libre para continuar la guerra
Los comicios eran las primeras elecciones parlamentarias celebradas en Rusia desde que el Kremlin lanzó la invasión de Ucrania y el Gobierno de Zelenski es consciente de que el tiempo corre en su contra.

La esperada victoria de Rusia Unida, el partido de Vladímir Putin, en las elecciones legislativas celebradas desde el viernes al domingo en la Federación Rusa bajo una espesa nube de fraude electoral, ha revalidado el monolitismo del presidente ruso y tiende ahora una ominosa incertidumbre sobre la guerra de Ucrania. El apoyo a Putin, marcado por presiones oficialistas y una abierta falta de respeto a la libertad de voto, deja al líder ruso con las manos libres para recrudecer la campaña del Kremlin en el país vecino, más aún cuando los éxitos de Kiev en los ataques al corazón energético de Rusia se multiplican y el hostigamiento europeo a Moscú se expande, mientras sigue alimentando la maquinaria de guerra ucraniana.
Son las infraestructuras de petróleo y gas rusas las que están sufriendo los renovados bombardeos ucranianos con drones. A la vez que los rusos acudían a las urnas el domingo, último día de las elecciones para designar la Duma de los diputados, Ucrania lanzaba su hasta ahora mayor ofensiva de la guerra con esos aparatos contra numerosos objetivos en Rusia. Sobre Moscú fueron lanzados 450 drones y en todo el país fueron derribados 1.951, una cifra impensable hace medio año, cuando los ataques ucranianos no superaban normalmente los 300 drones diarios.
Casi todos los drones fueron interceptados, pero los que alcanzaron su objetivo hicieron mucho daño. Por ejemplo, contra la infraestructura rusa de refinado de petróleo, principal blanco de los últimos ataques ucranianos con drones y misiles. "Una de las instalaciones claves de la industria petrolera rusa y un centro logístico del agresor fueron alcanzados. Eso supone miles de millones de dólares con la que se mantiene la maquinaria de guerra" de Rusia, afirmó el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, en la red social X.
Zelenski se ve con el suficiente respaldo (y armamento) para continuar la contienda
Zelenski exige a Putin que "elija la paz". Sin embargo, el líder ucraniano es el primero en desechar las mediaciones externas, por ejemplo de Estados Unidos. Con 90.000 millones de euros concedidos este año por la Unión Europea, Zelenski se ve con el suficiente respaldo (y armamento) para continuar la contienda. "Agradezco a todos los que fortalecen las capacidades de largo alcance de Ucrania", dijo este domingo el líder ucraniano aludiendo a la última ofensiva sobre Rusia.
El mensaje del masivo ataque ucraniano también estaba cargado de simbolismo. Los comicios eran las primeras elecciones parlamentarias celebradas en Rusia desde que el Kremlin lanzó la invasión de Ucrania el 24 de febrero de 2022 y el Gobierno de Zelenski es consciente de que el tiempo corre en su contra. La victoria electoral de Putin podría ser el pistoletazo para una nueva fase en la conflagración que rompa el estancamiento en el frente de batalla y acabe con la iniciativa bélica que están imprimiendo los drones ucranianos.
Lo confirmó el Ministerio de Defensa ruso tras ese intento ucraniano de boicotear el proceso electoral: las fuerzas armadas rusas "intensificarán los ataques con armamento de alta precisión contra objetivos militares en Kiev". Y sin esperar mucho, en la noche del lunes, tanto la capital ucraniana como Odesa, en el mar Negro, fueron los blancos elegidos para reafirmar la voluntad del Kremlin de dar un vuelco a la guerra con el espaldarazo popular de las elecciones y con el apoyo sin fisuras que tendrá Putin en la nueva Duma Estatal.
Se registró una participación del 59,32%, mayor que en las últimas dos convocatorias
Victoria de Rusia Unida con acusaciones de fraude
Con más del 95% de los votos escrutados, Rusia Unida, el partido de Putin, barrió en estas elecciones destinadas a designar los 450 escaños de la Duma o Cámara de Diputados rusa, en unos comicios que contaron con una participación del 59,32%, mayor que en las últimas dos convocatorias electorales. En dos de las cuatro regiones anexionadas por Rusia en Ucrania, Donetsk y Lugansk (que conforman el territorio de mayoría rusófona del Donbás), la participación superó el 80%, una razón más para que el Kremlin justifique su guerra de "liberación" en marcha.
Con casi la totalidad de los votos escrutados, Rusia Unida recibió más del 57,8% del apoyo de los electores, es decir, al menos 355 de esos 450 puestos en la Duma, entre escaños por listas de partidos y asientos por circunscripciones electorales. Para realizar cambios en la Constitución, se precisa al menos del apoyo de 301 diputados, por lo que el partido de Putin dispone de una mayoría más que holgada para aprobar lo que quiera el jefe de Estado, tanto sobre su permanencia en el poder como sobre la duración y rumbo de la guerra de Ucrania.
Pese al conflicto bélico, las duras condiciones económicas derivadas del mismo y la falta de libertades, este ha sido el mejor resultado histórico que ha tenido Rusia Unida. Este grupo legislativo superó la cota del 49,82% de los comicios de 2021. Las irregularidades y el control de voto electrónico reforzaron esos resultados a favor de Rusia Unida y su discurso belicista.
El Partido Comunista de Rusia fue la segunda formación más votada con el 13,8% de los sufragios, seguido del ultranacionalista Partido Liberal Democrático de Rusia con el 8,9% y los liberales de Nueva Gente con el 7,9% de los votos. Todos estos grupos de una u otra forma han respaldado la guerra de Ucrania.
La coerción del Kremlin deja a los pacifistas fuera
El único partido pacifista, Yábloko, ya había sido excluido de la participación electoral por el Tribunal Supremo ruso, aunque, según los sondeos, de haber participado, habría sido la segunda fuerza en juego, con un 18% de los sufragios. Hay otras voces que reclaman el fin de la guerra, pero será Yábloko quien encauce esta demanda, si es que sus dirigentes no acaban encarcelados por traición.
No obstante, según recientes encuestas, el 59% de la población rusa quiere el fin de la guerra, lo que viene a resaltar que estas elecciones estuvieron marcadas por las presiones y las arbitrariedades, especialmente en la votación telemática. La presión estatal afectó también a un buen número de políticos independientes y opositores durante la campaña y antes de la misma, con detenciones, juicios y exclusión final de la carrera electoral.
"La situación es trágica. Las autoridades no quieren escuchar a los partidarios de la paz. Se alejan cada vez más de la ciudadanía", dijo a la agencia EFE Grigori Grishin, uno de los candidatos de Yábloko apartados del proceso legislativo.
Irregularidades de un sistema autoritario, según la UE
Ha sido Yábloko la formación que ha sacado a la luz más irregularidades, presiones a candidatos y el bloqueo del acceso de sus observadores a muchos colegios donde se efectuaba el voto. Los comunistas también denunciaron esos problemas. Por ejemplo, los obstáculos plantados por la Administración para que buena parte de la población votara en urnas físicas. Al verse obligada a hacerlo por internet, se dispararon las denuncias de fraude aprovechando que las elecciones se alargaron durante tres días, lo que habría favorecido la manipulación del voto electrónico. También hubo denuncias en las redes por la presión ejercida en las empresas estatales para que los empleados votaran en masa a Rusia Unida.
La UE afirma que estos comicios muestran un creciente "autoritarismo"
Al respecto, la Unión Europea definió este lunes a los comicios como una muestra del creciente "autoritarismo" y de la "erosión democrática" que vive Rusia y los vinculó en parte a la guerra desatada por Moscú en Ucrania. En este sentido, la alta representante para Política Exterior y Seguridad de la UE, Kaja Kallas, calificó de "ilegal" la celebración de estas elecciones, una "nueva y flagrante violación por parte de Rusia del Derecho internacional".
Precisamente, los resultados de los comicios, aunque fueran "retocados", son los que son para el Kremlin y su vinculación con la contienda de Ucrania es evidente. Rusia Unida (con Putin al frente en la campaña electoral) ha querido hacer de la guerra una palanca de movilización política y social, y lo ha logrado. Que casi 200 veteranos de la guerra estuvieran incluidos en las listas electorales, 76 de ellos en las de Rusia Unida, apunta al posicionamiento que el conflicto produce en el país.
No obstante, el partido Yábloko insiste en que la mayoría de la población demanda la paz y esta posición habría quedado reflejada en las urnas si ese partido pudiera haber participado e incluso si hubieran tomado parte algunos de los políticos comunistas cuyas candidaturas fueron también rechazadas.
La encrucijada de Putin
En la campaña electoral, Putin, que participó en ella activamente, reclamó el apoyo de los rusos a la campaña bélica en Ucrania. Analistas rusos interpretaron esta insistente apuesta como el preludio de un nuevo rumbo en la contienda, incluida una nueva movilización de reclutas para paliar la sangría que cuatro años y medio de contienda han supuesto para el ejército del Kremlin.
En estos momentos, con la ofensiva rusa solo activa en algunos puntos del amplio frente de batalla y con los drones ucranianos campando a sus anchas por toda la geografía de Rusia, Putin se encuentra en una encrucijada. Puede negociar según las pautas que ha aportado Estados Unidos, ahora no tan generosas con Moscú, y ceder algunos de los objetivos que el Kremlin considera irrenunciables, como la anexión de la porción del Donbás aún no conquistada, y algunas zonas de Zaporiyia y Jersón. La alternativa es redoblar la apuesta militar y tratar de torcerle el brazo a Ucrania en el campo de batalla, desatando sobre el país invadido un infierno de ataques con misiles hipersónicos y drones a reacción muy difíciles de intercepción. El precio lo pagaría la retaguardia rusa, las refinerías, los depósitos de combustible y, cada vez más, los civiles rusos.
Para ganar esta guerra, Rusia necesita desplegar más hombres en el actual frente o atacar por otros puntos de la frontera ucraniana. Y Moscú no dispone de esos efectivos. Por eso, en el Kremlin han sonado todas las alarmas ante la propuesta polaca a la OTAN para celebrar maniobras militares masivas en las inmediaciones del enclave ruso de Kaliningrado, en el Báltico, a fin de que Rusia repliegue tropas del este de Ucrania y las envíe a esa frontera con Lituania y Polonia, posible foco de una futura confrontación con la Alianza Atlántica.
Según los polacos, así Ucrania podría intentar recuperar parte del territorio ocupado por Rusia. Para los rusos, tal paso de la OTAN sería prácticamente una declaración de guerra. Y ya bastante están alterados en Moscú por la propaganda europea acerca de la guerra híbrida que supuestamente estaría organizando el Kremlin en Europa, con drones desconocidos violando los espacios a´eereos europeos, presuntos ataques rusos en aeropuertos con otros drones que, sin embargo, no estallan y nadie sabe en realidad de quién son, o por las oleadas de ciberataques que todo el planeta lleva practicando desde que se inventaron las computadoras y que para los actuales dirigentes europeos apuntan a la malevolencia rusa y deberían ser considerados como casus belli.
En el Reino Unido las proclamas del Gobierno sobre un inminente ataque ruso son continuas, con llamadas a la población para almacenar latas de comida y agua, y en Polonia, uno de los países más rusófobos de la OTAN, junto a los estados Bálticos, su primer ministro, Donald Tusk, ha alertado contra ataques rusos ataques con drones o misiles encubiertos como "accidentes".
Este mismo lunes, el ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, insistía en una entrevista televisiva que la alarma sobre la amenaza rusa en Europa "no es propaganda". Al contrario, "es una amenaza real, documentada, de guerra híbrida que lleva a cabo Rusia", dijo Nuñez. Eso sí, tuvo reconocer que no se habían detectado drones sobre Francia, al contrario de lo que ocurre curiosamente en las inmediaciones de las fronteras con Ucrania.
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